Mario Barros

(Lenguaviva)

OBDULIO Y THE WHO

Febrero 15, 2010

Escrito por: Mario Barros

A mi amigo Obdulio le encanta el deporte. No hay campeonato, competencia, torneo, o copa que el tipo no siga con desmedido interés. Claro, eso de desmedido es como lo veo yo, porque en mi opinión el hombre no tiene medida cuando de deporte se trata. Si uno le da a escoger entre deporte, sexo y chocolate seguro se queda con… Bueno, no sé, porque nunca lo he puesto en ese dilema. El asunto es que en materia deportiva el hombre se las sabe todas. Pregúntele usted quién ganó el 19no. Campeonato Mundial de Lanzamiento de Chapas de Botellas que se celebró en la Patagonia en 1947 y Obdulio le recitará no sólo los ganadores de medallas, sino también la lista del resto de los competidores, sus respectivos palmarés y la marca de la chapa que cada uno usó en la competencia. Todo eso explica por qué el Obdu es un fanático de las emisoras deportivas radiales, que en este país abundan más que la verdolaga. Y, claro, me refiero a esas estaciones a las que la gente llama para decir todo tipo de imbecilidades. 

Pues bien, me contaba Obdulio hace un par de días que una de esas emisoras había criticado insistentemente el show de los Who durante el intermedio del Superbowl. Que si estaban viejos, que si el sonido no era bueno, que si blablablí, que si blablablá… En honor a la verdad, ya la legendaria banda no es lo que era hace cuatro décadas. Roger Daltrey no tiene la voz de antes y Pete Townshend ya no destruye guitarras al final de las presentaciones. Pero, por Dios, ¡es THE WHO! ¡Claro que no pueden sonar igual que cuando eran unos pepillos de los años 60! El tiempo no perdona y las leyendas se lo sienten también, no sólo la gente común y corriente… vaya como nosotros. Pero los locutores de la emisora hacían todo lo posible por alentar las críticas y la gente llamaba y llamaba repitiendo las mismas tonterías. 

Todo eso me lo decía Obdu con el disgusto reflejado en el rostro, lo que lo hacía verse muy disgustado. “¡No entiendo, chico!”, repetía sin cesar. “¿Cómo es posible que la emprendan así contra uno de los grupos antológicos de la historia del rock? ¡No es justo…!” Tuve que darle un vaso de agua para que se tranquilizara. Bueno, el vaso era de agua, pero lo que puse en él fue un par de líneas de ron. Una vez ligeramente calmado, y luego de negarle otro vaso de “agua” que mi amigo reclamaba con insistencia, pude razonar con él. Le expliqué que todo era parte de la estrategia de la emisora para mantener los ratings. Que los locutores esos no eran críticos musicales ni la cabeza de un pato, malamente podían hablar de deportes. Y que los Who ni se iban a enterar de la crítica de un grupito de gente. Obdulio pareció entenderlo todo. Luego de un rato se levantó y me dijo: “Me voy. Dentro de unos minutos va a empezar la transmisión de las olimpiadas de invierno y no quiero perderme ni un segundo”. “Me parece bien”, le contesté. “Pero prepárate a oír las críticas en tu emisora de radio favorita. Esos locutores no son fans de los deportes invernales”.  “¡Pues, si los critican, yo sé lo que voy a hacer!” “¿Qué?”, le pregunté. Su respuesta me dejó turulato: “¡Voy a llamar a la emisora y, cuando contesten, les voy a sonar una grabación en vivo de los Who! ¡Pa que aprendan, chico…! 

Me quedé mirándolo anonadado mientras se alejaba y no pude menos que pensar: “Cada loco con su tema…”

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