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La Rueda de la Vida

Yoani Sanchez

Casa de cristal

Marzo 8, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Junto a la telenovela brasileña, los documentales pirateados al Discovery Channel y la aburrida mesa redonda, coexiste una modalidad de reportajes televisivos émulos de la saga de “Big Brother”. En nuestra pantalla chica, vemos a ciudadanos filmados por cámaras ocultas y asistimos a la divulgación de los mensajes contenidos en sus buzones de correo electrónico, sin que para ello haya mediado la orden de un juez. Como si viviéramos en una casa de cristal inspeccionada por el ojo severo del estado, hasta la propia empresa telefónica graba las conversaciones de sus clientes y las transmite a once millones de atónitos espectadores.

La última modalidad de esta disección pública es poner a declarar a doctores que, violando la privacidad de lo dicho en una consulta –hecho tan grave como el del sacerdote que revela los secretos de confesión- hablan de los pormenores de un caso médico. Salen fotos del interior de las viviendas y de los refrigeradores de quienes han osado contravenir a la opinión oficial, mientras el paparazzi y el policía político se funden en un solo personaje muy cercano al voyeur. No me extrañaría que en algún dossier –esperando por ser sacado a la luz- aparezca el cuerpo desnudo de un inconforme, como si estar encuero fuera la prueba irrefutable de su “maldad”.

Imágenes sacadas de contexto, frases editadas y ángulos desfavorables para generar aversión en la opinión pública, son algunas de las técnicas sobre las que se construyen estos informes televisivos. En ninguno de ellos se entrevista a la “víctima”, pues así evitan que la adocenada audiencia compruebe que comparte con ella las opiniones críticas. Para mala suerte de los burdos productores de este tipo de reality show, la tecnología en manos ciudadanas ha comenzado a hacer transparentes también las paredes de sus vidas.  Después de haber sido observados largamente, comprobamos ahora que hay un agujero para mirar al otro lado de la cerca.

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El voto baldío

Marzo 5, 2010

Escrito por:  Yoani Sánchez

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Veo a mis conciudadanos ir como autómatas a la bodega, vegetar mansamente en el trabajo y colar sin esperanzas las boletas en las urnas. Sus vidas transcurren mientras compran el pan –cada vez más pequeño-, cobran el simbólico salario que no les alcanza ni para malvivir y alzan la mano en las asambleas de nominación de candidatos. Ninguno de los elegidos en el actual proceso electoral logrará resolverles esos problemas cotidianos que lastran la vida en Cuba. De los propuestos, apenas si se conoce su foto y una biografía colmada de “hazañas”, en la que se declara –casi siempre- que tienen “un origen humilde”. No aparece siquiera mencionada una palabra acerca de sus programas o intenciones después que asuman el nuevo cargo.

Curiosamente, casi todos los que lleguen a delegados de circunscripción son militantes del PCC y ponen su disciplina partidista por encima de los deberes para con los electores. No van a representarnos frente al gobierno, ni a ser nuestra voz proyectada hacia las instituciones, sino que fungirán como los heraldos de las malas nuevas llegadas desde arriba, canales de transmisión de esas regulaciones y directrices que decidan unos pocos. En más de treinta años de su existencia estos representantes del Poder Popular no han logrado que la basura se recoja eficientemente, las panaderías trabajen con calidad y las fosas albañales no supuren por todas partes. Tampoco encarnan la heterogeneidad de tendencias existentes en nuestra sociedad. Han llegado a esos puestos más por su probada fidelidad que por su capacidad de gestión.

Esta noche es la reunión para proponer candidatos en la zona de bloques de concreto donde vivo. La citación ha llegado desde hace un par de días mientras en la tele nos convocaban a elegir a los mejores y más capaces. Sin embargo, no me queda ni pizca de fe en un mecanismo que ha probado su inoperatividad y su sectarismo. Me gustaría levantar la mano por el vecino de verbo firme y proyectos concretos que vive al frente, pero hay órdenes de salirle al paso a quien nomine a un “disidente”, incluso a esos que sólo parecen ser proclives al cambio. Existen muchas posibilidades de que sea ratificado el mismo delegado que desde hace más de diez años nos promete soluciones, a sabiendas que no está en sus manos cumplirlas. Él es el cómodo candidato de estas elecciones baldías, y nosotros meros figurines que deben alzar la mano o rellenar la boleta.

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En el corredor de los condenados a quedarse

Marzo 1, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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La señora levanta el cuño y lo acerca a la hoja, para finalmente colocarlo a un lado sin haber estampado tu permiso de salida. “Usted no está autorizada a viajar” -te dice- y todos en la oficina escuchan la frase que te condena a quedarte recluida en esta Isla. En las otras mesas, los solicitantes se miran a los pies para evitar que tus ojos se topen con los de ellos buscando solidaridad. Los militares que pasan te escrutan de arriba abajo con el reproche de quien piensa “algo habrá hecho, para que no la dejen salir”.

Hasta el último minuto pensaste que a lo mejor los archivos del Ministerio del Interior no estarían tan organizados y tu historial de inconformidades no saldría a relucir. Frecuentemente especulabas que una secretaria iría por una pizza justo en el momento en que revisaba tu expediente y los tirones de su estómago la harían ponerlo –a toda velocidad– en el montoncito de los aprobados. Bien sabes del efecto que el queso derretido y la salsa de tomate puede causar en un burócrata que mira su reloj a las tres de la tarde.

Sin embargo, la opción de la negligencia estatal no funcionó esta vez. Detectaron tu caso desde que presentaste las primeras planillas para un viaje hacia el Sur. Algún jefe con rango de teniente coronel habrá sonreído al ver que finalmente estabas en sus manos. Después de creerte que podías actuar como un hombre libre, diciendo tus opiniones a viva voz y publicando artículos sin seudónimo, habías llegado al punto donde te harían sentir todos los muros, todas las rejas, todos los candados.

No tienes antecedentes penales, jamás has sido condenada por un tribunal y tus delitos más frecuentes consisten en comprar queso o leche en el mercado negro. No obstante, acabas de comprobar que sigues purgando un castigo. Tu sentencia es quedarte tras los barrotes de este archipiélago, recluida por esa franja de mar que algunos ingenuos consideran un puente y no el foso insalvable que realmente es. Nadie va a dejarte salir, porque eres una reclusa con un número pegado a la espalda, aunque creas que llevas la blusa que sacaste del armario esta mañana. Estás en el calabozo de los “peregrinos inmóviles”, en la celda de los obligados a permanecer.

Por la ventana una voz te recrimina por no haberte callado, fingido un poco… llevado la máscara para poder viajar. ¡No podrás ver la luz hasta que se eche abajo toda la cárcel!

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Ganas de gritar

Febrero 27, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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La vida nunca vuelve a la normalidad. No retorna a ese momento antes de la tragedia que ahora –ilusoriamente- evocamos como un período de calma. Abro la agenda, intento reanudar mi vida, el blog, los mensajes en Twitter… pero nada me sale. Estos últimos días han sido demasiado intensos. Sólo tengo cabeza para repasar el rostro en penumbras de Reina Tamayo frente al necrocomio, donde preparó y vistió a su hijo para el viaje más largo. Después, se me apilan las imágenes del miércoles: detenciones, golpes, violencia, un calabozo con peste a orine que colindaba con otro donde Eugenio Leal y Ricardo Santiago exigían sus derechos. El resto del tiempo ha sido caminar como un maniquí, mirar sin ver, teclear con furia.

Así no hay quien escriba una línea coherente y moderada. Tengo tantas ganas de gritar, pero me quedé ronca el 24 de febrero

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Testimonio de la madre de Orlando Zapata Tamayo

Febrero 23, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

Esta tarde, horas después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, Reinaldo y yo pudimos acercarnos a las cercanías del departamento de Medicina Legal en la calle Boyeros.

Un cordón de hombres de la seguridad de la estado vigilaba el lugar, pero logramos acercarnos a Reina, la madre del fallecido, y hacerle estas preguntas.

Dolor, indignación en nosotros… tristeza y entereza en ella.
Aquí les dejo la grabación, alternativa y sin apenas luz, pero testimonio desgarrador de la angustia de una madre.

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El azar

Febrero 23, 2010

Escrito Por: Yoani Sánchez

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Pudiste haber sido lo mismo una prostituta vendiendo sus favores que una interrogadora de la seguridad del estado. Las necesidades eran tantas que entregar tu cuerpo a cambio de un pomo de champú o unos jabones fue una probabilidad siempre cercana. Sólo que tu figura era demasiado enclenque para el canje y tenías una piel muy blanca para esos extranjeros que venían buscando el tono canela de los anuncios turísticos. Te faltó un “tantico así” para vestir el ceñido traje del intercambio de sexo por dinero y lanzarte a las afueras de un hotel en aras de sacar a la familia del apuro.

Estuviste también a punto de enfundarte un uniforme cuando al terminar noveno grado pensaste en ir a la escuela militar Camilo Cienfuegos, para escapar de una casa donde sobraban las prohibiciones y la miseria. Creíste que estabas preparada para convertirte en un soldado de labios fruncidos con tal de acceder a esos pequeños privilegios que veías disfrutar a los miembros del MINFAR y del MININT. El oportuno consejo de un amigo te hizo desistir de los gritos de “¡Firmeeee!” y del repiquetear constante de un fusil AK. Pero si aquella tarde de 1990 no hubieras escuchado la pregunta “¿Qué vas a hacer tú metida entre órdenes y trincheras?” quizás ahora estarías intimidando a alguien en una cerrada habitación de Villa Marista.

Pudiste haber sido balsera, suicida, amante de un ministro, censora o presa política, gendarme o víctima. No era posible trascender indemne aquella crisis de los años noventa que te tocó vivir, el descalabro de los valores y el escenario marginal donde habías crecido. Algo de ti se quedó en una lycra roja apostada en una esquina y en la charretera de un teniente, en esas posibles personas que pudiste ser y de las que el azar, la eventualidad y tu propio hastío te salvaron.

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GPS

Febrero 19, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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A propósito de las conversaciones migratorias entre Cuba y Estados Unidos que están ocurriendo hoy en La Habana.

Carlitos llegó finalmente a Atlanta, después de intentar cinco veces cruzar el estrecho de La Florida. En dos ocasiones fue interceptado por los guardacostas norteamericanos y devuelto a la Isla. Guardó durante meses el sobre amarillo que ellos le dieron para que solicitara –de manera legal– una visa en la Sección de Intereses de Estados Unidos. Sin embargo, él prefería un camino más rápido para dejar atrás el cuarto que compartía con la abuela y el acoso de los policías de su barrio. Fue capturado también por la parte cubana, un 13 de agosto de hace tres años, cuando al bote se le partió la hélice y el viaje terminó en un calabozo en el poblado de Cojímar. Allí le pusieron una multa y desde ese día un agente vestido de civil comenzó a visitarlo para exigirle que buscara un vínculo laboral.

Después de comprobar sus pocas dotes como marinero, este joven de 32 años logró irse a Ecuador, uno de los pocos países que aún no le exige visa a los cubanos. La nación sudamericana fue el trampolín para entrar a territorio estadounidense, donde hoy trata de comenzar una nueva vida. Dejó en manos de unos amigos el GPS que lo había ayudado en sus travesías y aquel formulario que nunca rellenó para pedir un visado humanitario. No se marchó hacia un determinado destino, sino que se fue espantado del cuarentón frustrado en que temía convertirse. Ni siquiera en sus días de mayor optimismo podía augurar que llegaría a tener un techo propio, ni un salario que le evitara desviar recursos del Estado para sobrevivir.

Como tantos otros cubanos, Carlitos no ha podido esperar a que las promesas que nos hicieron cuando niños se materialicen. No quiso envejecer sentado en la acera frente a su casa, calmando su fracaso con alcohol y alguna que otra pastilla. Planeó todo tipo de escapadas, pero finalmente un tío pagó el boleto para que llegara a Quito con la ilusión de poder sacar después al resto de la familia.  Todavía sueña con lanchas que se acercan en medio de la noche y lo llevan esposado hacia Cuba oliendo a salitre y a petróleo. Se desvela y mira alrededor, para comprobar que sigue en el pequeño apartamento que ha rentado junto a una amiga. “Balsero una vez, balsero siempre” musita, al tiempo que se acomoda la almohada e intenta soñar con tierra firme.

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Autonomía universitaria

Febrero 18, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Escuché cientos de veces que el espacio universitario –como un camposanto– no podía ser invadido por los demonios de la represión. Me imaginé que estos revoloteaban alrededor de la escalinata sin poder entrar a esa zona de letras y fórmulas matemáticas donde se resguardan los alumnos. Pero esa supuesta inmunidad sólo vivía en mis fantasías, pues la historia cubana muestra las sucesivas transgresiones que han sufrido las universidades de mi país. Ante la mirada de Palas Atenea, el castigo ideológico ha irrumpido infinidad de veces en esos recintos destinados al conocimiento y a la erudición.

Durante la primera mitad del siglo XX, varias protestas de estudiantes llegaron a exigir hasta la renuncia del presidente, evidenciando la fuerza social que emanaba de los pupitres. En los muros alrededor de la Colina, se observan aún las pintadas de la inconformidad juvenil que las posteriores purgas revolucionarias redujeron a la apatía. La Federación Estudiantil Universitaria ha dejado de ser aquel hervidero de ideas y acciones que más de una vez sacudió a la ciudad, para convertirse en una representación del poder ante los educandos. La organización perdió así todo su carácter rebelde y sus líderes ya no son electos por su carisma o popularidad sino por su confiabilidad política. El eslogan de “la universidad es para los revolucionarios” ha contribuido a imponer la máscara como el método más seguro de alcanzar un diploma.

En estos dos años, desde que Raúl Castro llegó al poder, las expulsiones por motivos ideológicos se han mantenido –con tendencia al alza– en los centros de altos estudios. Cuando a Sahily Navarro –hija de un prisionero de la Primavera Negra– se le impidió regresar a su aula, supe que la maltrecha liga estudiantil había pasado de la agonía a la necrosis. Pocos días después, la lápida del sectarismo cubrió los restos de la FEU al apartar a Marta Bravo de su formación como profesora por exigir reformas en el país. Los acordes del réquiem fueron compuestos por quienes separaron de la docencia a Darío Alejandro Paulino, después de abrir un grupo en Facebook para discutir cuestiones de la facultad de Comunicación Social. Con estos tristes sucesos, la federación –que una vez lideró Julio Antonio Mella– ha confirmado su deceso a manos de los endriagos del dogmatismo y la intolerancia, que hoy se pasean libremente por su campus universitario.

*En Facebook se ha creado un grupo llamado “Basta de expulsiones en las Universidades cubanas” para protestar –al menos virtualmente- contra estas arbitrariedades.

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Regresaron

Febrero 15, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Estepas, nieve, manzanas y el ruido de un hacha que cortaba la leña en trozos desiguales. De esas imágenes y sonidos ajenos se nutrió nuestra infancia, debido a la excesiva presencia de la Unión Soviética en la Cuba de los años setenta y ochenta. Tiritábamos de frío mirando los dibujos animados checos y búlgaros, mientras afuera el sol del trópico nos recordaba que seguíamos en el Caribe. Algunos supimos decir primero “koniec” que articular el monosílabo “fin”, hasta que un día los osos emigraron, dejándonos sin los filmes de soldados victoriosos y mujiks sonrientes.

Después de 1991, las cuantiosas tiradas de la editorial rusa MIR sólo podían encontrarse en las librerías de segunda mano bajo el manto polvoriento del abandono. Este febrero, sin embargo, la Feria Internacional del Libro ha dedicado su XIX edición al país que durante décadas fue mentor y soporte económico del proceso cubano. Los camaradas que antaño pagaban nuestra azúcar a precios astronómicos -mientras nos vendía su petróleo en una bagatela- han retornado vestidos con traje y corbata. Aterrizaron en la isla que una vez subsidiaron, pero esta vez para comercializar sus obras impresas en brillantes colores y de temáticas ajenas al marxismo.

En la explanada de la Fortaleza de la Cabaña se entrecruzan las largas colas para comprar los nuevos títulos llegados desde el Este. Niños aquí y allá hojean láminas donde aparecen doradas espigas de trigo y gente cubierta con sombreros de enormes orejeras. Pero ya no es lo mismo. La obligada presencia que alguna vez tuvo esa iconografía en nuestras vidas es, para estos pequeñines de hoy, mera curiosidad por lo exótico. En sus mentes infantiles, los abetos no sustituirán a las palmas ni los zorros a las lagartijas; Rusia solo será para ellos una región lejana y diferente.

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Profesores emergentes y formación instantánea

Febrero 11, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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La reunión fue sobria y asistieron a ella varios representantes de la sede municipal del Ministerio de Educación. Un murmullo se extendía entre los padres sentados en las mismas sillas plásticas que en las mañanas usan sus hijos. Cercanos a la fecha en que se anuncian las plazas para continuar estudios en la enseñanza media superior, parecía que en aquel encuentro nos dirían el número de preuniversitarios o tecnológicos asignados a la sede escolar. La noticia del fin de los “profesores generales integrales” nos tomó entonces de sorpresa, pues habíamos llegado a creer que la existencia de ellos se prolongaría hasta la pubertad de nuestros bisnietos.

Formar adolescentes –en cursos acelerados- para impartir clases que iban desde gramática hasta matemáticas demostró ser un categórico fracaso. No por el elemento de la juventud, que siempre es bienvenido en cualquier profesión, sino por la celeridad de su instrucción en el magisterio y el poco interés que muchos de ellos tenían por tan noble actividad. Ante el éxodo de profesionales de la educación a otros sectores con ganancias más atractivas, surgió el programa de maestros emergentes y con él la ya maltrecha calidad de la educación cubana rodó por los suelos. Los niños llegaban a casa diciendo que en 1895 Cuba había vivido “una guerra civil” y que las figuras geométricas tenían algo llamado “voldes” que los padres traducíamos como “bordes”. Recuerdo especialmente a uno de estos educadores instantáneos que confesó a sus alumnos el primer día de clases “estudien mucho para que no les pase lo mismo que a mí, que terminé siendo maestro por no haber sacado buenas notas”.

Encima de eso, llegaron las tele-clases a ocupar un porciento elevadísimo del horario escolar, desde la frialdad de una pantalla con la que no se puede interactuar. La idea era calzar, con estas asignaturas trasmitidas por televisión, la poca preparación de quienes estaban frente de los estudiantes. El teleprofesor sustituyó en muchas escuelas al de carne y hueso, mientras los salarios del personal docente aumentaron simbólicamente para no superar nunca el equivalente a 30 dólares mensuales. Enseñar pasó a ser más que un sacerdocio, un sacrificio. De ahí que, delante del pizarrón, aparecieron personas que no dominaban la ortografía, ni la historia de su propio país. Eran jóvenes que firmaban un compromiso para ser maestros, del cual estaban ya arrepentidos después de la primera semana de trabajo. Los incidentes y deformaciones educativas que este procedimiento trajo consigo están escritos en el libro oculto de los fallidos planes revolucionarios y de los ridículos anuncios productivos que nunca se cumplieron. Sólo que, en este caso, no estamos hablando de toneladas de azúcar ni de quintales de frijoles, sino de la formación de nuestros hijos.

Respiro aliviada de que el largo experimento de la educación emergente haya terminado. Sin embargo, no avizoro el día en que todas esas personas con preparación para enseñar dejen el timón del taxi, la barra del bar o el tedio de trabajar en casa para retornar a las aulas. Al menos me sentiría más tranquila si en lugar de la pantalla de un televisor, Teo pudiera recibir todas sus clases de un maestro corpóreo y que domine el contenido. Creo que para eso tendremos que esperar por los bisnietos.

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Cuidar lo propio, robar lo ajeno

Febrero 9, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Por la noche, vigila los surcos plantados de malanga y la cría de carneros, con una escopeta corta de fabricación casera. Es la obra de un improvisado armero que soldó un trozo de cañería de poco diámetro a la recámara rústica de la que sobresale el irregular percutor. Basta el sonido –en medio de la madrugada– del rastrillar del ingenioso artefacto para que salgan corriendo los que pretendan robarle la cosecha. Cuando la puerca está parida, llama a un hermano que vive en el pueblo y acompañados de aquel artilugio –creado por la necesidad– hacen guardia hasta que salga el sol.

Muchos campesinos usan armas ilegales que han sido compradas o producidas de forma alternativa. Sin ellas, el fruto de meses de trabajo podría terminar en manos de los “depredadores” de sembrados, sombras escurridizas que se mueven en la oscuridad. Las penurias han aumentado los robos en los campos cubanos y obligado a los lugareños a salvaguardar ellos mismos sus recursos. De ahí que proliferen los perros agresivos y las escopetas manufacturadas, especialmente en las fincas donde hay vacas. La libra de carne de res se vende a dos pesos convertibles en un mercado negro que se nutre del hurto y sacrificio ilegal, a pesar de las prolongadas condenas de cárcel que estos delitos conllevan.

Para los guardianes de lo propio, ha sido una sorpresa el anuncio oficial de que “con carácter excepcional y por sólo una vez (…) las personas naturales y jurídicas residentes en la isla que tengan en su poder armas de fuego sin la correspondiente licencia podrán obtener el debido registro”. Existe, sin embargo, la convicción tácita de que quien anuncie públicamente semejante posesión obtendrá como respuesta la confiscación. Ante ese temor, pocos confesarán que guardan el frío metal en algún lugar de su casa y seguirán prefiriendo el riesgo de no tener papeles a la inseguridad de quedarse sin protección. Para nuestra alarma, esos rústicos instrumentos también les sirven a quienes, sin tener finca ni animales que preservar, acechan al otro lado de la cerca, dispuestos incluso a disparar con tal de llevarse lo ajeno.

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Sin rumbo

Febrero 7, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Nos habituamos a las cifras engordadas, al secretismo cuando algo iba mal y a un producto interno bruto que nunca reflejaba el contenido de nuestros bolsillos. Por décadas, los informes económicos tuvieron la capacidad de esconder, tras páginas llenas de números y análisis, la gravedad de los problemas. Entre los licenciados en la ciencia inexacta de las finanzas, hubo algunos que se atrevieron a desenmascarar la falsedad de ciertos números –como Oscar Espinosa Chepe– y fueron penalizados con un “plan pijama” de desempleo y estigmatización.

Esta semana, la lectura del análisis –serio y bien argumentado– publicado por el presbítero Boris Moreno en la revista Palabra Nueva ha aumentado mi nerviosismo sobre el colapso que se nos avecina. Con el sugerente título de “¿Hacia dónde va la barca cubana? Una mirada al entorno económico”, el autor nos alerta de una caída –en picada– del estado material y financiero de la Isla. Palabras que deberían aterrarnos, si no fuera porque los oídos se nos han vuelto un tanto impermeables a las malas noticias, de tanto zambullirnos en las aguas de la improductividad y la escasez.

Concuerdo con el Máster en Ciencias Económicas en que la primera y más importante medida a tomar es “el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo. Deberíamos eliminar de nuestros entorno los calificativos que restringen el intercambio de ideas y opiniones”. Después de leer esto, me figuro a mi vecina, contadora retirada, diciendo en voz alta sus criterios sobre la necesidad de permitir la empresa privada sin que esto le granjee un mitin de repudio frente a su puerta. Cuesta trabajo proyectar algo así, ya lo sé, pero acaricio la idea de que algún día –sin el temor a que los acusen de “mercenarios a sueldo de una potencia extranjera”– miles pasarán a hacer sus señalamientos y a plantear soluciones. ¡Qué capital enorme recuperará Cuba!

Aunque las arcas no van a colmarse sólo con propuestas y razonamientos, nuestra experiencia nos señala que el voluntarismo y las exclusiones sólo han contribuido a vaciarlas.

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“Ángeles de la guarda”

Febrero 5, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Veo policías por todas partes. No sé si los tengo pegados en la retina o es que en los últimos meses ha aumentado –alarmantemente– su número. Van en camiones Mercedes Benz, se paran de a tres en las esquinas y hasta muestran sus perros pastores en varios puntos de la ciudad. Mientras cientos de modernas y redondeadas cámaras nos miran desde arriba, estos uniformados nos controlan al nivel de la calle y de sus rotas aceras. Salen de la nada y desaparecen cuando más nos hacen falta. Sagaces en detectar un saco de cemento transportado sin papeles, rara vez surgen en la noche en un barrio marginal donde el número de delitos crece y crece.

También están los vestidos de civil, esos “ángeles de la guarda” que tienen presencia fija en cualquier cola, centro cultural o aglomeración humana. Ya no son tan fáciles de detectar, porque han cambiado los pullovers de rayas, las camisas de cuadros y el corte militar de sus peinados, por disfraces que van desde las trencitas con cuentas de colores hasta los calzoncillos que sobresalen más arriba del pantalón. Ahora llevan teléfonos celulares, gafas de sol, sandalias de cuero, pero se les sigue notando que están fuera de lugar, con la expresión de quien no encaja en la situación sobre la que informa. Van al Festival de Cine, pero nunca han visto una película de Fellini; están en las galerías, no obstante ser incapaces de determinar si lo que ven es un cuadro figurativo o abstracto. En fin, les han enseñado a camuflarse, pero no han podido borrarles el rictus de desprecio que ponen ante esas “debilidades pequeñoburguesas” que son el arte y sus manifestaciones.

Sin embargo, al que más le temo no es al grupo de los que llevan la placa de metal numerada sobre el pecho ni al de los encubiertos que redactan informes, sino al policía coercitivo que todos llevamos dentro. Ese que suena el silbato del miedo para advertirnos que no nos atrevamos y que sacude las esposas de la indiferencia cada vez que se nos acumulan las críticas o las opiniones. Ha pasado por la Academia de la autocensura y es un soldado diestro en señalarnos los caminos que no nos traigan dificultades. Su código penal tiene si acaso un par de breves artículos: 1ro. “No te metas en problemas“ y 2do. “Lo que tú hagas no va a cambiar nada”. Si nos levantamos un día con ganas de acallar el golpeteo de sus botas dentro de nuestra cabeza, entonces nos recuerda las rejas, los tribunales, la frialdad de una prisión de provincia. No necesita levantar la porra contra nuestras costillas, pues sabe tocar los resortes del miedo y ejecutar las llaves de kárate que dejan nuestro cuerpo adolorido por anticipado, inmovilizado, ante la frase de “Quédate tranquilo, es mejor esperar”.

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Dos monedas y cuatro mercados

Febrero 3, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Tiene ocho años y una confusión enorme. Hoy en la mañana, su madre le puso en la mano una moneda de 25 centavos después de decirle “aquí tienes cinco pesos”. Miró la superficie brillante con el escudo de la república calado en una cara y al dorso la espigada torre de la ciudad de Trinidad. Aunque nació en un país económicamente esquizofrénico, aún no está acostumbrada a alternar de los pesos cubanos a sus parientes convertibles. En la escuela, la maestra nunca le ha hablado del asunto; para explicárselo se necesitaría toda una asignatura de todo un semestre. Tampoco en su casa le aclaran mucho, como si a los adultos les pareciera normal que en los bolsillos se mezclaran dos ejemplares monetarios.

En Cuba, existen cuatro formas de mercado y dos diferentes tipo de dinero para pagar en ellos. Cada mañana las amas de casa esbozan en su cabeza –sin mucho aspavientos– el plan de cuál de ellos usarán para comprar en qué lugar. Es una operación aritmética que lleva unos segundos, tras los cuales subyacen tres lustros de haber asumido la dolarización y su posterior “fantasma”, el peso convertible. La conversión se hace constantemente y hay vendedores que aceptan lo mismo esos simbólicos billetes que nos entregan en el salario que los otros con un valor 24 veces mayor. Por una piña podemos pagar tanto 10 pesos en moneda nacional –el sueldo de una jornada de trabajo– como cincuenta centavos del llamado popularmente “chavito”. Algunos turistas no están al tanto de semejante enredillo y adquieren a la reina de la frutas con una decena de pesos convertibles. Ese día el mercader cierra rápido el puesto y regresa a casa feliz del equívoco.

La generación de mi hijo no alcanza a comprender cómo es eso de vivir con una sola moneda. Creo que tienen un desarrollo especial en la zona del cerebro donde termina por aceptarse lo absurdo, en esas conexiones neuronales que tramitan lo inadmisible. Realizan las conversiones cambiarias con la facilidad de quien ha aprendido dos lenguas desde pequeño y las intercala sin gran esfuerzo. Sólo que el aprendizaje de varios idiomas siempre es algo enriquecedor, pero el asumir como natural la dualidad financiera es aceptar que hay dos posibles vidas. Una de ellas es achatada y gris, como los centavos nacionales y la otra –que le está vedada en toda su extensión a una buena parte de la población– parece llena de colores y filigranas, al estilo del billete de veinte pesos convertibles.

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La información proscrita

Febrero 1, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Rumores que se propagan, murmullos convertidos en notas oficiales y periódicos que cuentan –varias semanas después- lo que ya sabe todo el país. Hemos pasado del racionamiento informativo a un verdadero “destape” que fluye en paralelo a la censura de los medios oficiales. Nuestra glasnost no ha sido impulsada desde las oficinas y los ministerios, sino que ha surgido en los teléfonos móviles, con las cámaras digitales y las memorias extraíbles. El mismo mercado negro que nos ha abastecido de leche en polvo o detergente, ahora ofrece conexiones ilegales a Internet y programas televisivos que llegan a través de las prohibidas antenas parabólicas.

De esa manera hemos sabido de los sucesos ocurridos en Venezuela durante la pasada semana. Mi propio celular ha estado casi al borde del colapso de tantos mensajes contándome sobre las protestas estudiantiles y el cierre de varios canales. Copia de estos breves titulares los he reenviado a toda mi agenda de contactos, en una red que remeda la transmisión viral: yo contagio a varios y ellos a su vez inoculan el vacilo bacilo de la información a un centenar. No hay manera de parar esta forma de difundir noticias, pues no usa una estructura fija sino que muta y se adapta ante cada circunstancia. Es anti hegemónica, aunque la palabrita adquiere connotaciones diferentes en el caso cubano, donde la hegemonía la tienen Granma, la Mesa Redonda y el DOR*.

Conocimos de las muertes en el hospital psiquiátrico días antes del anuncio oficial, de la suerte de los defenestrados de marzo de 2009 estamos al tanto a través de “radio bemba” y un día sabremos que ha llegado el “final”, antes de que autoricen a contarlo en la prensa. El caudal de informaciones se ha quintuplicado, aunque eso no obedezca a una decisión gubernamental de proveernos de mayores referencias, sino al desarrollo tecnológico, que nos ha permitido saltarnos los cintillos triunfalistas y los noticiarios vacíos de contenido. Cada vez dependemos menos de la papilla masticada e ideologizada de los telediarios. Conozco cientos de personas a mi alrededor que no sintonizan Cubavisión y el resto de los canales nacionales desde hace meses. Sólo miran la tele proscrita.

La pantalla de un Nokia o un Motorola, la brillante superficie de un Cd o el minúsculo cuerpecito de una memoria flash, hacen jirones nuestra desinformación. Al otro lado de ese velo de omisiones y falsedades –creado durante décadas- hay una extensión desconocida y nueva, que nos asusta y nos atrae.

*Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central que determina la política informativa de todos los medios del país.

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Mucho más asustados que yo

Enero 30, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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El viernes estuvo complicado desde el principio, no lo niego. En la mañana nos faltó Claudio, profesor de fotografía en la Academia Blogger, porque un agente –que apenas si le enseñó un deslucido carnet con las siglas DSE– se lo llevó detenido. En nuestra casa, después de las clases, hicimos una pequeña fiesta para celebrar el primer aniversario de Voces Cubanas, que ya exhibe26 sitios personales en tan breve vida. Recuerdo que en medio de los abrazos y las sonrisas alguien me dijo que me cuidara. “En un sistema así no hay manera de protegerse ante los ataques del Estado”, le dije, en un intento por espantar mi propio miedo.

Alrededor de las seis de la tarde, íbamos a una reunión familiar. Mi hermana le regaló hace 36 años –por el día del ferroviario– su primer llanto de bebé a mi padre, en medio de la madrugada. Hasta Teo, con su adolescencia renuente a participar en actividades de “viejos”, aceptó acompañarnos. Allá nos esperaba el típico cumpleaños de fotos, velas por apagar y “Felicidades Yunia en tu día, que lo pases con sana alegría….”. Sólo que varios ojos que acechaban tenían otro plan para nosotros. En medio de la avenida Boyeros, a escasos metros del MINFAR y de la oficina de Raúl Castro, tres autos detuvieron al miserable Lada que habíamos tomado en una esquina.

“Ni se te ocurra pasar por la calle 23, Yoani, porque la Unión de Jóvenes Comunistas está haciendo allí una actividad”, gritaron unos hombres que se bajaron de un Geely de fabricación china que me evocó un fuerte dolor en la zona lumbar. Algo similar viví ya en noviembre pasado y hoy no iba a permitir que me metieran en otro auto de cabeza –esta vez– junto a mi hijo. Un hombre enorme bajó del vehículo y comenzó a repetir sus amenazas. “¿Cómo te llamas?” fue la respuesta pregunta que nunca tuvo el valor de responderle a Reinaldo. Del espigado cuerpo de Teo brotó una frase irónica: “No dice su nombre porque es un cobarde”. Peor aún, Teo, peor aún, no dice su nombre porque no se reconoce como individuo sino que es un simple vocero de otros más arriba. Una cámara profesional filmaba cada gesto nuestro, esperando una pose agresiva, una frase vulgar, un exceso de ira. La inyección de terror fue breve, el cumpleaños nos supo amargo.

¿Cómo podemos salir ilesos de todo esto? ¿De qué manera un ciudadano puede protegerse de un Estado que tiene la policía, los tribunales, las brigadas de respuesta rápida, los medios de difusión, la capacidad de difamar y mentir, el poder de lincharlo socialmente y convertirlo en un derrotado pidiendo perdón? ¿A qué le tienen tanto miedo? ¿Qué esperaban que ocurriera hoy en la calle 23 que detuvieron a varios bloggers?

Siento un terror que casi no me deja teclear, pero quiero decirles a esos que hoy me amenazaron junto a mi familia, que cuando uno llega a cierto grado de pánico ya le da igual una dosis mayor. No voy a parar de escribir, ni de twittear; no tengo planes de cerrar mi blog, no abandonaré la práctica de pensar por cabeza propia y –sobre todo– no voy dejar de creer que ellos están mucho más asustados que yo.

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La Nación y La Nación

Enero 27, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Hace mucho tiempo que nuestra identidad dejó de estar contenida en una Isla. El acto de nacer y crecer en este alargado territorio ya no es el elemento principal para portar su nacionalidad. Somos un pueblo desperdigado entre los cinco continentes, como si nos hubiera atomizado sobre el lienzo del mapamundi la mano errática de las necesidades económicas y de la falta de libertad.

Sé lo que se siente. Sé lo duro que es ir a un consulado cubano en un país cualquiera y que te pidan una firma por la libertad de cinco agentes del Ministerio del Interior –presos en Estados Unidos– pero no te preguntan, siquiera, si pueden auxiliarte en algo. He escuchado a una joven llorar en una embajada en Europa mientras un funcionario le repite que no puede retornar a su propio país por haber excedido los once meses de permiso de salida. También he sido testigo de la otra parte. De la negativa recibida por muchos que aquí solicitan la tarjeta blanca para subir a un avión y saltarse la insularidad. Las limitaciones para viajar se nos han vuelto rutina y algunos han llegado a creer que debe ser así, porque conocer otros lugares es una prebenda que nos dan, una prerrogativa que nos otorgan.

Esos pocos que deciden quién entra o sale de este archipiélago han elegido a los participantes del encuentro La Nación y la Emigración que sesiona desde hoy en el Palacio de las Convenciones. He leído los puntos a debatir durante estos dos días y no creo que representen las preocupaciones y demandas de la mayoría de los emigrados cubanos. Salta a la vista que no se incluye la exigencia de poner fin a las confiscaciones de propiedades para los que se radican en otro país, ni se menciona la necesidad de devolverle el derecho al voto a los exiliados. Ni siquiera encuentro, en la agenda a tratar, el anuncio del fin de las limitaciones que tienen muchos de ellos para ingresar o radicarse en su propio terruño.

La parte de los que vivimos en la Isla tampoco está representada en toda su pluralidad y sus matices, sino que tiene el sello de lo oficial y el acartonamiento de lo dirigido. Ambas muestras –la de adentro y la de afuera– están cercenadas y filtradas para evitar que “La Nación y la Emigración” termine por convertirse en un pase de lista de las atrocidades migratorias que padecemos. Más que reclamaciones y críticas, las autoridades que organizaron el encuentro quieren escuchar en la enorme sala –donde suele reunirse el Parlamento– el sonido estrepitoso de los aplausos.

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Las reparaciones

Enero 24, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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La vida doméstica impone ingratas obligaciones. El grifo del fregadero gotea, la lámpara de la sala no enciende, el llavín de la puerta tiene dificultades y un mal día, ¡horror! se rompe el refrigerador. Aterrados comprobamos que el congelador comienza a gotear y que ha cesado el típico zumbido de la máquina. Una tragedia de esa envergadura vivió un conocido nuestro la semana pasada.

Temprano en la mañana telefoneó a la Unidad de Reparaciones Domésticas más cercana, pero no respondían o sonaba el tono de ocupado. Decidió ir hasta allí y en la recepción una muchacha pulía meticulosamente sus uñas. Apesadumbrado le contó la historia de su electrodoméstico y describió los síntomas. Incluso estuvo a punto de aventurar un diagnóstico, pero en ese momento ella lo interrumpió anunciándole que seguramente se trata del timer y en el almacén no tenían esa pieza de repuesto. Le aclaró que el taller tenía una lista de espera que se prolongaba a un par de meses. Como hombre inteligente, con experiencia de la vida, el necesitado cliente le formuló la pregunta correcta en el tono adecuado: “¿Y eso no puede resolverse de otra forma? La mujer dejó su labor de manicure y llamó a gritos a un mecánico.

Después de acordar el precio, todos quedaron satisfechos. Al mediodía, el refrigerador había vuelto a funcionar y el técnico regresaba a su casa con el equivalente a casi dos meses de su salario. Esa noche, mi conocido, que es barman en un hotel cinco estrellas, llevó a su trabajo varias botellas de ron compradas en el mercado negro. Con ellas despachó los primeros mojitos y las gustadas piñas coladas que los turistas bebieron. No sospechaban ellos que estaban ayudando así a rellenar el agujero dejado por la reparación del refrigerador, el enorme socavón que había sufrido el presupuesto del barman.

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El corralito

Enero 22, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Cada noche, en el cabaret de un lujoso hotel un empresario europeo va de mesa en mesa haciendo un insólito pedido. Se acerca a los comensales y les explica que cuando llegue la cuenta lo dejen pagar a él, con esos bonos de colores que trae en su bolsillo. A cambio, ellos le darán el importe en pesos convertibles, que después podrá trasmutar en dólares o euros para llevárselos bien lejos. Este hombre es una víctima del corralito financiero que impide a numerosos inversionistas foráneos sacar sus ganancias del territorio nacional. Para que no se desesperen del todo, las autoridades cubanas les permiten consumir a lo largo de la Isla, pagando con papelitos carentes de valor real.

El drama de los fondos congelados toca hoy a numerosos negociantes que se aprestaron a entrar en nuestro escenario económico con la aprobación de la ley de inversiones extranjeras en 1995. Disfrutaban del privilegio de gestionar una firma, condición totalmente vedada a los que hemos nacido aquí. Venían a ser la nueva clase empresarial en un país donde la Ofensiva Revolucionaria de 1968 había confiscado hasta los sillones de los limpiabotas. La cuantiosa plusvalía que lograban sacar los convertía en un objetivo muy atractivo para las jineteras, las casas de alquiler y los miembros de la seguridad del estado. A muchos de ellos se les veía en los restaurantes más caros eligiendo apetitosos manjares y acompañados de mujeres muy jóvenes. Otros, los menos, entregaban regalos adicionales a sus empleados para compensar los bajos salarios en pesos cubanos que les pagaba la empresa empleadora del estado.

Estos representantes de una “avanzada corporativa” estaban dispuestos a perder un poco de capital siempre y cuando pudieran ubicarse –desde ya– en el escenario que algún día sería como un pastel cortado en cuñas. Sin embargo, quienes firmaron contratos y compartieron con ellos el champán, después de un acuerdo, los consideraban sólo un mal necesario y provisional, una desviación que se erradicaría no bien hubiera terminado el Período Especial. Después de tantas garantías prometidas, hace unos meses les han enseñado las arcas vacías, mientras les repiten “no podemos pagarles”. De pronto, estos empresarios han comenzado a sentir la impotencia y el grito –trabado en mitad de la garganta– con que cargamos cada día los cubanos. Todavía, sin embargo, no están tan desprotegidos como nosotros ante la depredación del Estado: un pasaporte de otro lugar les permite irse en un avión y olvidarse de todo.

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Los locos y los pícaros

Enero 19, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Los locos son presa fácil de los pícaros, que les gritan en las esquinas frases dolorosas para aumentar su delirio. Con dos barquitos de papel, teníamos uno en mi cuadra que pasaba horas en una rara regata que no llegaba a ninguna parte. Su madre lo mantenía calmado a base de benadrilina y diazepam; todo, antes que mandarlo al almacén de la demencia que es Mazorra, el hospital psiquiátrico habanero.

En la mente de aquella señora estaban las imágenes de lo que había sido la clínica mental de la calle Boyeros, con su terror acumulado y su depauperación material. Los pacientes casi desnudos, las paredes llenas de excrecencias humanas y la falta de supervisión, eran el escenario para las peores atrocidades. Las fotos habían salido publicadas en las revistas de aquel lejano 1959. Después, llegaron reportajes en la televisión, sábanas limpias, terapia ocupacional y hasta vallas políticas que cambiaron la faz de lo que había sido el horror. Sólo que, como ya les dije, los locos son presa fácil de los pícaros.

A partir de los años noventa, con la llegada del período especial, el desvío de recursos se ensañó con Mazorra. Los vecinos de las calles aledañas estaban bien surtidos por un mercado negro de frazadas, leche, comida, ropa, toallas y medicamentos que salían del hospital. Los allí ingresados creían que era parte de su padecimiento el que cada día –como en el filme “La luz que agoniza”– faltaran más bombillos en las salas. Les fueron sustrayendo todo lo indispensable y nadie reparó en las ventanas rotas, las tazas de baño tupidas y las camas de patas abiertas. Esta vez, no había un periodista autorizado para retratar la miseria.

La prensa oficial no pudo esconder, sin embargo, la muerte de 26 pacientes –algunos afirman que la cifra se acerca a los 40– por hipotermia y padecimientos asociados al abandono. Se largaron de esta vida en unos días fríos de enero, mientras se apretujaban cuerpo sobre cuerpo sin poder con ello evitar el final. Los pícaros, por su parte, se edificaban casas con los dividendos del robo y creyeron que nunca nadie detectaría sus desfalcos. Hoy, en el hospital se investiga a los responsables en medio de un despliegue policial para que no se acerquen los curiosos. No han salido imágenes, pero me atormenta la idea de cuánto llegaron a parecerse esos pacientes, en su desvalimiento, a aquellos rostros de las fotografías del pasado.

Imagenes tomadas de: http://cubalagrannacion.wordpress.com/2010/01/17/el-hospital-de-dementes-de-mazorra/

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Nombrar los hijos

Enero 18, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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“¿Qué nombre crees que deba ponerle?” me dice una amiga que tiene seis meses de embarazo y espera un varoncito. En un primer impulso, le respondo con el habitual “José” y la mueca de su cara me obliga a buscar algo menos tradicional. Paso revista entonces al amplio catálogo que incluye Mateo, Lázaro o Fabián, pero ninguno le agrada a la exigente madre. Si esta misma situación hubiera ocurrido veinte años atrás, el bebé habría cargado con una “i griega”, como muchos de los nacidos en las décadas del setenta y el ochenta. Sin embargo, la exótica moda de usar la penúltima letra del abecedario, parece haber quedado superada.

Durante varios lustros, los cubanos nombraron a sus hijos con una libertad que no lograban experimentar en otras esferas de la vida. La grisura que proyectaba el mercado racionado y el control estatal sobre nuestra existencia se esfumaba cuando se inscribía a un recién nacido en el registro civil. Los padres jugueteaban con el lenguaje y creaban verdaderos trabalenguas, como el que exhibe un famoso jugador de beisbol llamado “Vicyohandri”. A algunos, incluso, les adjudicaron la rara composición “Yesdasí”, mezcla de la palabra “sí” en inglés, ruso y español.

Afortunadamente, desde hace unos años soplan aires más calmados a la hora de nominar a un niño. Toda una generación que se había sentido nombrada como si de un experimento de laboratorio se tratara, prefiere ahora volver a la vieja usanza. Así que después de varios días, mi amiga me ha llamado para contarme su decisión: el bebé se llamará Juan Carlos. Al otro lado de la línea, yo respiro aliviada: la cordura ha regresado al acto de nombrar los hijos.

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Cuando tiembla la tierra

Enero 15, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Imagen tomada de:  http://mashable.com/

Una isla que ha visto sucederse un cúmulo de tragedias, invasiones y dictadores, muestra hoy los fragmentos del desastre, las huellas de un temblor que por natural no es menos abominable. A ese Haití que Carpentier nos mostró en “El reino de este mundo” y que los noticiarios nos han hecho compadecer, la desdicha se le ha vuelto crónica y el llanto se le ha constituido en lenguaje habitual. Más que un sismo, la patria de Jacques Roumain ha sido estremecida por la desgracia, que viene a caer sobre la inestabilidad social, la debacle económica y el desespero. Para cualquier nación algo así sería una calamidad, para Haití es todo un apocalipsis.

No es el momento de hacer política con el dolor, ni de salir ante el micrófono prometiendo ayudas, sino de socorrer sin condiciones, sin ansias de reconocimiento o de gratitud. Me asusta especialmente que de aquí a tres meses el sufrimiento ya no sea titular en ningún periódico y a la gente le haya dejado de parecer urgente el drama haitiano. Temo que nos acostumbremos a la desdicha y la piel se nos curta ante el drama, que nos quedemos concentrados en nuestros problemas sin darnos cuenta que otros gritan ahí al lado.

El sismógrafo puede indicar que no habrá nuevas sacudidas, pero el contador de la vida está marcando en rojo. Es hora de auxiliar y hay que hacerlo de inmediato.

* En estos momentos, varios bloggers junto a otras personas de la sociedad civil cubana estamos buscando una vía para hacer nuestro pequeño aporte a los damnificados. Proponemos recoger ropa, medicamentos y útiles de aseo personal y llevarlos a la representación de Caritas en La Habana.

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El problema nuestro de cada día

Enero 14, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Salgo metida en varios pullovers y con una bufanda viejísima enrollada en el cuello. El recorrido es breve, pero con la temperatura por el suelo cada paso que doy es un gran sacrificio. La gente camina a mi lado igual de “disfrazada” y hasta logro ver a alguien que parece llevar la manta de dormir sobre los hombros. Aunque en el pequeño tramo desde mi casa a la panadería nadie muestra un buen abrigo, compruebo que la inventiva popular no se detiene ante la caída de los termómetros. Han desempolvado los antiguos impermeables de la época soviética, con sus enormes botones y los colores ya desteñidos. Otros, los que ni siquiera tienen algo así para cubrirse, simplemente se han quedado en casa.

Me acerco a un lugar donde venden panes fuera del mercado racionado y una barra cuesta el salario de toda una jornada de trabajo. Curiosamente, muchos de los que he visto en el camino, con sus peculiares e improvisadas indumentarias, se encaminan en la misma dirección que yo. A medida que nos acercamos compruebo que todos van tras el escaso alimento que nos mantiene en vilo desde hace varias semanas. A escasos metros del lugar, uno que se ha adelantado nos lanza el grito de “¡No hay!”, verdadero cubo de agua helada sobre nuestras cabezas. Viro en redondo y me voy a casa. Mañana será otro día sin desayunar.

La llegada de estos vientos del norte ha coincidido no solamente con la desaparición del pan, sino también con la escapada de la leche. Como si el invierno hubiera afectado los hornos y congelado las ubres de las vacas. Aunque en la tele anuncian un sobre cumplimiento en la producción del preciado lácteo, el solitario vaso de café o la insípida infusión lo niegan cada mañana. Son tiempos de levantarse de un tirón sin mirar a la mesa, de decirles a los niños que no pregunten y de dejar a un lado el trabajo, el blog, los amigos, la vida, para dedicarnos enteramente a perseguir un trozo de pan y un vaso de leche. Tiempo de arrastrarnos en el polvo de las carencias y de las colas, pues para salir de ese rastrero ciclo y volar se necesita –más que alas– el combustible del alimento.

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Papa por la libre

Enero 13, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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El año en que nací se celebró el primer congreso del Partido Comunista de Cuba y la centralización del comercio y los servicios era casi absoluta. Sólo se podía adquirir -fuera del mercado racionado- algunos libros, los periódicos y los tickets para el cine. El resto de los productos y prestaciones estaba bajo el austero signo de lo restringido, encerrado en la cuota subvencionada que recibíamos cada mes. Incluso para adquirir una cuchilla de afeitar se debía presentar la cartilla en la que una vendedora marcaba el número correspondiente a las afiladas hojas.

Con la comida pasaba algo similar y especialmente con los frutos de nuestros fértiles campos, que se distribuían en cantidades limitadas a cada consumidor. Era la papa uno de los más controlados por el ojo estatal. Durante toda mi vida, ese sabroso tubérculo estuvo exclusivamente en las tarimas de los mercados racionados; llegaba cada tres o cuatro meses para hacernos el honor de su presencia y de su sabor. Yo soñaba con purés untados de mantequilla y con papitas fritas que sobresalían del plato. Llegué a pensar que su suave textura se cosechaba en las remotas praderas siberianas y no en los surcos de mi propio país.

Los campesinos privados estaban obligados a venderles su producción de papas al estado, que penalizaba con fuerza a quienes violaban tan estricta norma. De manera que nos acostumbramos a verlas aparecer en nuestros platos pocas veces al año y guardarlas en nuestras fantasías culinarias. Así fue hasta que hace algunas semanas el gobierno de Raúl Castro decidió liberalizar su venta y sacarlas del cada vez más agotado mercado racionado. Ya no es necesario mostrar un documento para poder comprar un kilo de papas, pero ahora nos hace falta que regresen, que podamos ponerlas en nuestras bolsas y llevarlas a casa.

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Silenciar a un blogger

Enero 12, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Hace años leí un estudio de la Organización Internacional del Trabajo en el que se consideraba la profesión de periodista como la segunda más riesgosa a nivel mundial, sólo superada por la de aquellos que realizan pruebas de vuelos con nuevos modelos de aviones. No sé si en la investigación estaban incluidos los cazadores de cocodrilos o los guardaespaldas, pero todo el estudio se había hecho en los años noventa, cuando todavía no había bloggers.

Ser periodista no tiene en Cuba los riesgos que corren los profesionales de la prensa en otros países. Aquí no les disparan a los redactores de noticias, ni los secuestran, sino más bien les envenenan la profesión. ¿Para qué eliminar físicamente a un individuo que escribe verdades incómodas si pueden anularlo con el plumón rojo del censor? ¿Para qué matarlo si tienen todos los recursos para domesticarlo? La muerte profesional no incide en las estadísticas, si acaso en la frustración de quienes –como yo- un día proyectaron su destino unido a la información. El que elije dedicarse a la noticia en esta Isla sabe que todos los medios están en manos del poder, llámesele a éste lo mismo Estado, partido único o Máximo Líder. Sabe que tendrá que decir lo que sea conveniente y necesario, y que no será suficiente que aplauda si no lo hace con devoción, con mucho entusiasmo. En estos casos el riesgo es enorme para la conciencia.

Desde hace más de veinte años hay en nuestra isla un nuevo tipo de reportero. El adjetivo “independiente” los diferencia de los oficiales. Ellos enfrentan otros riesgos, disfrutan de otras oportunidades. Como es de suponer, muchos no cursaron estudios universitarios, pero aprendieron a contar lo que escondía la prensa partidista, se hicieron especialistas en la denuncia, se cultivaron en el lado oculto de la historia. En la primavera del año 2003 todo lo que parecía peligro y riesgo se convirtió en castigo. Muchos de ellos fueron a la cárcel a cumplir penas de diez, quince, veinte años. La mayoría está todavía tras las rejas.

Los bloggers llegamos después, entre otras razones porque la tecnología ha tenido una lenta aparición entre nosotros. Me atrevería a decir que las autoridades no se imaginaban que los ciudadanos apelarían a un recurso planetario para expresarse. El gobierno controla las cámaras de los estudios de televisión, los micrófonos de las estaciones de radio, las páginas de revistas y periódicos que se localizan en el territorio insular, pero allá arriba, lejos de su alcance, una red satelital -satanizada pero imprescindible- ofrece a quien se lo proponga la posibilidad de “colocar” sus opiniones de forma prácticamente ilimitada.

Les llevó tiempo comprenderlo, pero se están dando cuenta. Ya saben que para silenciar a un blogger no pueden usar los mismos métodos que lograron acallar a tantos periodistas. A estos impertinentes de la web nadie puede despedirlos de la redacción de un diario, ni prometerles una semana en Varadero o un auto Lada como compensación, mucho menos podrían captarlos con un viaje a Europa del Este. A un blogger, para anularlo, hay que eliminarlo o intimidarlo y esa ecuación ha comenzado a entenderla el estado, el partido… el General.

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Reggaetón

Enero 10, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Un ritmo sensual y extrovertido inundó –hace más de cinco años- todas las discotecas y lugares bailables del país. Llegó asociado a una gestualidad desenfadada que expresa abiertamente los deseos de diversión, sexo y buena vida. Numerosas orquestas de salsa adaptaron su música y comenzaron a escribir nuevas letras al compás del reggaetón. Las canciones aluden claramente a situaciones eróticas a la par que describen una zona de la realidad cubana, sin afeites ni triunfalismo. En la zona oriental del país se propagó, a partir de esta cadencia musical, una modalidad más dura y directa conocida entre sus seguidores como el perreo.

Es raro encontrar en toda la Isla un bicitaxi o un viejo auto de alquiler que no exhiba, a todo volumen, las pegajosas expresiones de un género que no da señales de extinguirse. Uno de los elementos más interesantes de la permanencia del reggaetón entre nosotros es lo poco que él se parece a la música de contenido social que tanto se escuchaba en los años sesenta y setenta. Si la nueva trova aludía constantemente a un ser abnegado y deseoso de contribuir con el proceso social, las actuales melodías exhiben un individuo atraído por lo material y concentrado en satisfacer sus deseos inmediatos. La creación musical ha terminado por evidenciar un proceso de cambios sociales, mucho más complejo que un par de acordes o que algunos novedosos pasos de baile.

Si en el escenario un grupo de muchachos repite hasta el paroxismo “¡Mami, goza!”, el público se contonea y suda bajo las luces de colores. No falta quienes han criticado públicamente la propagación de estos nuevos ritmos, vinculándolos con corrientes extranjerizantes o con tendencias consumistas. Poco le importa eso a los seguidores del reggaetón, pues para ellos un sonoro estribillo que llame al disfrute es –nos guste o no nos guste- el nuevo himno de estos tiempos.

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Isla con exceso de equipaje

Enero 7, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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Desprovistos de cualquier protección, entran los cubanos por la Aduana General de la República donde les hacen pagar el precio del retorno. Una marca de tiza en la maleta señala a quienes deben pasar por el patíbulo de la tasación y por el asalto institucional del impuesto sobre ciertas mercancías. Curiosamente, los empleados del aeropuerto tienen el olfato fino para detectar a los nacionales que regresan, pues saben que estos llegan cargados de objetos variados e increíbles. Afuera, en la sala de espera, las familias sueñan con abrazar a sus emigrados y fantasean con los posibles regalos, mientras al viajero le pesan su equipaje y le muestran una elevada factura que está obligado a liquidar.

Se podría llegar a pensar que en un país donde faltan tantos productos y recursos, la flexibilidad para importarlos –de manera personal– debe caracterizar al proceso aduanal; pero no es así. Más bien vivimos el otro extremo, con un estricto “Listado de valoración interno” que obliga a repagar el contenido de las valijas, ya incluyan estas un jabón, una lata de sardinas o una laptop. Todo se complica cuando al ilusionado visitante se le ocurre traer un electrodoméstico o una cámara digital para sus parientes. Si quiere entrar estos implementos de la modernidad deberá sacar de su bolsillo una cantidad que va desde los 10 a los 80 pesos convertibles. Lo cual viene a ser como un rescate que se les da a los “secuestradores” de lo ajeno, para que el equipo pueda llegar a manos de sus destinatarios.

Como una industria del desvalijo, las aduanas cubanas engrosan cada día el número de lo confiscado, a la par que agregan a la caja contadora miles de dólares por concepto de impuestos. Sus grandes almacenes se han llenado de secadores de pelo, Play Station, hornillas eléctricas y computadoras que transportaban los viajeros. El destino de esas mercancías nunca se explica, pero todos sabemos que toman el camino verdeolivo de muchas tantas otras. La Isla parecería, si nos guiamos por las restricciones de entrada, a punto de hundirse por los kilogramos de la abundancia y la prosperidad. Pero todos sabemos que en realidad sus ciento once mil kilómetros cuadrados están a punto de irse a bolina, ante la levedad que le imponen la improductividad y las carencias.

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Tres generaciones

Enero 6, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

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La nueva libreta de racionamiento nos sorprendió a finales de diciembre,justo cuando se acrecentaban los rumores fúnebres alrededor de este cuadernillo de páginas cuadriculadas. Llegó, como cada año, rodeada de ansiedad y de fastidio, sumiéndonos en ese conflicto de evitación-aproximación que genera lo subvencionado. En sus pequeñas hojas percibo la ausencia de muchos productos que una vez conformaron la cuota mensual, hoy reducida apenas a un repertorio monótono con insuficientes valores nutritivos e importes en ascenso.

Por primera vez, en nuestra casa todos estamos ubicados en el mismo grupo etario de los cinco que ha definido el Ministerio del Comercio Interior. Justamente en la casilla de 14 a 64 años aparece mi hijo junto a Reinaldo y a mí, pues al menos tres generaciones de cubanos hemos visto a los bodegueros apuntar lo que podemos llevarnos a la boca. Atrapados en la minusvalía material, millones de compatriotas están colgados de los precios asistidos para sobrevivir. El racionamiento es trampolín y caída segura, dependencia con la que todos quieren terminar, pero de la que casi nadie se puede salir.

Miro mi nombre escrito junto al de Teo y me asusta que su prole también reciba leche sólo hasta los siete años, le asignen un jabón de lavar cada dos meses o una pasta insípida para lavarse los dientes. Me estremece imaginar que de aquí a treinta años, aún se deba acreditar -con un certificado médico- la existencia de una úlcera para tener derecho a unas onzas de carne o a una bolsa de yogurt de soya. Con sus cantidades mínimas y su calidad dudosa, el mercado racionado nos ha inculcado también una malsana gratitud y un complejo de culpa que no podemos heredarle a los que vengan. Si llega otro diciembre y nos entregan una nueva libreta, no será porque hayamos sorteado los recortes económicos, sino porque hemos descendido un escalón más en nuestra autonomía ciudadana.

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La última luna de 2009

Enero 1, 2010

Escrito por: Yoani Sánchez

Ayer, corrí desde la barriada del Cerro hasta la casa a fin de alcanzar la puesta de sol para filmarla y colgarla en mi blog. El último círculo de fuego que se ponía en el 2009 resultó estar rodeado de nubes e imposible de quedar registrado en la cámara. Algo frustrada, miré hacia el nordeste y una luna espectacular se alzaba a un costado de la columna de humo de la refinería Ñico López. Luz al lado de la mugre, anillo plateado cercano a las llamas que genera la combustión del “oscuro” petróleo.

Les dejo, junto a este texto, unas imágenes de ese satélite natural que brilló con toda plenitud sobre nosotros. También lancé el tradicional cubo de agua a las doce de la noche desde mi balcón, en un acto de limpieza anual para expulsar todo lo que nos impide avanzar como Nación. Hoy en la mañana, el primer sol de 2010 secó los charcos que formaron los chorros caídos desde los edificios cercanos. Como una catarata plural y dispersa sonaban esos surtidores que salían de cada casa. “Qué se vaya lo malo, qué se vaya” pensamos –al unísono– millones de cubanos.

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El color de la autopista

Diciembre 31, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Con el fin de año el precio del cerdo se dispara, los carteristas recrudecen sus acciones y el transporte interprovincial se pone de mala palabra. Comprobamos que se acerca el 31 de diciembre cuando aumentan las colas para comprar un pasaje y en la carretera se vuelve más difícil hacer autostop. A la salida de La Habana se acumulan los viajeros en solitario o las familias enteras cargadas de maletines. Muchos de ellos regresan a sus pueblos de origen para celebrar la última noche de este 2009. Retornan –por unos breves días– al lugar que las estrecheces materiales, el trabajo o el matrimonio les han hecho dejar atrás.

Aunque la compra de miles de ómnibus Yutong parecía –hace algunos años– que iba a solucionar el transporte en Cuba, aún es una Odisea moverse de un punto a otro de esta Isla. Un boleto desde la capital hasta la provincia de Camagüey puede costar la mitad de un salario mensual y condenarnos a los apretados asientos de estas guaguas chinas, al aire acondicionado sin regular y al reggaetón que suena estruendoso en sus bocinas. A esos inconvenientes se suman los puntos de control en la carretera, que la picardía popular ha bautizado como TAC (tomografía axial computarizada) pues son capaces de detectar un paquete de camarones escondido hasta en los mismísimos senos de una rolliza anciana. Para fin de año, el trapicheo del mercado negro se potencia y los policías hacen su agosto confiscando, multando –y hasta quedándose con lo quitado– a los intrépidos mercaderes de queso, langosta, carne, leche y huevos.

A ambos lados de la vía que enlaza una provincia con otra, se ven las manos estiradas ofreciendo billetes que baten al viento. Son esos que no pudieron alcanzar un ticket ni siquiera para el tren y se lanzan al azar de la autopista a la espera de que alguien les pare. Allá se ve el azulado papel de uno de veinte y más adelante dos de cincuenta, una joven muestra sólo un billete de diez, de manera que no tendrá chance si no eleva su oferta o se sube un tanto la saya. A algunos les sonríe la suerte cuando aparece un auto de turismo que necesita de un guía ante la falta de señalización de los caminos. Pero los visitantes extranjeros prefieren parejas o mujeres con niños, ante el temor de un asalto. De manera que los hombres deben esperar por un camión o una carreta que los quiera llevar.

Al final del día, varios de estos improvisados viajeros estarán sentados a la mesa de una intrincada casita o preparando la yuca para la comida de San Silvestre. Cuando amanezca el primer sol del nuevo año volverán a la autopista, se integrarán de nuevo al pavimento, levantando una mano que –esa vez– quizás ya no tenga billetes que mostrar.
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¿Qué hiciste cuándo vinieron buscando al inconforme?

Diciembre 29, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Mi predisposición a respetar las diferencias se ha puesto a prueba con la “Carta en rechazo a las actuales obstrucciones y prohibiciones de iniciativas sociales y culturales”. Llegado a través del correo electrónico, el texto recoge la voz desencantada y urgida de un grupo de intelectuales y académicos. Entre ellos descubro algunos de los nombres que en el lejano 2007, con cierta ingenuidad, contribuyeron a levantar el mito de las reformas raulistas”. En ese momento hablaban de medidas por implementar, de ajustes y transformaciones -más estéticos que sistémicos- que se debían aplicar. Dos años después, parecen tremendamente alarmados por el rumbo que ha tomado el país. Con sus artículos apuntalaron la hipótesis de que el proceso cubano podría reinventarse a sí mismo, como si este absurdo en el que vivimos fuera un guión escrito por la mayoría y no la rígida pauta que sale de una sola oficina.

No seré de los que culpen a otros porque se han demorado demasiado en pronunciarse. Yo, que callé durante casi treinta años, no tengo derecho a juzgar a quienes han llevado la máscara del conformismo, la pasiva faz del que no quiso meterse en problemas. Celebro cualquier iniciativa que saque a la luz ese río de críticas que ha estado apresado en las cavernas de nuestro miedo durante varias décadas. Tenderé entonces mi mano -sin hacerles reproches- a los que asuman el riesgo de expresarse, porque así disminuirá en ellos el temor de pasar del aplauso mecánico a la crítica abierta.

La carta se destaca por varias ausencias, especialmente en la lista de los hechos que prueban el “incremento del controlburocrático-autoritario”. Faltan en esa relación los amargos sucesos del 10 de diciembre pasado, el aumento de los llamados mítines de repudio, los hostigamientos a varios opositores y el empleo de la violencia física contra muchos de ellos. Mención especial merece la utilización que se hace del término “contrarrevolución”, asumiendo los firmantes ese lenguaje degradante y excluyente que brota de las tribunas. Sorprende ver a profesores, economistas y graduados universitarios clasificando con tanto esquematismo a sus conciudadanos. Me asusta esa sociedad que intuyo en este documento, donde se podrá hablar abiertamente de trotskismo, anarquismo o socialismo pero seguirán igual de amordazados los socialdemócratas, los demócratas cristianos y los liberales. Si esa es la propuesta, lo siento mucho, pero ese no es el país donde quiero que crezcan mis nietos.

No creo que vivamos una re-pavonización, porque al fin y al cabo el rígido Luis Pavón no tuvo potestad para lanzar a la calle una turba que gritara y golpeara; tampoco su poder llegaba para condenar a penas de hasta treinta años a ninguna persona. Los oscuros censores de aquel quinquenio gris, carecían de autoridad para mantener el cerco de vigilancia alrededor de una casa, intervenir una línea telefónica o arrestar –sin llevarlo a una estación de policía- a un periodista independiente o a un blogger. No es un retorno de los inquisidores de la cultura lo que estamos viviendo, sino la vuelta de tuerca de un sistema agonizante y carente de argumentos, la caída del último velo que ha dejado al descubierto el feo rostro del autoritarismo.

El título es una referencia a la frase de Niemöller citada en la Carta: “Cuando vinieron buscando a los judíos, yo callé pues no era judío; cuando vinieron buscando a los comunistas, yo callé pues no era comunista; cuando vinieron buscando a los sindicalistas, yo callé pues no era sindicalista; después, vinieron buscándome a mí, y nadie habló”. Para contextualizar esta idea me gustaría preguntar a los firmantes del documento si callarán cuando vengan buscando a un “contrarrevolucionario” a un “gusano” a un “opositor”, si estarán ellos entre los que golpean en los mítines de repudio o entre los que defienden a la víctima.

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Camila y su cesto de mimbre

Diciembre 24, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Durante mucho tiempo, tuvimos como ritual para el nuevo año el de reunirnos con varios amigos en casa de Camila. Sentados en el piso y en medio de una gran algarabía, poníamos en un cesto de mimbre un trozo de papel con nuestro nombre, un deseo personal, un propósito y un vaticinio para el año que comenzaba. Muchos llegábamos a la cita con nuestras respuestas meditadas, pero en algunos eneros fue especialmente difícil predecir o anhelar cualquier cosa, en medio de la incertidumbre de la crisis. No obstante, hacíamos el ejercicio de imaginar mínimamente nuestras vidas, de ambicionar o adivinar algo que podría ocurrirnos.

Antes de concluir esa velada anual, se leían los escritos del encuentro ocurrido doce meses antes y se contrastaban con los recién incluidos en el cesto. Aquella lectura era un verdadero recorrido por las aspiraciones pospuestas y los planes incumplidos, aunque en ese entonces sólo atinábamos a reírnos y a seguir proyectando nuevas fantasías. Pocas veces acerté con los augurios de qué ocurriría en mi Isla, aunque creo haber cumplido con una buena parte de lo que me propuse para mí misma, más por testarudez personal que por reales condiciones para lograrlo. Entre los participantes de aquel festejo, se repetía llamativamente el anhelo de radicarse en otro país, seguido –a mucha distancia– de las apetencias del corazón y de las ansias de un techo propio.

En cada encuentro alrededor del cesto, notábamos que el número de los que lograban emigrar aumentaba. La llamada “fiesta de los papelitos” se convirtió así en el pase de lista de los ausentes, en el inventario de las ilusiones de todo un grupo de amigos que –ante la falta de expectativas– prefirió levar anclas. Hasta Camila, nuestra dulce anfitriona, se fue a miles de kilómetros de su pequeña casita de Ayestarán. Por estos días, puede que esté repasando la montaña de empeños y profecías que escribimos y acumulamos –año tras año– en su sala. Sé muy bien que ella conserva esas hojas amarillentas cual testimonio de una generación desperdigada, clara constancia de quienes no dejamos de soñar ni siquiera en los períodos más duros.

Un abrazo fuerte en este fin de año a todos esos “palitos chinos” regados por el mundo, a los comentaristas de este blog, a los bloggers cubanos de adentro y de afuera, de una tendencia u otra, a los traductores de Generación Y que –de manera voluntaria– hacen mis textos asequibles a tantos, a los que transcriben los textos que dicto vía telefónica y después los colocan en Twitter, a los que envían mis posts a miles de emails en todo el mundo y me llaman a casa para contarme lo que mi minusvalía como internauta no me permite saber. A todos, felicidades, suerte y constancia para este 2010 que comienza en unos días.

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Pronóstico reservado

Diciembre 21, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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“El estancamiento es la dinámica del deterioro” me dijo un amigo, entre filosófico y pesimista, al escuchar el discurso de Raúl Castro ayer en la Asamblea Nacional. La cuerda de nuestros pronósticos no había sido tensada esperando un posible anuncio de cambios, pero alguna expectativa nos quedaba alrededor de ciertas medidas largamente prometidas. Sin embargo, al pronunciar las palabras oficiales para cerrar 2009, el segundo secretario del Partido parecía estar más pendiente del freno que del timón, más cauteloso que emprendedor, mucho más conservador que atrevido.

Nuestros parlamentarios, por su parte, volvieron a perder la oportunidad de hacer preguntas incómodas, oponerse en una votación o tener acaloradas discusiones. Quizás con ésta dejaron ir la última ocasión de impulsar una apertura desde arriba y romper con esa imagen de coro mudo que han mostrado durante más de tres décadas. Los debates ocurridos en el Palacio de las Convenciones y trasmitidos por la tele parecían sucederse en un país lejano que cuenta con tiempo suficiente para aplazar –una y otra vez– las necesarias transformaciones. Ni siquiera el eufemismo de “actualización del sistema económico” incluyó las más importantes demandas de la cargada agenda popular.

De este cuarto periodo ordinario de sesiones, apenas si sacamos en claro el nombre del nuevo año, un menguado crecimiento del PIB que –aún así– nos sigue pareciendo inflado y la amenaza de futuros recortes que nadie sustantiva. A pesar de ciertas frases de tono pragmático dichas en la alocución final, el voluntarismo y las órdenes que llegan desde arriba siguen conformando la estrategia principal para gobernar el país. De manera que la figura del parlamentario pierde cada vez más importancia, pues el plan maestro se cuece en una sola oficina, se refrenda con apenas un par de firmas. No me sorprendería que en febrero o marzo se implemente un paquete de recortes y ajustes que no pasará –ni siquiera– por la complaciente mano alzada de estos diputados.

A mediados del año entrante se reunirá de nuevo la Asamblea Nacional para entregar su aplauso, su consabida dosis de complicidad y su silencio.
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La coca-cola del olvido o el guarapo de la nostalgia

Diciembre 19, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Para Roberto San Martín

He vivido aquí y allá. He sido una voz pidiendo el permiso para salir de mi país y una exiliada esperando por la autorización de entrada. La maquinaria me ha triturado con ambos lados de sus ruedas dentadas: por estar afuera y por decidir quedarme en mi Isla. Fui a un consulado para pagar las altas tarifas mensuales de permanecer en otro país y he tenido que enfrentar también el costo del regreso, la enorme suma personal de ser una “retornada”. Durante dos años miré la Isla en la distancia y tuve el dilema de si tomarme la “coca-cola del olvido” o el “guarapo de la nostalgia”, pero ninguno de los dos pasó por mi garganta. Preferí el agridulce sabor de esta realidad.

Tengo pesadillas de que entro por la aduana cubana y un uniformado me conduce a un cuarto gris. Rodeada de paredes despintadas y de una enorme foto de Fidel Castro, retiran mi pasaporte y me anuncian que si entro no podré –nunca más– viajar a otro destino. Todo esto me lo explica un funcionario de cara sudorosa, que tiene una pistola en el costado y un bolígrafo sobresaliendo del bolsillo. Presiento que pasaré la eternidad frente a este ser de hoscas palabras, sin la posibilidad de cruzar la puerta hacia el salón donde me espera mi familia. La desazón llega a un punto en que me despierto y compruebo que sigo en mi casa, igual de presa, pero satisfecha de haber vuelto.

Tan obsesivo sueño se alterna con otro en el que no me dejan volar hacia mi propio país. Estoy en un aeropuerto lejano, tratando de abordar una nave con destino a La Habana. La joven que chequea los boletos me dice que no puedo embarcar. “Tenemos órdenes de no dejarla subir”, concluye, sin la carga dramática de quien acaba de notificar a otro su condición de expatriado. No hay nadie cerca a quien apelar y las pizarras electrónicas marcan las próximas salidas hacia New York, Buenos Aires, Berlín. Me siento y coloco el equipaje sobre mis piernas, para apoyarme en él e intentar dormir. Esto no puede ser verdad –me digo– tengo que descansar y cuando despierte estaré en la cabina, a miles de metros de altura.

Ya he probado con té de tilo, con leer historias de pilotos antes de acostarme y poner música relajante en la habitación. Pero lo único que terminará con esta secuencia onírica de enclaustramiento y expulsión es el fin de las restricciones migratorias para los cubanos. Quiero tener el derecho a viajar, como mismo quiero poder dormir sin ver al uniformado que me quita el pasaporte y sin escuchar el ruido de un avión que levanta vuelo, dejándome en tierra ajena.

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Franquear una zona

Diciembre 17, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Los conozco desde siempre, desde que me aventuré más allá de mi barrio de sucias fachadas hacia una Habana que no paraba de sorprenderme. Se puede decir que se parecen a casi todos mis amigos: peludos, alternativos y risueños. Son similares a esos jóvenes que abarrotaban nuestra sala hace unos años, para tocar guitarra y pasar el apagón entre canciones y poemas. Los muchachos de Omni Zona Franca lo mismo usan una cazuela como sombrero, una saya sobre sus piernas de varones o un largo cayado hecho con la rama de un árbol. Rebeldes en todo, rompen con la poesía edulcorada y apologética, con las normas del buen vestir y hasta con el arte institucionalizado y por tanto prudente.

El escenario de sus performances es precisamente esa barriada de Alamar, diseñada para que en ella habitara el hombre nuevo. Hoy disfuncional conglomerado de edificios –todos idénticos– donde nadie quisiera vivir y los que allí residen rara vez logran mudarse a otra zona. Tirados sobre la hierba sin mucha lógica urbanística, estos bloques de concreto han sido inspiración para varias acciones artísticas de Omni. Recuerdo cuando los vecinos de la zona llamaron a la policía al ver brazos y cabezas salir entre las lomas de la basura que ningún camión recogía hacía semanas. Fue la manera que encontraron estos jóvenes para decirles a sus conciudadanos: nos estamos ahogando en los desechos, apenas si logramos respirar en medio de tanto residuo.

Cada diciembre, Omni organiza el Festival de Poesía sin fin y la actual edición ha estado marcada por el cierre de su local en la casa de cultura de Alamar. Entre patrullas de policías y la voz de un airado viceministro de cultura, a estos crónicos irreverentes les fue quitado un espacio que tenían desde hace doce años. Pudieron llevarse consigo los afiches, las cerámicas, un par de viejas máquinas de escribir y una laptop en la que editan videos y escriben para su página web. El programa de actividades se trasladó a las salas de sus casas y al garaje de un amigo, todo con tal de no suspender la larga “fiesta de luz”. Hoy estarán cargando una enorme ofrenda por la salud de la poesía hacia el santuario de San Lázaro en el poblado del Rincón. Levantarán sobre sus brazos la enorme figura hecha con ramas y pedirán por un verso, una rima asonante o el estribillo de una canción de hip hop.

Quienes les quitaron el viernes pasado su sede y los intentaron castigar con el nomadismo, no comprenden que el arte de ellos brota del asfalto, del loco que pide limosnas en una esquina y de esa ciudad lisiada pero intensa que es hoy Alamar.

Un artículo sobre Omni Zona Franca que hice hace dos años

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El patio de Karina, no es particular

Diciembre 16, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

El lobo feroz o el loco del saco se llamaban en mi infancia de otra manera: la Reforma Urbana. Crecida en una casa de la cual mis padres no tenían papeles, cuando tocaban a la puerta nos recorría el sobresalto de que podía ser un inspector de la vivienda. Aprendí a mirar por las persianas antes de abrir, en una práctica que aún conservo, para evitar a esos husmeadores con portafolio que nos advertían de la fragilidad legal de nuestro hogar. La institución que ellos representaban era más temida en mi solar que la propia policía. Numerosas confiscaciones, sellos pegados en las puertas, desalojos y multas, hacían que a los guapos de Centro Habana les temblaran las mandíbulas cuando oían hablar del Instituto de la Vivienda.

Por estos días ha regresado ese fantasma de mi niñez con lo sucedido alrededor del patio de mi amiga Karina Gálvez. Economista y profesora universitaria, esta simpática pinareña fue parte del consejo editorial de la revista Vitral y ahora es pilar imprescindible del portal Convivencia. Eso, en una sociedad donde la censura y el oportunismo crecen –por todas partes– como el marabú, puede interpretarse como un gran error por parte de Karina. Para colmo, siempre ha creído que la casa de sus padres, donde nació y vive hace más de cuarenta años, era una propiedad familiar, tal y como dice el título guardado en la segunda gaveta de su armario. Sobre la base de que construir en el propio patio debe ser algo tan íntimo como la decisión de dejarse crecer las uñas, levantó un ranchón sin paredes al que todos los amigos contribuyeron con algo. Poco a poco, aquello se convirtió en sitio para el debate, epicentro de la reflexión y lugar de peregrinaje imprescindible para creadores y librepensadores de Pinar del Río.

Hasta el Obispo Emérito Ciro González vino a bendecir la Virgen de la Caridad que presidía aquel acogedor espacio. Recuerdo que Reinaldo y yo buscamos un ceramista que grabó la bandera y el escudo cubanos para el improvisado altar en el ya célebre “Patio de Karina”. Comenzaron entonces las escaramuzas legales, los inspectores de la Reforma Urbana con sus amenazas de derrumbe forzoso y expropiación. Parecía que todo iba a quedar en una penalización monetaria o –en el peor de los casos– en el derribo de lo construido. Pero a los que no han sabido edificar les produce un especial placer confiscar, quitar lo logrado por otros, incautar lo que ellos mismos no han creado. De manera que ayer martes, una brigada llegó a casa de mi amiga y le anunció que su patio ya no era suyo, sino propiedad de la empresa estatal CIMEX que colinda con la casa. A una velocidad rara vez vista por estos lares, levantaron una barrera de metal que en la noche se convirtió en un muro de ladrillos.

Karina –en su infinita capacidad de reír ante todo– me dijo que pintarán sobre la fea muralla un par de gallos de colores que anuncien la alborada. Al otro lado, el terreno que siempre le ha pertenecido ahora es usado por otros. Un día lo recuperará, lo sé, porque ni la Reforma Urbana, ni la policía política, ni la brigada de respuesta rápida que apostaron afuera podrán impedir que sigamos diciendo y sintiendo que ese es el Patio de Karina.

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Éramos tan pocos

Diciembre 15, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Como el estornudo de una gripe deseada, la blogósfera alternativa cubana no deja de propagarse. Ya no se parece a ese páramo que mostraba −si acaso− unos pocas páginas con seudónimo en abril del 2007, cuando comencé con Generación Y. He perdido la cuenta de cuánto somos ahora porque cada semana me entero que han nacido, al menos, dos nuevos espacios virtuales. El bloqueo de varias plataformas bloggers y los constantes ataques sólo han servido para que el virus de la opinión libre mute hacia formas más complicadas de callar. El ADN de la expresión ciudadana no cederá ante vacunas basadas en la intimidación y la difamación: terminará por infectar a todos.

La pluralidad de enfoques es el signo de las plazas de discusión que han encontrado en el ciberespacio un escenario más tolerante que en la realidad. Conozco sitios de catarsis ante la acumulación de frustraciones, mientras otros se especializan en la noticia o la denuncia. Van desde simpáticos blogs como Cuba Fake News hasta revistas cargadas de imprescindibles artículos al estilo de Convivencia. Sus autores son lo mismo ex oficiales de la contrainteligencia del Ministerio del interior que escritores desterrados de las editoriales oficiales. A todos los une la necesidad de pronunciarse, el tirante deseo de terminar con un ciclo de silencio que ha durado demasiado.

Cual manojo de electrones libres, esta blogósfera no responde a jerarquías ni a figuras principales. Su fuerza está en que no es posible descabezarla, ni atraparla, por ser escurridiza y lúdica, no necesitada de tomar acuerdos ni de portar credenciales. En el tiempo en que se desarrolla una estrategia para combatirla, en que por allá arriba se reúnen, levantan un acta, bajan sus directrices hacia los posibles ejecutores de la censura, ya el número de estos sitios se está duplicando dentro de la Isla. Para cuando empiecen a entender de qué se trata y cómo se administra el antídoto, la fiebre blogger habrá hecho latir las sienes de miles de cubanos.

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Anemia de argumentos

Diciembre 12, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Foto: tomada de actualidad.orange.es

Un molote agredió el pasado 10 de diciembre a mujeres que sólo llevaban gladiolos en sus manos. Puños levantados -instigados por policías vestidos de civil- rodearon a esas madres, esposas e hijas de los encarcelados desde la Primavera Negra de 2003. Varios de los atacantes se aprendieron el guión a la carrera y mezclaban las actuales consignas políticas con los gastados /slogans/ de hace casi tres décadas. Era una tropa de choque con licencia para insultar y golpear, otorgada –justamente- por quienes debieran mantener el orden y proteger a todos los ciudadanos. En el noticiero del viernes, un periodista llegó a decir que quienes increpaban a las Damas de Blanco representaban al “pueblo enardecido”, pero en la pantalla no se les notaba un solo viso de espontaneidad o de real convicción. Sólo parecían fanáticos con miedo, con mucho miedo.

Me da vergüenza decirlo, pero en mi país los demonios de la intolerancia estuvieron de fiesta el día de los Derechos Humanos. Fueron incitados por quienes hace mucho perdieron la capacidad de convencernos con un argumento o de atraernos con una nueva y justa idea. Ya no tienen ni siquiera una ideología, de ahí que sólo les quede manejar los resortes del temor, apelar a los “ejemplarizantes” actos de repudio para detener la creciente inconformidad. Sin embargo, en los rostros de esos convocados al linchamiento social se podía percibir como la duda alternaba con la furia y la exaltación con los temblores de saberse observados y evaluados. Por doloroso que sea, es fácil prever que quizás un día una multitud igual de irreflexiva y ciega dirija su cólera hacia los que hoy azuzan a unos cubanos contra otros.

A falta de aperturas, de más comida sobre el plato, de cambios estructurales o ansiadas flexibilizaciones, el gobierno de Raúl Castro parece haber optado por el castigo como fórmula para mantenerse. No muestra resultados palpables de su gestión, pero hace sonar los oxidados instrumentos de la coacción y las viejas técnicas del castigo. En los últimos meses ya ni siquiera lanza promesas al vuelo, ni enuncia planes para fechas imprecisas. Más bien se ha llevado la mano al cinturón y no precisamente para apretárselo en un gesto de austeridad o ahorro, sino para usarlo como hacen los padres autoritarios, sobre el pellejo de sus hijos.

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Canistel o El Dorado

Diciembre 10, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Mi abuela me hablaba de él con el mismo arrobo que décadas atrás sus padres le habían contado el viejo sueño de El Dorado. Me revelaba su masa entre amarilla y naranja, seca en la primera mordida pero grata y suave una vez dentro de la boca. Su juego preferido consistía en explicarme el canistel, tarea ardua, pues no hay nada tan difícil como entender un sabor que nunca se ha probado. ¿Ana, a qué se parece?, le preguntaba yo, porque sólo la comparación podía ayudarme a acorralar el aroma de esa fruta ausente de mi vida. “Como un mamey, pero más rico”, era la parca frase que lograba arrancarle antes de que se callara.

Muchos de mi generación conocimos ciertos sabores de oídas, descritos por quienes habían atesorado en su memoria gustativa al níspero, el caimito, el marañón y la guanábana. Esa habilidad para activar las papilas gustativas con algo que nunca habíamos masticado, nos ayudó durante los años más duros del Período Especial. Sobre la litera de hierros oxidados de un albergue en Alquízar, yo refería para un grupo de muchachas cómo eran aquellas frutas que no habían ni siquiera probado. El cuento se repetía cada semana en una improvisada tertulia donde los temas principales eran “sexo y comida”. Esta última, verdadera obsesión de todas las quinceañeras allí reunidas.

Pasó el tiempo y hace una semana mi madre se apareció en casa con tres canisteles. Los había comprado a un campesino en un precio que excedía el de toda una jornada de trabajo. Pensé primero en Ana, que murió hace más de veinte años y en las últimas décadas de su vida no volvió a ver la dorada redondez que tanto la angustiaba. Teo fue quien dio la primera mordida e hizo un gesto raro antes de confirmar “Es como un mamey”. Después regresó a su cuarto sin ver la indecisión en mi rostro. ¿Lo pruebo o no lo pruebo? ¿Y qué tal si no se parece a lo que me contaron? Felizmente, resultó ser a la medida de aquel canistel que –mientras salivábamos las dos– mi abuela me había narrado.

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Trasval

Diciembre 8, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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La tienda se alza en la aurícula izquierda de la calle Galiano esquina a San Rafael, donde antes hubo un Ten Cent carcomido por los años y la mugre. Verdadera nave espacial caída en un barrio que ha visto como muchos de sus comercios se convierten en albergues para damnificados, oficinas intrascendentes o locales cerrados por tupiciones albañales. Pero Trasval es diferente. El gran almacén, administrado –según se dice– por el propio Ministerio del Interior, fue bautizado por la población como “el museo”, pues más bien se iba a mirar que a comprar, debido a los altos precios –en pesos convertibles– de cada mercancía.

Trasval era jugar al capitalismo, con música indirecta, empleados con trajes y audífonos, cámaras por todas partes y productos que nuestros ojos nunca habían visto. Nos sentíamos como pollitos arropados por la luz de las lámparas y el tintinear de la melodía, que terminarían en el matadero de la caja contadora pagando por un abridor de latas el salario de tres meses de trabajo. En su interior, aún se exhibe una zona con implementos para piscinas, aunque desde hace varios meses las vendedoras no sonríen a los clientes ni les responden amablemente las preguntas.

La última vez que estuve en ese bunker forrado de lozas negras, ya el desplome era inminente. El aire acondicionado no funcionaba, los empleados habían prescindido de la calurosa indumentaria con corbata incluida y en los anaqueles, metros y metros de un mismo producto anunciaban el declive. Todos los abridores de latas habían desaparecido y un rumor de escándalo por corrupción se extendía en sus pasillos. Su esplendor fue breve, su ganancia pudo haber sido enorme. Porque Trasval fue la más reciente trampa mercantil que nos tendieron a los cubanos, el último cebo elaborado por esa mezcla de comerciantes y policías secretos que tanto pululan en nuestros días. Individuos que lo mismo trafican con mercancías que con informes, venden una lámpara o vigilan en una esquina, cuentan las monedas o se soban la pistola que llevan en el costado.

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Tan lejos de Copenhague

Diciembre 8, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Festivaleando

Diciembre 7, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Diciembre ha sido siempre un mes para estar poco tiempo en casa. En la calle no hay tanto calor y el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano ofrece una amplia cartelera que nos tienta a salir. Es el momento de sacar los abrigos y de no molestarse cuando el ómnibus va demasiado lleno o cuando tenemos que caminar por la acera del sol. Al final de cada año, la gente se vuelve más amable porque le queda muy poco tiempo para angustiarse por los proyectos no concluidos. Son semanas en las que gravitamos en el conformismo, como si dijéramos “Bueno, parece que tampoco fue el 2009, quizás será el 2010 ese año que estamos esperando”.

Tradicionalmente, las colas se alargaban frente al Acapulco o al Chaplin, abundaban también las enguatadas con cuello de tortuga y las puertas de cristal rotas ante el empuje de los cinéfilos. Más que recrearnos con las imágenes proyectadas sobre la pantalla, por estos días disfrutábamos sumergirnos en una atmósfera festivalera. A veces, lo más interesante nos ocurría mientras esperábamos –expuestos al viento frío– por una nueva tanda o cuando un amigo nos narraba la opera prima de algún joven director. Precisamente, esa burbuja de ilusión que se repetía cada diciembre,es la que no logro rehacer en esta 31 edición. Ni las temperaturas han bajado, ni mis amigos de entonces están sentados en las butacas, sino dispersos y alejados en varios continentes.

Sigo viendo, eso sí, la asistencia masiva a cada película, determinada por la amplia cultura fílmica de los cubanos y también por la ausencia de otras opciones recreativas a precios accesibles. No hay mucho que hacer en esta ciudad donde los que no tienen pesos convertibles deben conformarse con el gratuito muro del malecón, de ahí que el Festival sea tan esperado y concurrido. Intentando salir de ese letargo cultural, he decidido que no me importe tanto si el invierno no ha llegado o si en la multitud hay muchos rostros ausentes. He optado por tomar la cartelera, decidir un título e ir corriendo a meterme en la irrealidad de una sala de proyecciones, mientras afuera sigue el calor y el éxodo.

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Promesas

Diciembre 3, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez
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Un amigo me juró hace diez años que no volvería a la playa hasta que pudiera comprar –cerca de la arena– una cerveza en moneda nacional. Sus blanquísimas pantorrillas me confirman que no ha estado en el mar por una década, mientras espera una Cristal pagada con su propio salario. La vecina de la esquina dio su palabra de no cortarse el pelo antes de cierta fecha largamente añorada por tantos cubanos. Los piojos la hicieron romper el compromiso –a principio de los noventa– cuando la melena alcanzaba su cintura. Recientemente, cambió la estrategia y puso un vaso de agua sobre el armario y sólo lo quitará cuando sus hijos exiliados puedan volver a vivir junto a ella.

Diminutas casas de madera descansan sobre una tumba en el cementerio de La Habana. Son la expresión material de esos pedidos que recibe la Milagrosa para proveerles una vivienda a quienes quieren escapar de la casa paterna o del atestado albergue colectivo. Al lado de esas miniaturas, hay aviones y barcos de juguetes, para lograr el sueño de saltarse la insularidad dentro de uno a tamaño natural. En la misma necrópolis, pero hacia el sur, está el panteón de la conocida médium que encarnaba el espíritu de Tá José.  Un gallo –con la cabeza cortada allí mismo– le fue ofrecido por aquel joven que alcanzó finalmente el cotizado empleo en una firma extranjera.

Otros aguardan por el milagro de un permiso de salida, por la liberación de un preso político o por una licencia para abrir un pequeño restaurante. Esta parece ser la isla de los imposibles, la tierra de las promesas por cumplir, el país de las ofrendas retenidas hasta que se alcance lo pedido. Yo misma me he jurado que no voy a parar de escribir, pues cada una de mis líneas es la plegaria del que no puede más, el voto virtual de quien ya se dejó crecer el pelo, puso su obsequio sobre el mármol y vio secarse varios vasos con agua.

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Dieta blanda

Diciembre 1, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Entre historias como esta vive Adolfo Fernández Saínz,
que ayer cumplió 61 años, seis de ellos encerrado en
la prisión de Canaleta desde la primavera negra de 2003.

Esa tarde se extraería el último canino que le quedaba. Llevaba días en eso, ayudado por otro recluso que era diestro en sacar dientes y muelas. La colección de lo arrancado la había ido poniendo debajo de la almohada y allí las dejaría hasta que en un momento le diera por lanzarlas –con su amarillento esmalte– por la diminuta ventana que tenía la celda.

Si todo salía como esperaba, la próxima semana estaría mostrándole su boca de encías lisas al doctor. Le diría que se le habían caído solos, como le había pasado al protagonista del filme Papillon, que vio cuando era niño. En aquella historia el prisionero había sido víctima del escorbuto, pero él no, él había renunciado a su dentadura para acceder a la dieta blanda que le daban a los reclusos que no podían masticar. El preparado de plátano y boniato superaba en sabor a la rancia comida que les servían a los otros, de manera que era una cuestión de sobrevivencia prescindir de esas inutilidades que llevaba alrededor de la lengua.

Antes de irse hacia la litera del Cojo, que ya había preparado el “instrumental” como si ostentara un diploma de estomatólogo, se miro el canino por última vez en la lata pulida que le servía de espejo. No había nada que lamentar, estaba picado por las caries, torcido a la derecha y manchado de nicotina. Ese pequeño obstáculo que emergía de su boca no iba a interponerse entre las viandas y su necesitado cuerpo. Así que le dio algunos golpes para aflojarlo y caminó hacia donde varios presos aguardaban por una extracción. Sobre el colchón, un trozo de cuchara y una pequeña barra metálica harían las veces de cincel y martillo para debilitar el diente, una improvisada pinza –hecha con dos trozos de alambrón– removerían la raíz. El pago por la improvisada cirugía lo efectuaría en cigarros, cerca de unos veinte que había ahorrado en varios días sin fumar.

Después se iría a dormir con el latido alrededor del hueco que una vez cobijó su colmillo pero alegre de poder entrar a la cofradía de los desdentados, al club de los privilegiados que comían un poco mejor. Otros en sus camas también estarían controlando el dolor, mientras soñaban –durante toda la noche– con una bandeja de aluminio rebosante de suave papilla.

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Bastión y distracción

Noviembre 28, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Alguien metió un papel por debajo de mi puerta. Una hoja cortada a la mitad con indicaciones para evacuarse en caso de un huracán o de una invasión. Una de sus frases se me quedó pegada como el estribillo de una mala canción: “Coser una tela a la ropa de los niños menores, con los datos de identidad de los padres (tiempo de guerra)”. Me imaginé dando puntadas sobre la camisa de mi hijo, para que en medio del caos alguien pueda saber que su madre se llamaba Yoani y su padre Reinaldo.

La “guerra de todo el pueblo” –que en estos días se practica en el ejercicio militar Bastión 2009– nos tiene asignado un lugar a cada uno. No importa si nos dan miedos las armas, si jamás hemos creído en la confrontación como vía de solución y si no tenemos ninguna confianza en los líderes que guiarán al pelotón. Quienes juegan a la conflagración sobre una mesa llena de diminutos tanques y aviones de plástico, quieren ocultar que la más honda trinchera la hemos cavado los ciudadanos para protegernos de ellos mismos.

Los noticiarios están llenos de uniformados con sus armas, pero las maniobras marciales no logran esconder que nuestros verdaderos “enemigos” son las restricciones y los controles impuestos desde el poder. La guerra como distracción ya no funciona. La amenaza de paracaídas que caen y bombas que resuenan, como antídoto contra los deseos de cambio, ha dejado de ser efectiva. Creo que cada vez más personas dirigen su índice hacia el real origen de nuestros problemas y –sorpresa para los adalides de la batalla– no se ve como un dedo que señale hacia afuera.

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Mantenidos

Noviembre 27, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Nos hace feliz curarnos de ese estadio vital que se llama adolescencia, especialmente para independizarnos. Haber encontrado una respuesta a la pregunta que nos hacíamos tan a menudo: “¿Qué vas a hacer cuando seas grande?”. Poder salir de casa sin dar explicaciones, ser responsables de nuestro propio destino y sobre todo, no tener que escuchar aquella advertencia paterna: “mientras yo te mantenga, tendrás que hacer lo que te diga”.

Las naciones que se desenvuelven bajo la tutela de un estado paternalista, corren el riesgo de dejar a su población en una especie de adolescencia estancada. El caso de Cuba es uno de los ejemplos paradigmáticos. Vivimos bajo la patria potestad de un gobierno caracterizado por la continuidad de las personas en el poder, que ha pretendido subvencionar parte de nuestras necesidades básicas. Con mucho orgullo los medios oficiales insisten en mostrar la gratuidad de todos los servicios médicos y de la educación en todos los niveles de enseñanza, así como la existencia de un mercado racionado que –supuestamente- garantiza la canasta básica.

Resulta elemental que los fondos públicos son los que sufragan la manutención y se nutren de esos intangibles valores que los trabajadores producen y no cobran. Obviamente trabajar no es estimulante y lo que se gana apenas alcanza para disfrutar de lo subvencionado. Papá estado no permite que se expresen opiniones divergentes, mucho menos que las personas se organicen en torno a esas ideas, que alcancen la independencia económica y para colmo les reclama una infinita gratitud.

Afortunadamente, tal y como nos ha enseñado el modelo familiar paternalista, todo tiende a cambiar con el paso de los años. Los hijos crecen, terminan siendo adultos y nada pueden impedir que los más jóvenes se hagan con las llaves de la casa.
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Cuando llueve

Noviembre 25, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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No ha salido el sol en todo el día y a cada rato un aguacero nos obliga a meternos en algún portal o quedarnos en casa. Se podría pensar que en un país tropical la vida se organiza teniendo en cuenta el clima y que junto a la ropa ligera tenemos siempre a mano sombrillas y capas de agua. Pero no es así. Las filtraciones de los techos son comunes, especialmente en las construcciones de los últimos cincuenta años; viviendas, oficinas, escuelas y hospitales, incluso almacenes de mercancías sufren repetidas pérdidas a consecuencia de ellas. Los derrumbes, por su parte, que ya constituyen una tipicidad en el paisaje urbano, no son producto de bombardeos del imperialismo, sino provocados precisamente por la dificultad para adquirir materiales constructivos e impermeabilizantes.

“No pude ir porque estaba lloviendo” es la disculpa más común de la temporada. No asistir o llegar tarde, lo mismo al trabajo que a una cita amorosa, están socialmente aceptados cuando esgrimimos el contundente argumento. Pero no siempre se trata de un falso pretexto, pues si la calle donde vivimos tiene las alcantarillas tupidas, el riesgo de caer en los numerosos baches –cubiertos por el agua– es ciertamente posible.

Muchas veces hemos visto en filmes extranjeros la escena de una multitud bajo la lluvia. Nos impresiona la imagen de esa nube de paraguas que se extiende a lo largo de una avenida o a todo lo ancho de las gradas de un estadio. Inevitablemente comparamos esas escenas con la típica estampa de nuestras calles en medio de un chaparrón: bolsas de nylon usadas como gorro, el periódico Granma o un trozo de cartón intentando cubrir la cabeza; personas mayores aguardando bajo los balcones o apelotonadas en una parada de ómnibus. La alegría casi siempre la aportan los jóvenes que desafían el temporal, corriendo empapados y surfeando sobre lo primero que se encuentran, una tabla o la vieja goma de un auto, agarrados a la defensa de un camión.

Son días para preguntarse cuándo tener una capa de agua –sin huecos y a la medida– dejará de ser un sueño irrealizable para tantos, cuándo la ciudad no colapsará por un simple chubasco que cae sobre el trópico.

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El fantasma de 1980

Noviembre 21, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Las imágenes de lo sucedido ayer, en la calle G, con Reinaldo y otros amigos, me recuerdan demasiado los mítines de repudio de 1980. Miren ustedes mismos y díganme si no se les parecen:

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Respuesta de Barack Obama a Yoani Sánchez

Noviembre 19, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Presidente Barack Obama: Agradezco esta oportunidad que me brindas para compartir impresiones contigo y con tus lectores en Cuba y en el mundo, y aprovecho para felicitarte por el premio María Moore Cabot de la Escuela Graduada de Periodismo de la Universidad de Columbia que recibiste por promover el entendimiento mutuo en las Américas mediante tus reportajes. Me decepcionó que se te impidiera viajar para recibir el premio en persona.

Tu blog ofrece al mundo una ventana particular a las realidades de la vida cotidiana en Cuba. Es revelador que el internet les haya ofrecido a ti y a otros valientes blogueros cubanos con un medio tan libre de expresión, y aplaudo estos esfuerzos colectivos para apoderar a sus compatriotas para expresarse a través de la tecnología. El gobierno y el pueblo estadounidense nos unimos a todos ustedes en anticipación del día que todos los cubanos puedan expresarse libre y públicamente sin miedo ni represalias.

Yoani Sánchez: 1.  Durante mucho tiempo el tema de Cuba ha estado presente tanto en la política exterior de los Estados Unidos, como entre las preocupaciones domésticas, especialmente por la existencia de una gran comunidad cubano-americana. Desde su punto de vista ¿En cuál de los dos terrenos debe ubicarse este asunto?

Todos los asuntos de política exterior tienen componentes domésticos, especialmente aquéllos que conciernen países vecinos como Cuba, de donde provienen muchos emigrantes radicados en los Estados Unidos, y con la que tenemos una larga historia de vínculos. Nuestros compromisos de proteger y apoyar la libre expresión, los derechos humanos y un estado de derecho democrático tanto en nuestro país como en el mundo también rebasan las demarcaciones entre lo que es política doméstica y exterior. Además de todo esto, muchos de los retos que comparten nuestros países, como la migración, el narcotráfico y el manejo de la economía, son asuntos tanto domésticos como foráneos. En fin, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos han de ser vistas dentro de un contexto tanto doméstico como exterior.

2.  En el caso de que existiera, por parte de su gobierno, una voluntad de dar por terminado el diferendo, ¿Pasaría esto por reconocer la legitimidad del actual gobierno de Raúl Castro, como único interlocutor válido en unas eventuales conversaciones?

Como he dicho antes, mi administración está lista para establecer lazos con el gobierno cubano en un número de áreas de mutuo interés, como hemos hecho en las conversaciones migratorias y sobre correo directo. También me propongo facilitar mayor contacto con el pueblo cubano, especialmente entre familias que están divididas, algo que he hecho con la eliminación de restricciones a visitas familiares y a remesas. Queremos establecer vínculos también con cubanos que están fuera del ámbito gubernamental, como lo hacemos en todo el mundo. Está claro que la palabra del gobierno no es la única que cuenta en Cuba. Aprovechamos toda oportunidad para interactuar con todos los renglones de la sociedad cubana, y miramos hacia un futuro en que el gobierno refleje expresamente las voluntades del pueblo cubano.

3.  ¿Ha renunciado el gobierno de Estados Unidos al uso de la fuerza militar como forma de dar por terminado el diferendo?

Estados Unidos no tiene intención alguna de utilizar fuerza militar en Cuba.  Lo que Estados Unidos apoya en Cuba es un mayor respeto a los derechos humanos y a las libertades políticas y económicas, y se une a las esperanzas de que el gobierno responda a las aspiraciones de su gente de disfrutar de la democracia y de poder determinar el futuro de Cuba libremente. Sólo los cubanos son capaces de promover un cambio positivo en Cuba, y esperamos que pronto puedan ejercer estas facultades de manera plena.

4.  Raúl Castro ha dicho públicamente estar dispuesto a dialogar sobre todos los temas, con el único requisito del respeto mutuo y la igualdad de condiciones. ¿Le parecen a usted desmedidas estas exigencias? ¿Cuáles serían las condiciones previas que impondría su gobierno para iniciar un diálogo?

Llevo tiempo diciendo que es hora de aplicar una diplomacia directa y sin condiciones, sea con amigos o enemigos. Sin embargo, hablar por aquello de hablar no es lo que me interesa. En el caso de Cuba, el uso de la diplomacia debería resultar en mayores oportunidades para promover nuestros intereses y las libertades del pueblo cubano.

Ya hemos iniciado un diálogo, partiendo de estos intereses comunes –emigración que sea segura, ordenada y legal, y la restauración del servicio directo de correos. Estos son pasos pequeños, pero parte importante de un proceso para encaminar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba en una nueva y más positiva dirección. No obstante estos pasos, para alcanzar una relación más normal, va a hacer falta que el gobierno cubano tome un curso de acción.

5. ¿Qué participación podrían tener los cubanos del exilio, los grupos de oposición interna y la emergente sociedad civil cubana en ese hipotético diálogo?

Al considerar cualquier decisión sobre política pública, es imprescindible escuchar tantas voces diversas como sea posible. Eso es precisamente lo que hemos venido haciendo con relación a Cuba. El gobierno de los Estados Unidos habla regularmente con grupos e individuos dentro y fuera de Cuba, que siguen con interés el curso de nuestras relaciones. Muchos no están de acuerdo con el gobierno cubano, muchos no están de acuerdo con el gobierno estadounidense, y muchos otros no están de acuerdo entre sí. Lo que debemos estar todos de acuerdo es que tenemos que escuchar a las inquietudes e intereses de los cubanos que viven en la isla. Por eso es que todo lo que están haciendo ustedes para proyectar sus voces es tan importante – no sólo para promover la libertad de expresión, pero también para que la gente fuera de Cuba pueda entender mejor la vida, las vicisitudes y las aspiraciones de los cubanos que están en la isla.

6.  Usted es un hombre que apuesta por el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información. Sin embargo los cubanos seguimos con muchas limitaciones para acceder a Internet. ¿Cuánta responsabilidad tiene en eso el bloqueo norteamericano hacia Cuba y cuánta el gobierno cubano?

Mi administración ha tomado pasos importantes para promover la corriente libre de información proveniente de y dirigida al pueblo cubano, particularmente mediante nuevas tecnologías. Hemos posibilitado expandir los lazos de las telecomunicaciones para acelerar el intercambio entre la gente de Cuba y la del mundo exterior. Todo eso recrecerá los medios a través de los cuales los cubanos en la isla podrán comunicarse entre sí y con personas fuera de Cuba, valiéndose, por ejemplo, de mayores oportunidades en transmisiones de satélite y de fibra óptica. Esto no ocurrirá de un día a otro, ni tampoco podrá tener plenos resultados sin actos positivos del gobierno cubano. Tengo entendido que el gobierno cubano ha anunciado planes para ofrecer mayor acceso al internet en las oficinas de correo. Sigo estos acontecimientos con interés y urjo al gobierno a permitir acceso a la información y al internet sin restricciones. Quisiéramos escuchar qué recomendaciones tienen para apoyar el flujo libre de información desde y hacia Cuba.

7.  ¿Estaría dispuesto a visitar nuestro país?

Nunca descartaría un curso de acción que avance los intereses de los Estados Unidos o promueva las libertades del pueblo cubano. A la misma vez, las herramientas diplomáticas han de usarse sólo luego de preparaciones minuciosas y como parte de una estrategia clara. Anticipo el día que pueda visitar una Cuba donde toda su gente pueda gozar de los mismos derechos y oportunidades que goza el resto de la gente del continente.

(La traducción al español fue preparada por la oficina del Presidente Obama. El documento original en inglés aquí).

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Siete preguntas

Noviembre 18, 2009

Escrito por Yoani Sánchez

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La diplomacia popular no necesita de memorándums o declaraciones de intención, se hace directamente entre los pueblos sin pasar por las cancillerías y los palacios de gobierno. Es esa que va acompañada de un abrazo, un apretón de manos o una larga charla en la sala de una casa. Sin aspirar a los flashazos o a los grandes titulares, las personas comunes han sacado al mundo de varios entuertos, han evitado quizás un sinnúmero de guerras y hasta puede que sean los responsables de ciertas alianzas y de algunos –escasos- momentos de paz.

De vez en cuando un individuo sin carteras ministeriales, ni privilegios oficiales, interpela al poder, le lanza una pregunta que queda sin respuesta. Los cubanos nos hemos conformado con que desde “allá arriba” nadie intente explicarnos o consultarnos el derrotero que tomará esta Isla, tan parecida a un barco que hace aguas a punto del naufragio. Cansada de que no nos reconozcan en nuestra pequeñez, me decidí a lanzar siete interrogantes a quienes considero que están –ahora mismo y con su actuación- marcando el destino de mi país.

El conflicto entre el gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, no sólo impide a los pueblos de ambas orillas establecer relaciones fluidas, sino que determina los pasos –o la ausencia de ellos- que se deben dar en la necesaria transformación de nuestra sociedad. La propaganda política nos habla de que vivimos en una plaza sitiada, de un David frente a Goliat y del “voraz enemigo” que está a punto de lanzarse sobre nosotros. Quiero saber –desde mi diminuta posición de ciudadana- cómo va a evolucionar este diferendo, cuándo va a dejar de ser el tema protagónico en todos los aspectos de nuestra vida.

Después de meses de intentos he logrado hacerle llegar un cuestionario al presidente norteamericano Barack Obama, con algunos de esos temas que no me dejan dormir. Ya tengo sus respuestas –que publicaré mañana- y quiero hacer ahora extensivas mis interrogantes al presidente cubano Raúl Castro. Son incógnitas que nacen de mi experiencia personal y reconozco que cada uno de mis compatriotas podría redactarlas de una manera diferente y propia. Las dudas que ellas encierran son tan angustiosas que no me permiten proyectar cómo será la nación donde crecerán mis hijos.

· Les dejo a continuación ambos cuestionarios:

Preguntas a Raúl Castro, presidente de Cuba:

1. ¿Qué influencias negativas podría tener sobre la estructura ideológica de la revolución cubana, un eventual mejoramiento de las relaciones con los Estados Unidos?

2. Usted ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de dialogar con el gobierno norteamericano. ¿Está usted solo en ese propósito? ¿Ha tenido que discutir con el resto de los miembros del Buró político para convencerlos de que es necesario dialogar? ¿Coincide su hermano Fidel Castro en ponerle fin al conflicto entre ambos gobiernos?

3. Sentado usted en una mesa frente a Obama ¿Cuáles serían las tres principales conquistas que desearía obtener en esa conversación? ¿Cuáles cree usted que serían las tres conquistas que podría obtener la parte norteamericana?

4. ¿Puede enumerar las ventajas concretas que tendría el pueblo cubano en el presente y en el futuro, si se terminara este dilatado diferendo entre ambos gobiernos?

5. Si la parte norteamericana quisiera incluir en una ronda de negociaciones a la comunidad cubana en el exilio, a los miembros de los partidos de oposición dentro de la Isla y a representantes de la sociedad civil. ¿Aceptaría usted esa propuesta?

6. ¿Considera usted que existe una posibilidad real de que el actual gobierno de los Estados Unidos opte por el uso de la fuerza militar contra Cuba?

7. ¿Invitaría usted a Obama a visitar Cuba, como muestra de buena voluntad?

Preguntas a Barack Obama, presidente de Estados Unidos:

1. Durante mucho tiempo el tema de Cuba ha estado presente tanto en la política exterior de los Estados Unidos, como entre las preocupaciones domésticas, especialmente por la existencia de una gran comunidad cubano-americana. Desde su punto de vista ¿En cuál de los dos terrenos debe ubicarse este asunto?

2. . En el caso de que existiera, por parte de su gobierno, una voluntad de dar por terminado el diferendo, ¿Pasaría eso por reconocer la legitimidad del actual gobierno de Raúl Castro, como único interlocutor válido en unas eventuales conversaciones?

3. ¿Ha renunciado el gobierno de Estados Unidos al uso de la fuerza militar, como forma de dar por terminado el diferendo?

4. Raúl Castro ha dicho públicamente estar dispuesto a dialogar sobre todos los temas, con el único requisito del respeto mutuo y la igualdad de condiciones. ¿Le parecen a usted desmedidas estas exigencias? ¿Cuáles serían las condiciones previas que impondría su gobierno para iniciar un diálogo?

5. ¿Qué participación podrían tener los cubanos del exilio, los grupos de oposición interna y la emergente sociedad civil cubana en ese hipotético diálogo?

6. Usted es un hombre que apuesta por el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información. Sin embargo lo cubanos seguimos con muchas limitaciones para acceder a Internet. ¿Cuánta responsabilidad tiene en eso el bloqueo norteamericano hacia Cuba y cuánta el gobierno cubano?

7. ¿Estaría dispuesto a visitar nuestro país?

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Made in USA

Noviembre 18, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Hace unos días, la prensa extranjera reveló que junto al canciller español Miguel Ángel Moratinos viajó a la Habana un recado de la administración norteamericana. Se le sugería a nuestros gobernantes que dieran algunos pasos en la mejoría de las libertades ciudadanas para avanzar en la dirección de poner fin al diferendo. El guiño no fue mencionado en los medios oficiales cubanos, que arrecieron por esos días las críticas a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos hace ya cincuenta años. Son estas restricciones comerciales –a mi juicio– tan torpes y anacrónicas que pueden ser usadas como justificación lo mismo para el descalabro productivo que para reprimir a los que piensan diferente. Me llama la atención, sin embargo, que en los anaqueles de los mercados las etiquetas y los tetrapacks develan lo que el discurso antiimperialista esconde: buena parte de lo que comemos dice “Made in USA”.

Nunca como ahora habíamos estado tan colgados de los vaivenes que ocurren en Washington o Wall Street. La pregonada soberanía de esta isla y el supuesto ejemplo de independencia que ella muestra al resto del mundo, oculta –en realidad– cuán necesitados estamos de esa nación donde viven miles de nuestros compatriotas. En la medida en que las consignas políticas se vuelven más enérgicas contra los yanquis, la población está más pendiente del flujo económico y migratorio que se ha establecido entre las dos orillas. El estrecho de la Florida parece separarnos, pero en realidad hay un puente invisible de afecto, apoyo material e información que une a esta isla con el terreno continental.

El zapatero de los bajos nació un par de años antes de que Estados Unidos rompiera relaciones con nuestro país, pero el pegamento que usa para sus reparaciones se lo envía un hermano desde Miami. La memoria flash que lleva aquel joven colgada al cuello, la recibió de un “yuma” que recaló con su yate en la marina Hemingway; la peluquera de la esquina manda a pedir los tintes y las cremas a New Jersey. Sin esa corriente de productos y remesas, muchas personas a mi alrededor estarían en la mendicidad y el abandono. Hasta el whisky que beben los más altos dirigentes del Partido exhibe el sello inconfundible de lo prohibido.

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Funerales

Noviembre 16, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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De un tiempo a esta parte se respira un aroma funerario. En el noticiero de la televisión ya se ha hecho un hábito, casi mensual, las imágenes de ceremonias fúnebres: toque de corneta llamando al silencio, veintiuna salvas, el paso marcial de los soldados, lágrimas y palabras de despedida. Se inauguran nuevos mausoleos y se restauran los ya existentes. A esto se le suma una febril manía por conmemorar aniversarios de cualquier hecho y ensalzar efemérides de obligatoria celebración. La senil preocupación por la conservación de la memoria ha desplazado a la juvenil inquietud creativa.

La población cubana ha envejecido, en parte por la baja natalidad, la constante emigración de los más jóvenes y la elevación de la esperanza de vida. Pero las canas se acentúan entre quienes llevan los timones del país. Quizás por eso -cada día- sean más los analistas que se inclinan a usar la palabra gerontocracia para precisar nuestra forma de gobierno. La definición pudiera parecer inexacta si se tiene en consideración el promedio de edad de los diputados a la Asamblea Nacional, pero en sentido contrario se observa que hace más de doce años no se renueva el Comité Central del Partido Comunista. Hay un buen número de ministros que todavía no rebasan los sesenta años, aunque la mayor cuota de poder está concentrada en manos de septuagenarios y octogenarios.

En lugar de acelerar la marcha hacia adelante, estos veteranos se regodean en mirar el tramo recorrido y exigir agradecimiento por lo logrado. Mientras se preparan para lo que será sin dudas el funeral más espectacular de la historia de Cuba, o lo que algunos llaman “la solución biológica”, la saga luctuosa que inunda la programación televisiva tiene visos de ensayo general. El ruido de los cañonazos ceremoniales no permite que se escuchen los golpes con los que la nueva generación está llamando a la puerta, por la que entrará como una tromba a desmontarlo todo. Arrasando -de paso- con este olor a flores secas que sentimos por todos lados.

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El último objeto de culto

Noviembre 15, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Hace varios años se proclamó el inicio de la “Revolución Energética”. Los medios oficiales anunciaron la inmediata distribución de ollas de presión que, a pesar de funcionar con electricidad, reducirían el consumo nacional de petróleo. La industria estatal comenzó a producir masivamente las necesarias juntas de goma para las tapas, que hasta ese momento eran confeccionadas sólo por productores privados y vendidas en los mercados informales a precios de abuso.

Con la meticulosa precisión de una operación militar, salieron a la calle decenas de camiones a distribuir los nuevos equipos. “Adquiéralo ahora y pague después” era la consigna, que no logró acallar a los escépticos y a quienes preguntaban cómo obtener –sin tantas dificultades– los alimentos para poner dentro de la nueva tecnología. Sin embargo, era un momento de esperanza generalizada que –como el amor– parecía estar entrando por la cocina.

Ocurrió lo mismo que con otros proyectos anteriores: al principio la distribución marchaba bien, pero al pasar los meses, ni las ollas llegaron a todos los rincones ni en todas partes fueron bien recibidas. En algunas zonas donde se vendían, era retirado inmediatamente el servicio de gas licuado y las interrupciones eléctricas ocurrían en los momentos más inoportunos. Por otra parte aconteció algo que los entusiastas no habían podido prever, existían personas que no podían pagar aquellos efectos electrodomésticos. Aún hoy se pueden ver las listas de los morosos, colocadas a la vista pública en los mismos mercados donde se comercializaron las sofisticadas cazuelas.

Aquellas ollas, que fueron el último objeto de culto del paternalismo gubernamental, dejaron de venderse y lo mismo ocurrió con las juntas de gomas, que hoy –otra vez– los artesanos alternativos nos ofrecen en plena calle al precio que impone la demanda.
* He recuperado mi condición de bípeda, abandonado la muleta y de regreso a los temas de mi cotidianidad. Gracias a todos los que me tendieron su mano solidaria, el bálsamo del apoyo y la efectiva medicina de su amistad. Aquí y aquí les dejo una breve historieta de lo ocurrido aquel viernes 6 de noviembre.

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Seres de la sombra

Noviembre 12, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Después de lo ocurrido el pasado viernes, he decidido sacar a la luz
una serie de fotos de personas que me vigilan y acosan.

Mi relación con el cine siempre fue desde las butacas, en la penumbra de una sala donde se escuchaba el sonido de un viejo proyector. Se mantuvo así hasta que comencé a vivir mi propia película, una especie de thriller de perseguidores y perseguidos, donde me toca a mí escapar y esconderme. El motivo de tan repentino cambio de espectador a protagonista ha sido este blog, ubicado en ese amplio espacio -tan poco abordado por el celuloide- que es Internet. Me desperté hace dos años con ganas de escribir el verdadero guión de mis días y no la comedia rosa que mostraban los periódicos oficiales. Pasé entonces de ver las películas a habitarlas.

Tengo mis dudas si algún día veré bajar el telón y podré salir viva del cine. El largo filme que vivimos desde hace varias décadas en Cuba no parece cercano al momento de mostrar los créditos y apagar la pantalla. Sin embargo, los espectadores ya no están tan interesados en la cinta interminable que le muestran los proyeccionistas autorizados. Más bien parecen cautivados por la visión de quienes toman un blog o una página en blanco y graban en ellos las preguntas, frustraciones o alegrías de los ciudadanos.

Creyéndome Kubrick o Tarantino, he comenzado a dejar testimonio de esas criaturas que nos vigilan y acosan. Seres de las sombras, que como vampiros se alimentan de nuestra alegría humana, nos inoculan el temor a través del golpe, la amenaza, el chantaje. Individuos entrenados en la coacción, que no pudieron prever su conversión en cazadores cazados, en rostros atrapados por la cámara, el teléfono móvil o la retina curiosa de un ciudadano. Acostumbrados a acopiar pruebas para ese expediente que todos tenemos en alguna gaveta, en alguna oficina, ahora les sorprende que nosotros hagamos el inventario de sus gestos, de sus ojos, la meticulosa relación de sus atropellos.

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La culpa de la víctima

Noviembre 8, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Después de una agresión, hay ciertos miopes que culpan a la propia víctima por lo ocurrido. Si es una mujer que ha sido violada, alguien explica que su falda era muy corta o que se contoneaba con provocación. Si se trata de un asalto, los hay que sacan a relucir el llamativo bolso o los brillantes aretes que despertaron la codicia del delincuente. En caso de que se haya sido objeto de la represión política, entonces no faltaran quienes aleguen que la imprudencia ha sido la causante de tan “enérgica” respuesta. La víctima se siente -ante actitudes así- doblemente agredida.

Las decenas de ojos que vieron como a Orlando y a mí nos metieron a golpes en un auto, preferirían no testificar, sumándose así al bando del criminal.

El doctor que no levanta un acta de maltratos físicos porque ya ha sido advertido de que en este “caso” no debe quedar ningún documento probando las lesiones recibidas, está violando el juramento de Hipócrates y haciendo un guiño cómplice al culpable. A quienes les parece que debería haber más moretones y hasta fracturas para empezar a sentir compasión por el atacado, no sólo están cuantificando el dolor, sino que le están diciendo al agresor: “tienes que dejar más señales, tienes que ser más enérgico”.

Tampoco faltan los que siempre van a alegar que la propia víctima se autoinfligió las heridas, los que no quieren escuchar el grito o el lamento a su lado, pero lo resaltan y lo publican cuando ocurre a miles de kilómetros, bajo otra ideología, bajo otro gobierno. Son los mismos descreídos a los que les parece que la UMAP fue un divertido campamento para combinar la preparación militar y el trabajo en el campo.  Esos que aún siguen creyendo que haber fusilado a tres hombres está justificado si de preservar el socialismo se trata y que cuando alguien golpea a un inconforme, es porque este último se lo buscó con sus críticas. Los eternos justificadores de la violencia no se convencen ante ninguna evidencia, ni siquiera ante las breves siglas E.P.D. sobre un mármol blanco. Para ellos, la víctima es la causante y el agresor un mero ejecutor de una lección debida, un simple corregidor de nuestras desviaciones.

Breve parte médico:

Estoy superando las lesiones físicas derivadas del secuestro del viernes pasado. Los moretones van cediendo y ahora mismo lo que más me molesta es un dolor punzante en la zona lumbar que me obliga a usar una muleta. Anoche fui al policlínico y me han puesto un tratamiento contra el dolor y la inflamación. Nada que mi juventud y mi buena salud no puedan superar. Afortunadamente, el golpe que me di cuando pusieron mi cara contra el piso del auto no ha afectado mi ojo, sino solamente el pómulo y las cejas. Espero estar recuperada en pocos días.

Gracias a los amigos y familiares que me han atendido y apoyado, se están desvaneciendo incluso las secuelas psíquicas, que son las más difíciles. Orlando y Claudia todavía están bajo el shock, pero son increíblemente fuertes y también lo lograrán. Ya hemos empezado a sonreír, que es la mejor medicina contra el maltrato. La terapia principal sigue siendo para mí este blog y los miles de temas que todavía me quedan por tocar en él.
(Nota del editor: post dictado por teléfono)
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Secuestro estilo camorra

Noviembre 7, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

(Nota del editor del blog: Video de la manifestación a la que Yoani fue impedida de participar)

Cerca de la calle 23 y justo en la rotonda de la Avenida de los Presidente, fue que vimos llegar en un auto negro –de fabricación china– a tres fornidos desconocidos: “Yoani, móntate en el auto” me dijo uno mientras me aguantaba fuertemente por la muñeca. Los otros dos rodeaban a Claudia Cadelo, Orlando Luís Pardo Lazo y una amiga que nos acompañaba a una marcha contra la violencia. Ironías de la vida, fue una tarde cargada de golpes, gritos y malas palabras la que debió transcurrir como una jornada de paz y concordia.  Los mismos “agresores” llamaron a una patrulla que se llevó a mis otras dos acompañantes, Orlando y yo estábamos condenados al auto de matrícula amarilla, al pavoroso terreno de la ilegalidad y la impunidad del Armagedón.

Me negué a subir al brillante Geely y exigimos nos mostraran una identificación o una orden judicial para llevarnos. Claro que no enseñaron ningún papel que probara la legitimidad de nuestro arresto. Los curiosos se agolpaban alrededor y yo gritaba “Auxilio, estos hombres nos quieren secuestrar”, pero ellos pararon a los que querían intervenir con un grito que revelaba todo el trasfondo ideológico de la operación: “No se metan, estos son unos contrarrevolucionarios”. Ante nuestra resistencia verbal, tomaron el teléfono y dijeron a alguien que debió ser su jefe: “¿Qué hacemos? No quieren subir al auto”. Imagino que del otro lado la respuesta fue tajante, porque después vino una andanada de golpes, empujones, me cargaron con la cabeza hacia abajo e intentaron colarme en el carro. Me aguanté de la puerta… golpes en los nudillos… alcancé a quitarle un papel que uno de ellos llevaba en el bolsillo y me lo metí en la boca. Otra andanada de golpes para que les devolviera el documento.

Adentro ya estaba Orlando, inmovilizado en una llave de kárate que lo mantenía con la cabeza pegada al piso. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que yo abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto. “Hasta aquí llegaste Yoani”, “Ya se te acabaron las payasadas” dijo el que iba sentado al lado del chófer y que me halaba el cabello. En el asiento de atrás un raro espectáculo transcurría: mis piernas hacia arriba, mi rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido, al otro lado estaba Orlando reducido por un profesional de la golpiza. Sólo acerté a agarrarle a éste –a través del pantalón– los testículos, en un acto de desespero. Hundí mis uñas, suponiendo que él iba a seguir aplastando mi pecho hasta el último suspiro. “Mátame ya” le grité, con la última inhalación que me quedaba y el que iba en la parte delantera le advirtió al más joven “Déjala respirar”.

Escuchaba a Orlando jadear y los golpes seguían cayendo sobre nosotros, calculé abrir la puerta y tirarme, pero no había una manilla para activar desde adentro. Estábamos a merced de ellos y escuchar la voz de Orlando me daba ánimo. Después él me dijo que lo mismo le ocurría con mis entrecortadas palabras… ellas le decían “Yoani sigue viva”. Nos dejaron tirados y adoloridos en una calle de la Timba, una mujer se acercó “¿Qué les ha pasado?”… “Un secuestro”, atiné a decir. Lloramos abrazados en medio de la acera, pensaba en Teo, por Dios cómo voy a explicarle todos estos morados. Cómo voy a decirle que vive en un país donde ocurre esto, cómo voy a mirarlo y contarle que a su madre, por escribir un blog y poner sus opiniones en kilobytes, la han violentado en plena calle. Cómo describirle la cara despótica de quienes nos montaron a la fuerza en aquel auto, el disfrute que se les notaba al pegarnos, al levantar mi saya y arrastrarme semidesnuda hasta el auto.

Logré ver, no obstante, el grado de sobresalto de nuestros atacantes, el miedo a lo nuevo, a lo que no pueden destruir porque no comprenden, el terror bravucón del que sabe que tiene sus días contados.

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Cuestión de tonos

Noviembre 4, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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“Te paré porque eres blanca”, me dice el taxista después de chirriar las gomas en la calle Reina, cerca de la medianoche. De sus gruesos labios de mulato salen las justificaciones –una tras otra– de por qué no acepta clientes “de color” a estas altas horas. Busca complicidad en mí, que nací en un barrio mayoritariamente negro y me encantan las pieles color canela. Apenas lo escucho. Me molestan especialmente los que discriminan a sus iguales: el custodio del hotel que increpa al cubano pero deja pasar a un turista que grita y gesticula; la prostituta que se va –por diez pesos convertibles– con un canadiense que le duplica la edad, con tal de no parecer “derrotada” por aceptar a un compatriota; el santiaguero que una vez instalado en La Habana se burla del acento de quienes vienen de su propio pueblo.

Muchas veces me levanto y tengo ganas de ser mestiza como Reinaldo o como Teo, porque cuando miran mi nariz recta y mi pellejo blancuzco creen que me ha sido fácil. Nada de eso. Hay muchas formas de ser apartado, pues junto al racismo conviven aquí la discriminación por origen social, la estigmatización por filiación ideológica y la exclusión si no se pertenece a un clan familiar con poder, influencia o relaciones. Qué decir de la subestimación que se recibe en una sociedad machista al tener un par de ovarios enclavados en medio del vientre. De ahí que me incomode tanto la disertación del chofer, que ha detenido el auto ante la palidez de mi piel. Tengo ganas de bajarme, pero es tarde, muy tarde.

¿A qué te dedicas? me pregunta bajo el semáforo de la calle Belascoaín. Soy blogger –le advierto– y las luces de la avenida Carlos III me dejan ver su cara de suspicacia y temor. “Fíjate, no vayas a contar lo que acabo de decirte”, indica cambiando el tono complaciente que tenía al recogerme en medio de la penumbra. “No quiero que después publiques en Internet boberías sobre mí”, me aclara mientras se toca la entrepierna en un gesto de poder. El pelo lacio ha dejado de ser un motivo para confiar en mí, ya mis ojos no le parecen tan almendrados y cuando le explico –con mis delgados labios– los temas que abordo en el blog, es como si lo amenazara, navaja en mano, un peligroso delincuente. Compruebo entonces que su espectro clasificatorio no sólo estigmatiza algunos matices de color, sino también ciertas tendencias de opinión, esos tonos que no se llevan sobre la epidermis pero que provocan también –en esta Isla– muestras de segregación y rechazo.

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Final de partida

Noviembre 2, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Estamos en medio del festival de teatro y eso ayuda a escapar de la aburrida programación televisiva y las limitadas opciones recreativas –casi todas en pesos convertibles- de la noche habanera. Guiados por el drama y la comedia, intentamos disipar los problemas cotidianos, las desazones y las dudas que este guión del absurdo en que vivimos nos genera. Pero en esas salas en penumbras no siempre se logra la evasión, sino que pueden encontrarse las claves para volver sobre nuestra realidad y reinterpretarla.

El sábado se exhibió en el pequeño local del teatro Argos –calle Ayestarán esquina a 20 de mayo- la obra de Samuel Beckett “Final de partida”. Fuimos temprano para alcanzar espacio en las rústicas gradas de madera. Créanme que estar casi dos horas sin apoyar la espalda y sobre una dura tabla sólo se puede resistir si se trata de una magnífica puesta en escena. Pues bien, la de antenoche era del tipo que hace olvidar los calambres y el dolor en la cervical. Y no porque moviera al divertimento o a la risa, sino por generarnos esa angustia que nos mantiene en vilo, esa desazón humana que nos hace reparar en todo lo que nos falta.

Un anciano ciego y agonizante mantiene una relación de maltrato y sumisión con su sirviente, al que encierra en la rutina y el chantaje. Sobre una silla de ruedas, el caprichoso convaleciente quiere controlar todo lo que ocurre y utiliza los ojos de su súbdito para estar al tanto. Una enfermiza gratitud y la incapacidad de imaginar otras circunstancias de vida, hacen que Clov esté atado a su amo Hamm y que posponga el día de alcanzar su independencia. Desde una sucia ventana se ve el mar, señal de todo lo vedado que existe afuera, de todo lo que nos está prohibido experimentar.

Caminamos luego hasta la casa, traspasados por el desasosiego que nos dejó la puesta en escena. Fueron demasiado fuertes las paredes pintadas de negro, los gritos del déspota reclamando atención y asomarnos –con tanta crudeza y familiaridad- a “la naturaleza incalificable de las relaciones de poder, su misterio y su ritual de culpas, chantajes, imposiciones, perdones, manipulaciones…”*.

* Palabras de Carlos Celdrán, director de Argos Teatro, en el catálogo de la obra “Final de partida”, interpretada por Pancho García, Waldo Franco, José Luís Hidalgo, Verónica Díaz.

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A puertas cerradas

Octubre 30, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

No sé por dónde comenzar a contar lo ocurrido en el debate de ayer, sobre Internet, organizado por la revista Temas. Sin dudas, la peluca rubia que me encasqueté me permitió colarme por la controlada entrada del centro cultural Fresa y Chocolate. Eso y los zapatos altos, los labios pintados, las argollas brillantes y un bolso enorme de color hiriente, hicieron que me trasmutará en un ser bastante diferente. Algunos amigos llegaron a decirme que me veía mejor así, con la falda apretada y corta, el contoneo sensual y las gafas de armadura cuadrada. Lo siento por ellos, el personaje que interpreté duró poco tiempo y hoy he vuelto a mi despeinada y aburrida apariencia.

A Claudia, Reinaldo, Eugenio, Ciro y otros bloggers no les permitieron la entrada. “La institución se reserva el derecho de admisión” y mis colegas del ciberespacio mostraron la impertinencia de quienes ya han sido excluidos de otros lugares, pero no quieren retirarse abochornados y en silencio. Adentro, yo lograba atrapar una silla a un costado del panel de los expositores. Algunos ojos diestros en mi enclenque fisonomía ya me habían detectado y una cámara me filmaba con la insistencia de quien prepara un expediente.

Un joven escritor pidió la palabra y lamentó que tantos hubieran sido impedidos de entrar; después vino alguien y mencionó términos como “enemigo”, “peligro”, “defendernos”. Cuando finalmente fui llamada, aproveché para preguntar qué relación había entre las limitaciones con el ancho de banda y las tantas webs censuradas para el público cubano. Aplausos cuando concluí. Juro que no cabildeé ninguno de ellos. Después llegó una profesora universitaria que cuestionó el por qué yo había recibido el premio Ortega y Gasset de periodismo. Todavía no he logrado encontrar la relación entre mi pregunta y su análisis, pero los caminos de la difamación son así de torcidos. Al terminar, varios se me acercaron para abrazarme, una mujer apenas con el roce de una mano me dijo “felicidades”. El fresco de una noche de octubre me esperaba afuera.

Si a todos los que no dejaron acceder hubieran logrado participar, aquello habría sido realmente un espacio de polémica sobre la red. Lo que ocurrió me pareció mustio y maniatado. Sólo uno de los conferencistas mencionó conceptos como Web 2.0, redes sociales y Wikipedia. El resto era la vacuna anticipada contra la perversa web, las repetidas justificaciones de por qué los cubanos no podemos acceder masivamente a ella. Tomé mi móvil y twitteé con premura “creo que lo mejor es organizar otro debate sobre Internet, sin los lastres de la censura y la exclusión”. Hoy en la mañana, con las ojeras de haber dormido apenas tres horas, estaba entregando manuales técnicos en la segunda sesión de nuestra Academia Blogger.

Algunas de las imágenes de este video me las hicieron llegar manos amigas y solidarias que estaban en el interior de la sala.

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Con peluca y sin Internet

Octubre 30, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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En ausencia y con cariño

Octubre 29, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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He olvidado la última vez que lloré, aunque no soy especialmente fuerte con los vaivenes de la vida, más bien me considero sensiblera y dada a la lágrima. Sin embargo, desde hace más de un año me he propuesto ser feliz a toda costa, darme tragos de placidez a la espera de tiempos peores. Me resisto a que me desdibujen la sonrisa, a que me conviertan en una paranoica que siempre mira sobre sus hombros para ver si la persiguen.

Esa infantil inclinación al retozo me ha permitido sobrellevar las negativas de viaje, el círculo radiactivo en el que intentan envolverme, los insultos, las campañas de difamación, el control de la policía política y hasta la neurosis de posibles micrófonos en mi casa. He tratado de celebrar incluso lo que me han quitado, como la posibilidad de viajar, asistir a la ceremonias de diversos premios, acceder a Generación Y desde las redes cubanas, contactar con muchos de mis amigos, entrar en eventos culturales en mi propio país y presenciar el lanzamiento de mis libros.

Precisamente hoy estoy ebria de satisfacción porque una compilación de mis textos, titulada “De Cuba, com carinho…”, se presentará esta tarde en Brasil. Atenta a las tres horas de diferencia que me separan de Rio de Janeiro, voy a festejar a las cinco de la tarde la bella edición de mis posts en portugués. Se me verán los dientes a varios metros de distancia, no sólo porque los tengo grandes y separados, sino por la carcajada permanente que llevaré colgada en la cara. Una risa corrosiva que no pueden entender los adustos rostros de quienes me han impedido llegar hasta allá; puñalada de regocijo que corta y atraviesa a quienes no saben manejar la inesperada alegría del cautivo.

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Lo que nos prometieron

Octubre 28, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Llevaba yo un uniforme blanco y rojo, tenía diez años y el tema del“bloqueo” apenas era mencionado en los ideologizados libros que me entregaban en la escuela. Eran los tiempos del optimismo y creíamos que las vacas F1 darían suficiente leche para inundar todas las calles del país. El futuro tenía esos tintes dorados que no acababan de mostrarse en nuestra despintada realidad, pero éramos un tanto daltónicos como para notarlo. Creíamos haber encontrado la fórmula para estar entre los pueblos más prósperos del planeta, de manera que nuestros hijos habitarían un país con oportunidades para todos.

Desde la tribuna, un barbado líder levantaba su dedo desafiante hacia el Norte, pues contaba con la pértiga del subsidio del Kremlin para saltar cualquier obstáculo en la construcción del comunismo. “A pesar del bloqueo…” nos decía, con la misma convicción que años antes nos había hablado de diez millones de toneladas de azúcar, sembrados de café alrededor de las ciudades y una supuesta industrialización del país que nunca llegó. Tuvimos que recortar los sueños cuando la tubería de petróleo y rublos se secó abruptamente. Llegaron los años de comenzar a explicar el descalabro y de compararnos con las naciones más pobres de la zona, para sentirnos –sino felices- al menos conformes.

Al comenzar mi adolescencia, el tema de las limitaciones comerciales estaba en casi todas las vallas del país. En las marchas políticas ya no se gritaba “Cuba sí, yanquis no” sino una nueva consigna de difícil rima “Abajo el bloqueo”. Yo miraba el plato casi vacío y no podía concebir cómo habían logrado sitiarnos las malangas, el jugo de naranja, los plátanos y los limones. Me formé repudiando el bloqueo, no porque me tragara aquello del país que pudimos ser y nos lo habían impedido, sino porque todo lo que no funcionaba intentaban explicarlo señalando hacia él.

Si mis amigos se iban en masa del país, era por la política de hostigamiento de Estados Unidos; si en el hospital de maternidad las cucarachas caminaban por la pared la culpa partía de los norteamericanos; incluso si en una reunión expulsaban de la universidad a un colega crítico, nos explicaban que éste se había dejado influir ideológicamente por el enemigo. Hoy todo comienza y termina en el bloqueo. Nadie parece recordar aquellos tiempos en que nos prometieron el paraíso, en que nos dijeron que nada –ni siquiera las sanciones económicas- iba a impedir que dejáramos atrás el subdesarrollo.

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Nomadismo en el ciberespacio

Octubre 25, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Cómo me gustaría que Generación Y tuviera uno de esos dominios “.cu” que indican su origen en territorio nacional. Daría mi mouse y la mitad de otro por ir a una oficina y decir “Señorita, por favor, vengo a hospedar mi blog en un servidor dentro de esta isla”. Pero esa posibilidad nos está vedada a los cubanos, pues el Estado aquí no es sólo dueño de todas las fábricas, las escuelas, las tiendas y los latones de basura, sino también patrón absoluto de la parcela de ciberespacio que nos corresponde.

Sólo las instituciones oficiales pueden tener una de esas direcciones web que señalan hacia esta “isla de los desconectados”. El mismo filtro político que condiciona si una persona puede viajar, comprar un auto o graduarse en la universidad, funciona a la hora de lograr una URL nacional. De ahí que poseer un sitio doméstico sea más una señal de sumisión que de criollismo, una clara pista de la anuencia estatal que está detrás de ciertas publicaciones. Por eso prefiero contarme entre el grupo de “indocumentados en la red” que hemos logrado hacer un palenque lejos de esos rígidos capataces.

Hubiera querido desarrollar esta tesis de nuestra indigencia como internautas en el Palacio de las Convenciones, la semana pasada, durante el evento de FELAFACS*. La cita tuvo esos aires de debate que corren cuando hay invitados extranjeros. Sin embargo, excluyó a los que –en el propio patio– tienen criterios diferentes. Se presentó una ponencia –procedente de Brasil– titulada “Generación Y e Nomadismo Ciberespacial: reflexões sobre formas de pensar na era digital” de los académicos Angela Schaun y Leonel Aguiar, que fue leída por el colega José Mauricio Conrado Moreira da Silva. Una exaltada profesora universitaria arremetió contra el ponente, recordándole que GY está ubicado fuera de Cuba. Lo que no le dijo –porque la omisión es el embalaje en que se envuelve la mentira– es que sólo así ha podido existir, que únicamente lejos un ciudadano puede tener su propio espacio de opinión.

Cual cimarrón que ha probado el gusto del monte virtual, ya no puedo regresar al cepo, el látigo y los grilletes. Mi blog algún día encontrará espacio en un servidor de esta Isla y –créanme– no tendrá para ello que pasar por el aro de la pirueta ideológica.

*XIII Encuentro latinoamericano de facultades de comunicación social.

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El nuevo cartismo

Octubre 23, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Los buzones de correo se parecen a las urnas electorales, tienen una rendija para introducir el papel y su contenido –ya sea una carta o una boleta– recibe en esta Isla similar irrespeto. A pesar de las limitaciones con la correspondencia, resulta más fácil hacer llegar un sobre a su destino que incidir con nuestro voto en el curso del país. De ahí que uno de los deportes más practicados por mis conciudadanos sea el de escribir sus quejas a las instancias superiores, dirigidas justamente a los causantes de la mayor parte de nuestros problemas.

Una señora redacta un largo lamento sobre la fosa albañal que brota en el patio de la escuela cercana; el vendedor de pizzas denuncia por escrito al inspector que le exige un porcentaje de las ventas a cambio de no cerrarle el kiosco; aquel paciente necesitado de una cirugía deposita su misiva contando que lleva un año a la espera de entrar al salón de operaciones. Los reclamos son tantos que en muchos ministerios la recepción de cartas corresponde a un departamento con varios empleados. Una verdadera inundación de hojas que repiten –una y otra vez– el conocido encabezamiento “Por este medio, me dirijo a usted…”

De un tiempo a esta parte ha aparecido la modalidad de la carta digital que se echa a circular por la intranet de varias instituciones. De forma similar, se inició la polémica intelectual de 2007 y ahora vemos asomar los criterios inconformes de varias personalidades de la cultura. Por mi pantalla han desfilado la carta del actor Armando Tomey, otra del crítico literario Desiderio Navarro y una muy buena de Luis Alberto García, quien interpreta el personaje de Nicanor en los cortos de Eduardo del Llano. El cartismo ha venido a sustituir al necesario referéndum a través del cual expresar nuestros reclamos de cambio.

Nuestra tendencia epistolar tiene similitudes con aquel movimiento de la Inglaterra decimonónica que logró más de un millón de firmas para presentar La Carta del pueblo ante la Cámara de los Comunes. Los cartistas de entonces lograron presionar para que se introdujeran ciertas reformas, pero tengo la impresión de que nuestras esquelas son papel mojado, broma de boleta, tinta que se diluye ante la inercia estatal.

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La razones de José Alejandro

Octubre 21, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Nadie conoce mejor los mecanismos de la censura en Cuba que quienes escriben en los pocos periódicos de tirada nacional. La prensa se ha convertido aquí en una profesión escabrosa que obliga a medir los adjetivos, sopesar los temas y esconder muchas veces la opinión personal en aras de conservar el empleo. Es una decisión de vida ser un periodista de los medios oficiales, lo sé, pero también conozco algunos que se han quedado atrapados en los vericuetos de la complicidad, esperando ese día en que puedan escribir lo que piensan.

De aquella redacción del periódico Juventud Rebelde donde trabajó Reinaldo hasta 1988, queda muy poco, pues la mayoría de sus colegas de entonces viven hoy en Miami, México y España. Otros se han retirado de la profesión, desengañados ante la abortada glasnost y los consecutivos llamados a la crítica, que terminaron por ser un cebo para los más atrevidos. José Alejandro Rodríguez sobrevivió a todo eso y lleva su batalla personal en la sesión “Acuse de recibo”, donde publica las cartas de los lectores con sus reclamos e interrogantes. Cada vez que leo su cruzada contra el burocratismo y lo mal hecho, percibo el conteo regresivo que probablemente culminará con su silenciamiento profesional.

Hace unos días, José Alejandro no pudo más. Sacó de sí todo lo que tenía acumulado sobre la “excesiva centralización” a la que está sometida la prensa en esta Isla y condenó el secretismo que rodea las decisiones gubernamentales. En su artículo “Contra los demonios de la información secuestrada” se palpa el verbo de un hombre honesto que todavía cree en la posibilidad de humanizar el actual sistema a través de la transparencia informativa. Discrepo sana y respetuosamente con él, pues lo que se ha desarrollado sobre la base de esconder, condenar y filtrar no puede sobrevivir a la luz clara que emana de un periodismo incisivo y libre.

Las tres cuartillas de su arenga duraron apenas unas horas en la versión online de JR. El artículo fue secuestrado por los sagaces halcones de la ortodoxia, quienes conocen bien el peligro de una Nación que comienza a enterarse de todo aquello que le esconden.

Una copia del artículo “Contra los demonios de la información secuestrada” se puede leer aquí.
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Las notas del nuevo himno

Octubre 19, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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“¿Cómo se grita en Twitter?” Fue uno de los primeros mensajes que envié al descubrir el potencial de expresarme en ciento cuarenta caracteres.

Hoy, tengo que preguntar cómo se canta el himno movilizador de un pueblo en la red, cómo se lleva lejos este deseo de cambio que veo en todos los rostros a mí alrededor. Antes se lograba con el sonido de las cornetas, el galopar de los caballos y unas estrofas que convocaban a los bayameses a “morir por la patria”; pero ahora todo es diferente.

Se me ocurre usar los kilobytes, acogerme al filo de la palabra que es también cortante y hace crecer preceptos más duraderos que el machete. Recorran la red, pues, los cinco puntos de esta blogacción como el toque a degüello contra el control, el autoritarismo y la censura:

•- Libertad de opinión

•- Libertad de acceso a Internet

•- Libertad para entrar y salir de Cuba

•- Libertad de asociación

•- Libertad para los presos de consciencia

•- Libertad para Cuba

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Foto de familia

Octubre 17, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Imagen tomada del “underblog” del Ministro Miguel Ángel Moratinos

En la instantánea que se llevará el canciller español Miguel Ángel Moratinos de su visita a Cuba no habrá espacio para los parientes inconformes. Frente al lente, estarán las sonrisas forzadas de los ministros, el lustre de las cancillerías y la fingida complacencia de los que detentan el poder. En la composición sobrarán los que dicen “no” y serán excluidos los escépticos. Sólo se admitirán rostros felices delante de la cámara, por aquello de que la ropa sucia se queda en casa, aunque hace décadas no se enciende la lavadora de la discusión pública ni se permite aplicarle detergente a la maloliente utopía.

El que se mueve no sale en la foto, porque la imagen resultante deberá recabar apoyo político y económico, no generar preocupación. De ahí que pintarán con cal sobre las telarañas, esconderán los uniformes militares bajo los trajes de protocolo y –por un breve momento– aparentarán menos años de los que realmente tienen. Se evitarán los temas espinosos. ¿Para qué incomodar al visitante? Y una vez que se marche, algún que otro niño travieso recibirá su cocotazo por molestar al invitado. Tendrá color sepia y dulzón el retrato de familia que quedará de esta visita, porque los tonos contrastados de la realidad no caben en el álbum de la diplomacia.

Con una de esas camaritas bobas con las que se hacen las mismas fotos turísticas de siempre, se tomarán las repetidas imágenes habituales: una escuela llena de estudiantes con uniformes bien planchados, una fábrica de maquinarias relucientes y modernas, una obra de ingeniería a punto de terminar y no faltará –claro está– el baño de multitudes preparadas, organizado desde arriba.

El negativo debe quedar impecable para su posterior impresión en las páginas de la historia. Si acaso se escapa algún detalle inapropiado, habrá que arreglarlo en Photoshop, retocar la foto de la ya trucada normalidad y enmendar las caras de los que no salieron sonriendo.

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Cantarles las cuarenta

Octubre 15, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Soy un poco ilusa. Hasta el minuto antes que comenzara la ceremonia del María Moors Cabot –celebrada ayer– pensé que el gobierno cubano iba a cambiar su decisión y dejarme salir. De ahí que guardé la grabación que hice en la Oficina de Inmigración y Extranjería el lunes 12 de Octubre. Hoy, al comprobar que sigo en el mismo sitio, me he decidido a publicarla, pensando especialmente en todos aquellos que están pasando por situaciones similares.

La emoción, el tener tanto que decir, me hicieron hablar a una velocidad difícil para subtitular, pero siento el alivio de haber dicho ante esos uniformes militares todo lo que pienso de ellos y de sus restricciones absurdas.

Disculpen las deficiencias del video, pero se trata de una grabación totalmente aficionada, como todo en este blog.

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Lecciones de biología

Octubre 14, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Máquinas de bypass que se apagan, llantos de bebé que resuenan. Cuños que caen sobre las hojas para negar y censurar; kilobytes que llevan mi voz por Internet sin necesidad de moverme. Alguien que me mira ceñudo mientras habla por el walkie-talkie del control. Un pájaro llamado Twitter me alza entre sus patas. Oficinas con gente uniformada que confirman “usted no puede viajar por el momento”, si bien ya estoy a miles de kilómetros de aquí, en ese mundo virtual que ellos no pueden comprender ni cercar.

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Arquitectura de la urgencia

Octubre 11, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

En la madrugada quitaron los primeros ladrillos de la tapia exterior, para venderlos –cada uno– a tres pesos en el mercado negro. Como una legión de hormigas, los más pobres de la zona tomaron la vieja fábrica clausurada y comenzaron a desmontarla. En la esquina unos niños vigilaban por si la policía se acercaba, mientras los padres cernían el residuo de los escombros para extraer recebo. Las hábiles manos tumbaban durante el día y acarreaban en la noche, esos materiales de construcción que les permitirían levantar sus propias casas. Después de tres semanas, de las enormes naves techadas sólo quedaban el suelo y unas columnas que se erguían en el vacío. Todo lo que se podía usar había sido trasladado hacia territorio de necesidades, había pasado a fomentar la arquitectura de la urgencia.

En una isla donde adquirir cemento, bloques o acero es comparable a conseguir un poco de polvo lunar, destruir para edificar se ha convertido en una práctica común. Hay especialistas en sacar intacto un ladrillo de barro después de ochenta años incrustado en una pared, peritos en despegar los azulejos de una mansión demolida y diestros “deconstructores” que extraen las vigas de metal de los derrumbes. Usan lo rescatado para crear su propio espacio habitable, en un país en el que nadie puede comprar –legalmente– una casa. Sus “canteras” principales son aquellas viviendas que se han venido abajo o los centros laborales que la desidia estatal abandona durante largos años. Caen sobre ellos con una eficiencia en el despojo que ya quisieran tener los adormilados albañiles que laboran por un salario.

Entre estos diestros recicladores, algunos han muerto al desplomarse un techo o al caer un muro que habían agujereado demasiado en su base. Pero de vez en cuando la suerte también les sonríe y encuentran una taza de baño sin rajaduras o un tomacorriente que –en la prisa– los dueños de la casa derruida no pudieron llevarse. A kilómetros del sitio del saqueo, una pequeña morada de lata y zinc comienza a cambiar lentamente. Le han añadido las baldosas del edificio que se desplomó en Neptuno y Águila, un pedazo de la reja exterior del palacete abandonado en la calle Línea y hasta un vitral arrancado de un convento en la Habana Vieja. Dentro de este hogar, fruto del pillaje, una familia –igual de saqueada por la vida– sueña con la próxima fábrica que desmantelarán y cargarán sobre sus hombros.

* Poema “Plan económico” de Amaury Pacheco, leído por el autor.

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Tuve una pañoleta ¿y qué?

Octubre 8, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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En todas las escuelas del país se hace hoy una ceremonia para que los niños de primer grado entren en la organización pioneril. El matutino dura más que de costumbre, los padres acompañan a sus hijos mientras les ponen las pañoletas y gritan –por primera vez– la consigna de “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Yo también pasé por eso en dos ocasiones, una cuando me tocó alistarme en la OPJM* y otra aquel día en que presencié como se iniciaba Teo. De las dos guardo recuerdos tan diferentes que parecen haber ocurrido en dimensiones totalmente opuestas.

En mi caso eran los años del fervor ideológico y con apenas 93 centímetros de estatura, yo estaba dispuesta a dar la vida por la pañoleta que acababan de colocarme. Me sentía tocada por la mano de la Patria, aunque en realidad sólo estaba siendo sumada a las filas de una ideología. El lema de la organización a la que acababa de entrar parecía el santo y seña que me abriría todas las puertas, aunque en ese entonces ni siquiera sabía que el sufijo “-ismo” forma sustantivos que significan “doctrina, secta, sistema”. Lo menos que me hubiera gustado es que me apartaran como a Lybna, que por ser Testigo de Jehová no había hecho “los votos” junto al resto de los niños del aula. Sobre ella planeaba una sombra que se hacía más oscura –precisamente– por no llevar atada al cuello aquella tela azul.

Pasaron veinte años y estuve con mi hijo una mañana de octubre para verlo entrar en ese movimiento pioneril en el que ya yo no creía. La maestra recorrió la fila y pidió a los niños que repitieran el slogan sobre el Che Guevara. Teo se quedó en silencio y proyectó un puchero que no escapó a los ágiles ojos de la directora. Cuando le cuestionaron el por qué no decía la consigna, como el resto de los estudiantes, apuntó con su simpleza infantil: “Porque el Che está muerto y yo no quiero estar muerto”. Supuse que mi hijo acababa de ser etiquetado en el catálogo ideológico con la peor de las letras, la “C” de contrarrevolucionario. Pero no, la maestra se rió y le dio su primera lección de oportunismo “Ay, Teo, repite la consigna y ya, para qué te vas a meter en problemas”.

•· OPJM: Organización de Pioneros José Martí.

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Pandemia y detergente

Octubre 6, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Persigo –sin éxito– un pomo de detergente para fregar esos vasos marcados por la grasa y las huellas dactilares, que ya no ceden ante el agua sola y el trapito. Tras el jabonoso líquido, he caminado hoy parte de La Habana, pues los anuncios televisivos nos llaman a aumentar la higiene ante el avance del H1N1. Sin embargo, la alerta provocada por la epidemia no ha hecho que en las tiendas rebajen los productos de limpieza, ni siquiera el costo de un simple jabón que equivale al salario de toda una jornada de trabajo. En lugar de eso, ha ocurrido lo contrario. El colapso de las importaciones se hace más notable en aquello que sirve para bañarse o desinfectar.

La voz del locutor nos llama a lavarnos las manos frecuentemente, usar pañuelos cuando estornudamos y mantener una buena higiene personal, pero la realidad nos obliga a la cochambre. Faltan los tapabocas, el agua corriente en muchas casas, la simple tenencia de una vitamina C con que fortalecer el organismo y la limpieza en los sitios públicos. La llamada “gripe porcina” tiene, así, un terreno propicio donde propagarse. Mientras avanza en nuestros barrios, los medios oficiales mantienen su parquedad y no mencionan las escuelas cerradas, los sitios en cuarentena y los hospitales repletos.

Esta ilusión de paraíso nos está matando. Este querer aparentar que vivimos mejor y que nuestras estadísticas se desmarcan de la media mundial, no logra esconder la fragilidad de nuestra sociedad ante una epidemia que exige recursos materiales en manos ciudadanas. Si enjabonarse el cuerpo o tener un poco de alcohol para esterilizar las manos se convierten en lujos, ¿cómo vamos a detener la pandemia que ya tenemos encima? Si ni siquiera llegó la cuota de jabón de septiembre al mercado racionado, cómo es posible que en la tele se convoque a la higienización sin aludir a la base material para lograrla. ¿Es qué no habían notado antes que nos estábamos hundiendo en la mugre? Tenían que hacer estragos la conjuntivitis, las diarreas y los virus para que repararan en que la sanidad no es solamente la de bata blanca y estetoscopio, sino que comienza en las calles, en la recogida de la basura, en las duchas de las casas y en esa madre que no puede fregar el plato donde comerá su hijo.

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Experimentados camaleones

Octubre 5, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Hasta mediados de la década de los ochenta, se les podía encontrar a todo lo largo del territorio nacional. Durante un cuarto de siglo, su presencia se impuso, eran agresivos y exhibicionistas. Parecían absolutamente convencidos. Optimistas impermeables a cualquier desánimo, tenían siempre a mano el argumento preciso para salirle al paso al derrotismo, al comentario tendencioso del “enemigo”. Los caracterizaba una sonrisa arrogante como preludio a sus respuestas, un aire didáctico lleno de superioridad y una mirada entre despectiva y piadosa cuando prodigaban su claridad entre los confundidos. A veces se mostraban sorprendidos, asombrados de que existieran personas que no comprendieran que el futuro luminoso estaba a punto de llegar y de imponerse.

Ahora algunos de ellos–como experimentados camaleones– se han metamorfoseado y estudian las reglas del marketing para aplicarlas en las empresas mixtas con capital extranjero donde ocupan cargos de gerentes. Tienen el olfato fino para oler los cambios inevitables que vendrán. Cuando se quedan a solas con alguien excluido y crítico –como yo– nos palpan el hombro mientras nos dicen al oído “estoy contigo”. De esa y otras maneras, los oportunistas creen que se reservan un lugar en el mañana, donde planean llevar la máscara que haga falta con tal de seguir beneficiándose.

La trasmutación de esta especie, que depredaba a quienes tenían un pensamiento diferente, ha contribuido a un leve mejoramiento en el clima espiritual de la nación. Ante la paulatina desaparición de los inquisidores, los herejes van ganando confianza, lo que no significa que se hayan apagado las hogueras. Las instituciones represivas siguen intactas, la diferencia es que ahora están faltos de argumentos y solo puede esgrimirse el deseo de mantenerse en el poder, no ya como una clase social que pugna por reivindicar sus derechos, sino como una casta, un clan familiar que defiende sus intereses.

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El vuelo de la Suzuki sobre Taguayabón

Octubre 3, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Un puente roto, el nombre indígena y la sensación de que el poblado de Taguayabón está varado en los primeros años del siglo veinte. Así lo vi hace tres semanas, cuando trasladamos el virus blogger hasta la provincia de Villa Clara. Los ojos pasmados de quienes jamás se han sentado frente a una computadora conectada a la red, hurgaban las bitácoras que llevábamos copiadas. Explicarles en qué consistía Google fue complicado, pues en ese lugar la simple búsqueda de una certificación de nacimiento en el registro civil ya es extremadamente difícil. Imagínense la sorpresa cuando se enteraron de que con un simple clic se puede listar todas las referencias a un hecho, a una personalidad, a una temática.

Las nuevas tecnologías en manos ciudadanas, fue el tema central de una charla que hicimos Reinaldo y yo ante una docena de personas, algunas de ellas llegadas desde Camajuaní. Cuando nos fuimos vino la otra parte, un vuelo de motos –marca Suzuki*– planeó sobre la pequeña calle principal y las vías aledañas. Interrogaron a varios de los participantes de aquella jornada de conocimientos, intimidaron a los más jóvenes y hasta confiscaron un caballo que –puedo asegurarles– no tuvo nada que ver con el Itinerario blogger. El miedo apagó el flujo de aire virtual que había soplado brevemente sobre los habitantes de aquella tierra villaclareña. Los inquietos muchachos que no dan la cara volvieron a cumplir su papel y a repetir la cantinela de la CIA y el Pentágono detrás de la blogósfera alternativa cubana. Pero el germen de Wordpress y Blogger ya había entrado bajo la epidermis. El martes, varios habitantes de Taguayabón me llamaron para confirmarme “Queremos comenzar a publicar en Internet”.

• Las motos Suzuki se asocian con la presencia de oficiales de la Seguridad del Estado.

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Velada confesión

Octubre 2, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez
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“Habrá que resolver de otra manera” le comentó Jorge a su hermano cuando se enteró de la supresión del almuerzo en varios centros laborales. Su puesto de cocinero en una dependencia estatal le había hecho vivir al margen del simbólico salario que recibe cada mes. Gracias al desvío de alimentos y su posterior venta en el mercado negro, logró cambiar su pequeña casa por otra más amplia. Adquirió un DVD-Player que le evita ver la aburrida programación televisiva y hasta llevó sus hijos a Varadero en las vacaciones pasadas. Su negocio era sencillo: se encargaba de proveer arroz a un kiosco que ofertaba cajas con comida, suministraba aceite -que extraía del almacén- a un cuentapropista y una vendedora de sándwich le pagaba por esos panes que nunca llegaban a la bandeja de los trabajadores.

Ahora todo parece haber terminado para este ágil comerciante de lo ajeno. En varios ministerios se comenzará a distribuir 15 pesos cubanos para que los empleados se organicen por sí mismos la comida del mediodía. La cifra ha sorprendido a muchos, especialmente a aquellos que ganan menos de esa cantidad por una jornada laboral de ocho horas. Si el importe entregado para almorzar asciende a tal número, entonces el Estado cubano está reconociendo que para sufragar los gastos de alimentación y transporte debería pagar -al menos- tres veces esa cantidad por cada día de trabajo.

Ya Jorge está pensando cambiar de empleo dentro de la misma empresa y asumir el cargo de administrador. Hasta hace una semana, ese era un puesto con demasiadas responsabilidades y poca “búsqueda”, pero repentinamente se ha vuelto una posición atractiva. En sus manos estará confirmar cuántos días asistió un empleado para que éste reciba el pago para almorzar. Ya tiene planeado hacerse de la vista gorda ante las ausencias de los trabajadores y dividirá el monto del almuerzo entre él y el empleado que no vino. Cambiará gustosamente los sacos de frijoles y harina por las nóminas y las tarjetas donde se apunta la asistencia. Quizás para el próximo año pueda llevar a su familia a la lejana playa de Baracoa.

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Computadora sin papeles

Septiembre 29, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Tocaron a la puerta con una orden de registro que la madre de Aldo apenas pudo ver. Fueron directo al cuarto para ocupar la computadora donde se almacenan las letras de esas canciones que circulan por todo el país. No hubo manera de hacerle ver al policía que aquel hombre de cabello largo y tatuajes por todo el cuerpo no era un delincuente. A los uniformados, se les da mal el hip hop y un peludo pintoreteado es lo que más se les parece a un malhechor. No tuvieron en cuenta que a éste, sólo una semana antes, Juanes lo había evocado en la Plaza de la Revolución cuando mencionó al grupo Los Aldeanos. La noticia de la detención se regó y hasta el propio cantautor Silvio Rodríguez intercedió para que le devolvieran el ordenador y lo dejaran ir a casa.

Aldo y Bian ya han sido apartados de casi todo, menos de ese don para la música que la censura no ha logrado quitarles. Unos amigos distribuyeron hojas impresas para denunciar la exclusión contra el popular dúo y propusieron que “asumir a estos hombres como órganos vitales de la nación, es cuestión de honor”. Pero la nuestra es una sociedad ingresada en terapia intensiva, con partes trasplantadas y una máquina de diálisis conectada a esa zona donde debería funcionar una ciudadanía. Vivimos en una Isla donde se extirpa y se amputa porque unos pocos diagnostican que un miembro tiene gangrena, cuando en realidad es –simplemente– diferente.

Al llevarse al músico con su computadora –que carece de papeles de propiedad, como la gran mayoría que hay en Cuba– quizás estaban aplicándole una inyección de susto, la conocida medicación para aumentar el miedo. Pero ya no les funciona como antes. Ahora, la aprensión se trasmuta en canciones, en blogs, en discos que circulan de mano en mano, mientras que las confiscaciones y las detenciones sólo logran que lleguen más lejos.

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Pronósticos y plazos incumplidos

Septiembre 27, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Por estos días, me sumerjo –otra vez– en los trámites del permiso para viajar fuera de Cuba. La posibilidad de estar el 14 de octubre en la Universidad de Columbia para la entrega del María Moors Cabot es remota, pero voy a continuar con el papeleo. Tampoco tengo muchas esperanzas de ir a la presentación de mi libro en Brasil, aunque el senado de ese país ha hecho gestiones para lograr que me suba al avión. Todas estas dificultades para obtener el permiso de salida, me hacen evocar las palabras dichas hace dieciocho años por Carlos Aldana, un benjamín caído en desgracia y que –según se dice– actualmente da clases de marxismo a adultos de la tercera edad.

En una entrevista de 1991 para la revista española Cambio 16, el otrora número tres del poder en Cuba aseguró que: “este año los cubanos podrán viajar libremente al exterior”. Sólo que no precisó si lo íbamos a hacer con las alas de la imaginación y si un año contenía doce meses o casi dos décadas. Para que repasen sus declaraciones de aquel entonces y comprueben cuánto nos siguen repitiendo los mismos estribillos, les dejo copiada la entrevista.

*Agradezco este documento fotocopiado a la periodista Miriam Leiva.

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Pas de quatre

Septiembre 24, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez




La polvareda levantada por el concierto de Juanes, nos hizo desatender temas importantes de nuestra realidad. En las calles apenas se comentaron las medidas implementadas por Obama para flexibilizar los envíos y viajes a la Isla. Incluso las negociaciones para restablecer el correo directo entre Estados Unidos y Cuba, quedaron relegadas a la indiferencia. Las luces incandescentes de la farándula dejaron en la sombra la nueva regulación oficial –aún no puesta en práctica– que permite a los correos cubanos brindar acceso a Internet en moneda convertible. Hasta se pasó por alto la presentación, el viernes pasado, del séptimo cortometraje en la saga de Nicanor, dirigido por Eduardo del Llano.

Ahora que hemos regresado a los desteñidos colores de la cotidianidad, he vuelto a mirar el recién estrenado “Pas de quatre”. La historia ocurre dentro de un “almendrón”, cuyo chofer ofrece sus servicios gratuitamente. Entre los tres pasajeros que logran subirse a bordo del peculiar taxi, uno debe llevar –cuanto antes– su análisis de heces fecales a un lejano policlínico. El conductor, interpretado por Luis Alberto García, expone una filosofía novedosa sobre el daño que le hace a la nación la inmovilidad y las dificultades en el transporte. Al ritmo de las ruedas sobre el asfalto, llega a decir que “No hay concepto más libertario y subversivo, que el de un cubano turista”.

Pues sí, moverse se ha convertido en un acto contestatario. De ahí que facilitar a la gente la entrada y la salida, el desplazamiento o el cambio de ubicación, puedan desatar transformaciones insospechadas en al ámbito nacional. Se imaginan si a todos nos diera por querer viajar, hacer uso de las carreteras y visitar a esos parientes que no vemos hace veinte años. Si una fiebre de movimiento tomara por sorpresa el país, el estremecimiento podría contagiar a los burócratas y a todos esos dirigentes carentes del concepto del dinamismo. Quién sabe si la sacudida remueva también a los que hoy son un freno para deslizarnos –finalmente– por el camino de las transformaciones.

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El concierto visto desde el público

Septiembre 21, 20009

Escrito por:  Yoani Sánchez

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Después de Juanes

Septiembre 20, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Mañana amanecerá como cada lunes. El peso convertible seguirá por las nubes, Adolfo y sus colegas tendrán otro día tras las rejas en la prisión de Canaleta, mi hijo escuchará en la escuela que el socialismo es la única opción para el país y en los aeropuertos nos seguirán pidiendo un permiso para salir de la Isla. El concierto de Juanes no habrá cambiado significativamente nuestra vida, pero tampoco fui a la Plaza con esa ilusión. Sería injusto exigirle al joven cantante colombiano que impulse aquellos cambios que nosotros mismos no hemos logrado hacer, a pesar de desearlos tanto.

Estuve en aquella explanada para comprobar cuán diferente puede ser un mismo espacio cuando alberga concentraciones organizadas desde arriba o cuando cobija a un grupo de personas necesitada de bailar, cantar e interactuar, sin la política de por medio. Fue una experiencia rara estar allí, sin gritar una consigna y sin tener que aplaudir mecánicamente cuando el tono del discurso apuntaba que era el momento de ovacionar. Claro que algunos elementos sí se parecían a los de cualquier marcha por el primero de mayo, especialmente la proporción de policías vestidos de civil dentro del público.

Ciertos detalles técnicos resultaron incómodos. El audio no se escuchaba bien, la pequeña pantalla que reproducía lo que ocurría sobre el escenario no se veía en la distancia y la hora elegida era inhumana, por coincidir con los peores momentos del sol. Por suerte se nubló después de las cuatro y los que estaban atrincherados debajo de los pocos árboles se lanzaron a bailar con Orishas. Son detalles a superar en la próxima presentación que hará Juanes en Cuba, esa donde no abundarán las fallas técnicas y en la que sí podrán cantar los excluidos de esta tarde.

Si vemos la presentación de este 20 de septiembre como el ensayo general del concierto que algún día tendremos, entonces hay que felicitar a los que participaron. Incluso si no hubiera otra y la Plaza retomara sus solemnidad y su grisura, al menos esta tarde de domingo vivimos algo diferente. En un sitio donde se ha sembrado sistemáticamente la división entre nosotros, Juanes –al caer el sol- ha gritado “¡Por una sola familia cubana!”

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Sanatorio para Pánfilo … ¿y comida? ¿y libertad?

Septiembre 18, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Me he levantado con la noticia del traslado de Pánfilo desde la cárcel a una clínica psiquiátrica, quizás para comenzar allí su desintoxicación. En la lista de las victorias alcanzadas –que aún son pocas y limitadas– por la sociedad civil cubana durante el último año, hay que anotar la salida de este humilde hombre de la celda. En la breve enumeración de lo logrado, debe estar también la liberación de Gorki Águila hace más de un año y la no aplicación de una resolución que impedía a los nacionales conectarse a Internet en los hoteles.

Pienso que la evolución de lo acontecido en el caso “Pánfilo”, ha sido lograda por la labor de quienes llevaron la campaña Jama y Libertad y que ayer mismo entregaron tres mil firmas pidiendo su liberación. También hay que agradecerle a numerosos medios de prensa internacionales que contribuyeron a llamar la atención sobre los dos injustos años de condena contra Juan Carlos González. La blogósfera alternativa -como era de esperar- ayudó a empujar el muro, que parecía robustecerse aquel día en que encarcelaron a quien sólo reclamaba comida.

De todas formas, la metedura de pata de juzgar por peligrosidad predelictiva a un inofensivo borrachín de barrio, no se olvida tan fácilmente. Ahora, hay que esperar que pueda retornar a su casa, tener acceso a esa alimentación que todo ser humano merece y a esa libertad de expresión que le permita decir ante una cámara lo que siente, sin vérselas por ello con un fiscal. Si de alguna manera la entrega al representante de Juanes del documento “¡Lleva Carta!” ha servido para abrirle las rejas a Pánfilo, entonces hay una razón más para aplaudir este concierto del día 20 de septiembre. Lástima que debamos esperar a que los famosos nos visiten para que se corran los cerrojos, pero no obstante ese detalle, anotaremos el triunfo como nuestro.

Ya saben: si van a brindar con algo, que sea con agua, nada de alcohol para celebrar la excarcelación de Pánfilo.

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El kitsch ideológico

Septiembre 17, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

En un ambiente de luces tenues y con un mojito en la mano, puedo disfrutar de esas canciones que en otro contexto me parecerían dulzonas, cursis y de letra fácil. Pongo a dormir al crítico que llevo dentro y me dejo llevar, si la situación así lo merece, por esos temas que riman “dolor” con “amor” y “sufrir” con “morir”. El kitsch romántico puedo tolerarlo, pero el mal gusto en la política es algo que me resulta insufrible. El abuso de imágenes y consignas, repetidas hasta perder la carga emotiva que una vez tuvieron, acentúan esa cursilería abundante en las sociedades extremadamente ideologizadas como la nuestra.

Unas breves imágenes de un “Bazar del arte revolucionario” en una céntrica calle de la Habana Vieja, confirman mi hipótesis de los elementos decorativos asociados a una ideología. Para comprar allí cualquiera de esos atributos identificadores de un proceso, hay que pagar con una moneda diferente a la que nos amortiza nuestro trabajo. Curiosamente los “íconos” de la entrega desinteresada a un proyecto social, son vendidos a partir de una evidente relación de oferta y demanda. El dinero se trasmuta así en un pulóver, una gorra o una mochila que después se exhibirá como una reliquia, como algún trozo del madero de la utopía.

Los rostros que se ven en este pequeño comercio, son para muchas personas –fuera de Cuba- parte de la contracultura para enfrentarse al status quo. Son los emblemas a los que algunos apelan en el intento de cambiar lo que no les gusta de sus respectivas sociedades. Pero en esta Isla ocurre justo lo contrario, esos que nos miran desde los afiches y las camisetas son -para nosotros- quienes crearon el actual orden de cosas, los gestores del sistema en el que vivimos desde hace cincuenta años. ¿Cómo portar alguno de estos símbolos, sin tener la sensación de que se está asumiendo la cultura del poder, los emblemas de los que mandan?

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Bluetooth: decir sin palabras

Septiembre 14, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Estaban a tres metros uno del otro y orientaron sus móviles -como dos cowboys en mitad de un duelo- para lanzarse el video clip “Decadencia” y las últimas fotos de Carlos Lage. La información viajó por el aire y se almacenó en la memoria de cada artilugio telefónico. No quedaron rastros del envío, ni siquiera los que estaban alrededor se dieron cuenta que casi cincuenta megabytes habían cruzado el parque en unos breves minutos. Cuando la noche avanzó, le pasaron los “materiales” a una docena de amigos, que al otro día los transfirieron a otros cincuenta.

La tecnología bluetooth es la pesadilla de los censores. Libros prohibidos en formato pdf, canciones que nunca se escuchan en la radio, blogs bloqueados hacia el interior de la Isla y todo tipo de noticias ausentes de los medios oficiales se trasmiten a través de estas radiofrecuencias. En la capital, es un fenómeno que va en aumento, especialmente entre los más jóvenes. Incluso hay quienes portan un teléfono celular que sólo usan como medio para almacenar e intercambiar fotos, música y videos, al no poder costear los altos precios del servicio móvil.

Lo intangible se abre paso en esta sociedad donde imprimir y distribuir una publicación podría llevarnos a la cárcel bajo el delito de “propaganda enemiga”. Numerosos periódicos, exclusivamente virtuales, están viendo la luz, mientras una cultura de lo digital deja fuera del juego a quienes piensan que las revoluciones se hacen sólo con armas y con discursos. Para ellos, estas ondas omnidireccionales son puro juego de muchachos. Es mejor que así lo crean. Cuando se den cuenta de su importancia, lo inalámbrico habrá logrado reconectar todas esas hebras que –sistemáticamente- han sido cortadas entre nosotros los ciudadanos.

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Labios pintados

Septiembre 13, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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La crisis económica en Cuba nos obligó a encontrarle sustituto a casi todo, incluso a los cosméticos. En los años noventa, el betún de lustrar los zapatos se usó para resaltar las pestañas, el detergente de fregar se convirtió en champú y el vinagre en suavizador. Una amiga muy humilde se sintió aliviada cuando descubrió que podía pasar un pañuelo por las paredes –pintadas con cal- y con él empolvarse la cara. El laxante se dejaba reposar para que flotara el aceite mineral que contenía y que se usaba como dorador de piel.

En una muda complicidad hombres y mujeres concertaron desvestirse con la luz apagada y así no revelar los huecos y los zurcidos de su ropa interior, que se lavaba en la noche y se secaba detrás del refrigerador para usarla al otro día. Lo más humillante fue retornar a la costumbre de nuestras abuelas de lavar las compresas en los días de la menstruación o quedarnos en casa –sentadas en el servicio- cuando llegaba el ciclo de la luna.

A partir del otoño de 1993 los que querían lucir bien tuvieron la oportunidad de adquirir novedosos productos y hasta de elegir entre varias marcas, pero tenían que llevar en su cartera la moneda del “enemigo”. Así que al precio de muchos sacrificios, las féminas de esta Isla no se dejaron derrotar en su deseo de verse más bonitas. Con sus labios pintados y la ropa ceñida, se ríen de aquellos que –en los momentos de mayor extremismo- definían como “frivolidad capitalista” a la humana intención de acicalarse. Pintarse el pelo de azul, hacerse un tatuaje o enganchase un argolla en el ombligo ya no es visto como una debilidad ideológica. Sobre los cuerpos han comenzado a brotar las señales de la seducción y del cambio.

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Lleva saya

Septiembre 10, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Tengo una mezcla de agotamiento con felicidad, porque ayer ha ocurrido –finalmente- la premiación del primer concurso blogger cubano Una Isla Virtual. Los últimos días antes de ese mágico 9.9.09 apenas si tuve tiempo para dormir, metida en los preparativos y las deliberaciones. El resultado final compensa las ojeras, pues todos los que nos reunimos en la entrega de premios sentimos que estábamos presenciando algo especial. La palabra “blogger” ya no es para nosotros una rara combinación de letras, sino que tiene en esta Isla connotaciones cada vez más claras. Significa hacerse con la información, romper el monopolio de los medios oficiales sobre las noticias, dejar salir aquello que nos hemos callado por años mientras pasamos un curso acelerado de ciudadanía en el ciberespacio.

Estoy muy feliz por todos los premiados. A ellos, como a mí, nos ha tocado comenzar un camino y cargar con la culpa y la gloria de todo pionero. Me alegra especialmente que entre los galardonados más importantes haya mujeres valientes y talentosas. La blogósfera cubana definitivamente lleva saya y eso me parece mejor que si tuviera encasquetado un uniforme militar, se los aseguro.

Pueden leer el acta del jurado aquí y les pongo también la lista de premiados:

* Premio al mejor Blog: Octavo Cerco de Claudia Cadelo

* Premio de la popularidad otorgado por los internautas: Octavo Cerco de Claudia Cadelo

* Premio al mejor diseño blog: Boring Home Utopics de Orlando Luís Pardo Lazo

* Premio al mejor blog periodístico compartido entre Sin Evasión de Miriam Celaya y el blog de la Asociación Pro Libertad de Prensa, hecho por un colectivo de periodistas independientes

* Premio al mejor blog fotográfico: Boring Home Utopics de Orlando Luís Pardo Lazo

* Mención a un blog hecho en situaciones difíciles: Voz tras las rejas de Pablo Pacheco

* Mención a blog un por su contribución al debate: La Polémica digital de Elaine Díaz

* Mención especial a un blog por su contribución al debate: Puentear, de Enrique Pineda Barnet

Quiero agradecer a numerosos amigos que hicieron posible el entrecortado twitteo que logramos enviar desde la ceremonia de premiación.

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Ceremonia de premios concurso Una Isla Virtual

Septiembre 9, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Hoy, a las 18 horas de La Habana, se realizará el anuncio público de los blogs premiados en el concurso Una Isla Virtual.
A partir de esa hora, esta pantalla reproducirá los mensajes enviados al sitio del concurso en Twitter: http://twitter.com/unaislavirtual, anunciando los nombres de los blogs premiados. Esta será la primera vez que desde Cuba se narrará un suceso en vivo a través de Twitter. ¡Esperamos que funcione!

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¡Qué venga Juanes!

Septiembre 9, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Ayer salimos a la calle para grabar qué piensan los cubanos sobre el concierto de Juanes. Me alegra estar en sintonía con mi gente

!Qué venga Juanes!

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De regreso

Septiembre 8, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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A las seis y unos minutos, sacaron a la Virgen en su urna de cristal. Todo ocurrió en la misma parroquia de Manrique esquina Salud, donde debí haber ido cuando niña. Sólo que mis padres fingían, por ese entonces, que eran marxista-leninistas y mi abuela no pudo convencerlos de que dejarán a las niñas rezar.

Hoy, he regresado entre la multitud de señoras emocionadas, niños vestidos de amarillo, damas de blanco rodeadas por un cordón de segurosos y gente asomada a balcones que parecían a punto de desplomarse. Una lluvia de pétalos nos cayó encima en la calle Reina, mientras mi marido gritaba: “¡Viva la Virgen de todos los cubanos!”. Por momentos creí que sí, que un día nada de lo que hoy nos separa significará nada… y ella volverá a aceptarnos bajo su manto dorado. Como lo hizo esta tarde conmigo…

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Juan, Juan, Juan…

Septiembre 6, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Se sentó a la mesa con Velasco Alvarado, Brezhnev le regaló una bicicleta, Fidel anunció su nacimiento durante un discurso en la Plaza de la Revolución y el propio Pinochet le hizo una limonada. Con esas peripecias vitales, es difícil terminar siendo una persona común. A quien le ocurría todo eso era a su vez un divertido hedonista, conversador nato, tolerante pertinaz y el peor guerrillero que uno pueda imaginarse. Se decantó por la trinchera del cubalibre, por las refriegas que ocurren sobre las camas y por los combates que se libran con el tenedor y la cuchara.

Juan Juan Almeida rozó al poder y éste terminó por arañarlo, sin que le sirviera de mucho ser el hijo de un Comandante bajado de la Sierra Maestra. Su ascendencia fue más bien un agravante, pues le hicieron pagar el no estar a la altura épica que se esperaba de la prole de los “héroes”. El entrenamiento militar, los estudios en la Unión Soviética e incluso las clases para formarse como agente de la Inteligencia cubana, le mostraron lo que se esconde bajo el antifaz de la utopía. De ahí que su libro “Memorias de un guerrillero cubano desconocido” sea la narración de un testigo extravagante: alguien que se codeó con quienes nos llaman al sacrificio mientras llevan una vida de placeres y excesos. Al decir del autor, son esos que “hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha”.

Este cuarentón regordete cojea de una pierna, pero salta con humor descarnado en cada página de sus memorias. Parece querer decirnos que desde el yate, las cacerías en los cayos y el vodka bien frío, nuestras dificultades cotidianas se ven tremendamente desdibujadas, lejanas y poco importantes. De una vida picaresca y colmada de viajes, pasa Juan Juan –abruptamente– a la situación del hombre acusado y acosado. Una secuencia de interrogatorios, registros y detenciones le hacen experimentar lo que ha sido el día a día de los más críticos, de los opositores y de los disidentes en esta Isla. “Memorias de un guerrillero…” es la historia de una caída, de un desplome que se cuenta sin rencor, más bien con desparpajo. Lo narra alguien que aprendió –rápidamente– la acepción más extendida de la palabra “guerrillero”, aquella que implica luchar por un status, matar por ciertas posesiones, mentir por quedarse en el poder.

Como adelanto a quienes se interesen en el libro de Juan Juan Almeida –publicado por la editorial Espuela de Plata– les copio aquí un fragmento:

“Yo soy sólo un ser humano que se crió y se formó entre corruptos, inmodestos y modernos corsarios que jugaron a ser estrictos, sencillos y guardianes del honor, pero olvidaron callar frente a los niños. Porque este niño creció admirando esos vicios heroicos y vandálicos que apologetizaron nuestros líderes haciéndome ver que el asalto a un cuartel, en un país con leyes, puede ser una cosa justa. Haciéndome ver que subvertir países con ideas extranjeras, usando métodos ilegales, era algo necesario. Haciéndome ver que los problemas del estado se solucionan más fácilmente si ahuyentamos a nuestros propios ciudadanos. Haciéndome ver que repudiar, desprestigiar, pisotear, golpear, escupir o encarcelar era una buena opción para aquellos que no piensan como el sistema exige. Haciéndome ver que el pueblo es una masa amorfa y lejana a la que se tiene en cuenta desde un estrado para elogiarla un poco, azuzarla otro tanto y luego regresar al aire acondicionado. Me hicieron ver tantas y tantas cosas que terminé confundido como millones de cubanos que no sabemos la diferencia exacta entre el bien y el mal.”

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Septiembre 4, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

http://www.flickr.com/photos/37676145@N03/3764264351/

Hoy cumplo el doble de años que tenía en 1993, cuando empecé a hacerme cargo de mí misma y decidí irme de casa. Renuncié a la protección, a la comida caliente –más bien a la broma de comida, porque era el peor momento del Período Especial-, al mínimo sustento económico que podían brindarme mis padres y al escudo que ellos conformaban entre la dureza de la calle y mis ilusiones adolescentes. Cargué con una jaula de pájaros, un montón de libros y con mi única muda de ropa para lanzarme sin red en busca de esa independencia, que aún hoy me obsesiona.

Este 4 de septiembre, habré pasado ya la mitad de la vida siendo responsable de mis acciones. En este tiempo, he aprendido a valorar la autonomía, a desconfiar de los subsidios y de todas esas “dádivas” que constantemente nos echan en cara a los ciudadanos. Disfruté y padecí el tener que responder por lo que hacía y no poder resguardarme en la frase “yo no sé, pregúntenle a mi mamá”. Después de muchos tropiezos, llegué a comprender que mi verdadero hogar tiene forma de Isla y que de ese, al menos, no pienso irme dando un portazo. Ya me marché una vez con mis pertenencias a cuesta, ahora –que tengo el duplo de aquella edad- me toca quedarme.

*Canción tema: “La vida es un divino guión”. Grupo Habana Abierta

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Otra vez septiembre

Septiembre 2, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Agosto nos deja agotados, después de un junio muy húmedo y un julio achicharrante. El consumo eléctrico se eleva y para dormir nos ponemos frente al ventilador que nos arrulla -toda la madrugada- con su zumbido. El calor hace aflorar la intolerancia y emergen las críticas en cada esquina. Eso lo saben bien quienes “desde allá arriba” le temen también al octavo mes del año. Por eso abren kioscos con ron barato en los barrios más poblados y evitan cortar la electricidad en las zonas conflictivas de la ciudad. De todas formas, la tensión se palpaba en el aire, no sólo por la temperatura sino por la crisis que disparó los temores y las estrecheces. He estado contando los días que faltaban para que terminara agosto, esperanzada de que con su final nos llegaría también el alivio.

Bajo esa sensación de hartazgo ha comenzado septiembre, con su carga de rutina. Mi hijo salió temprano para la escuela y a media mañana me hice la misma pregunta que el curso anterior: ¿cómo encontrar algo para llevarle de almuerzo? La maestra les anunció que volverán las movilizaciones al campo –en compensación, me imagino, a la paulatina extinción de las becas- y que ahora las aulas tendrán cuarenta alumnos pues no hay suficientes profesores. También se ha hecho más complicado el transporte público desde hace un par de días por todos los estudiantes y trabajadores que se reincorporan de sus vacaciones. Afortunadamente, ningún huracán ha sacudido este principio de mes, como hace un año hicieron Ike y Gustav.

Todos los proyectos aplazados deberían comenzar este septiembre, incluso aquellas nuevas medidas anunciadas –aunque no sustantivadas- durante la última sesión de la Asamblea Nacional. Como escolares aplicados así tendrían que hacer nuestros políticos: sacarle punta a los lápices, forrar las libretas y ponerse a trabajar en busca de soluciones a la montaña de problemas que nos rodean. Lástima que sepan de antemano que no tendrán que someterse a examen, que no serán calificados de mal, regular o bien, con un voto dejado en una urna. Qué pena que no podamos tomar el creyón rojo de la reprobación y hacer una enorme marca en la hoja de su gestión administrativa. Así, se han ido promoviendo ellos mismos año tras año, comenzando cada septiembre un curso donde nadie tiene derecho a suspenderlos.

* Septiembre también me ha traído algunas sorpresas. Desde el pasado viernes es imposible conectarse a Voces Cubanas desde la Isla. Le han aplicado a VC el mismo filtro ralentizador que ya han usado para impedir la conexión a desdecuba.com de los usuarios que se conectan dentro de Cuba, a muy baja velocidad.

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Cosa de albañiles

Septiembre 1, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Es tan fácil ir a parar a una prisión, tan corto el camino que lleva a la celda, que todos somos –potencialmente– reos que rondan los centros penitenciarios. Un pedazo de carne de res comprado en el mercado negro, un par de sacos de cemento adquiridos a un vendedor informal, una hoja de papel impresa y distribuida entre un grupo de amigos o una reunión furtiva para hablar del futuro, podrían conducirnos a esas cárceles de techo bajo, columnas de concreto y fotos de mártires en el comedor. La libertad suele ser considerada un concepto abstracto, de difícil representación o definición, asunto de filósofos; la prisión, en cambio, es cosa de albañiles, fundidores y cerrajeros. Resulta relativamente fácil construir una cárcel, lo difícil es perfilar los contornos de la libertad.

P.D: Les dejo algunas fotos de los muros que rodean la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila. Allí tengo varios amigos, en su mayoría periodistas independientes encerrados desde la Primavera Negra de 2003. Algunos de ellos nos dictan a varios bloggers –como Claudia Cadelo, Iván García, Reinaldo Escobar y yo– noticias por teléfono para que las colguemos en Internet. Eso me lleva a pensar que no hay rejas que encierren la opinión y que el ciberespacio tiene la capacidad –también– de colarse por entre los ladrillos y la argamasa de estos lúgubres lugares.

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“Lo principal es la conciencia… no la ciencia”

Agosto 28, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

A mis manos ha venido a parar este breve video de Juan Vela, anterior ministro de Educación Superior. Una reunión con algunos de sus subordinados en la provincia de Ciego de Ávila, fue el marco para esta declaración sobre el orden de prioridades en las universidades cubanas. Estoy segura que estas palabras, autoritarias y simplistas que dijo ante las cámaras, no le costaron el puesto.

Quizás fue todo lo contrario lo que motivó que fuera sustituido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Quién sabe si el exministro, a la hora de aplicar su apotegma de que “lo principal aquí es la conciencia, es la Revolución… no la ciencia”, no lo hizo con la verticalidad que se esperaba de un miembro del Partido Comunista. Va y ahora, libre de esas responsabilidades, puede finalmente realizar su viejo sueño de ser cardiólogo.

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Poco alpiste para tanta jaula

Agosto 25, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Los rumores crecen sobre la posible desaparición del sistema racionado de productos alimentarios. Entre el temor y la espera, algunos aseguran que para comienzos de 2010 ya la cuota de sal y azúcar serán historia pasada y que la liberalización de esos –y otros– alimentos, se nos viene encima. Quienes se asustan ante tal posibilidad no se imaginan una vida sin el subsidio del Estado, sin las muletas de lo subvencionado. Yo misma nací inscrita en una libreta donde se anotaba cada gramo de lo que debía llevarme a la boca. Si hubiera crecido sólo con lo reglamentado, tendría un cuerpo más enclenque del que exhibo ahora. Por suerte, la vida tiene mayor cantidad de opciones que las cuadrículas donde –cada mes– el bodeguero marca las mínimas raciones que nos tocan.

Un simple cálculo me lleva a pensar que si los 66 millones de libras de arroz que se distribuyen cada mes, por el racionamiento, fueran a parar al mercado libre, los precios de éste último bajarían. Se podría decidir entonces si en lugar del repetitivo cereal se compran papas o verduras y ya nadie exclamaría “me llevo todo lo que me dan a casa, antes que dejarlo en la bodega”. Además, no existiría la sensación de que nos regalan algo y sobre todo el sentimiento de culpa que nos impide protestar o criticar a quienes garantizan esas pequeñas porciones. El mercado racionado debería quedar para esos que padecen un impedimento físico, psíquico o han quedado desempleados. En fin, debe dirigirse a quienes necesiten de la seguridad social para sobrevivir.

Aunque la idea parece simple de decir, el cuello de botella de su aplicación es que los salarios siguen ajustados a los alimentos subvencionados de la “libreta” y carecen de objetividad ante los precios liberados. Decirle a una familia cubana que a partir de mañana no tendrá las limitadas cantidades y las dudosas calidades que recibe por la bodega, es serrucharle el pedazo de piso sobre el que está parada. El alpiste, además de restringido, es difícil de eliminar, pues erradicarlo sólo puedo hacerse una vez que se abran las puertas de la jaula. De ahí que la noticia que en realidad esperamos no es la del fin del racionamiento, sino la del cese de la minusvalía económica que nos obliga a él, de la expiración de una relación paternalista que nos mantiene como pichones dependientes y… hambrientos.

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Inaugurados

Agosto 24, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Finalmente, han inaugurado los dos ascensores de mi edificio, después de un año de montaje y una larga etapa de prueba. El viernes fue la reunión para anunciar las reglas de uso de los dos artefactos, que ya tienen la apariencia de llevar una década en funcionamiento. El encuentro de vecinos derivó en gritos y quejas, pues el enorme bloque de concreto donde vivimos se deteriora cada día y no hay recursos para repararlo. Ni siquiera la buena noticia de no tener que subir por las escaleras puede ocultar la apariencia de ruina reciente que tiene este inmueble modelo yugoslavo.

También han aumentado la cantidad de dinero que se recoge por cada familia, para lograr pagar el salario de dos jubilados que vigilaran los ascensores. Como en el interior de la cabina apenas hay espacio para cinco personas, los “custodios” de los aparatos rusos permanecerán en una silla sentados a la entrada. Algunos aseguran que en lugar de mirar el tablero y los botones, estos ancianos -militantes del PCC- estarán más al tanto de lo que llevamos en las jabas o de quién nos visita. Espero que los guardianes duren unos quince días, hasta que la falta de constancia que caracteriza todo aquí, relaje el asunto de la supervisión.

Lo que menos me gusta de todo esto es que se vuelva a aplicar la fórmula de mayor control, disciplina y vigilancia creyendo que con eso se solucionarán los problemas. Personalmente, creo que todo iría mejor si cada vecino sintiera que el edificio le pertenece y que las áreas comunes son también parte de nuestra casa. Sin embargo, años de no poder decidir qué ocurre en ellas, han creado esta sensación de distanciamiento y cierta tendencia a “depredarlas”. Una vez nos quitaron una esquina para hacer el local de la zona de los CDR y convirtieron el área donde jugaban los niños en una oficina de la OFICODA, sin previo consenso de los que vivimos aquí. Con el tiempo y las sucesivas intromisiones de cuanto organismo estatal necesitaba un fragmento de nuestras espaciosa planta baja, llegamos a la conclusión de que nada de esto es nuestro. Ni siquiera los dos ascensores que hace un par de días acaban de ser inaugurados.

P.D: El tema Juanes y su concierto del 20 de septiembre sigue generando mucho debate, de manera que se ha creado un nuevo sitio bajo el nombre de Paz sin Fronteras, donde se localizará toda la información que salga al respecto. Allí tendrán espacio las opiniones de varios bloggers y comentaristas respecto a la visita del cantante colombiano a nuestro país.

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Algo más que virtual


Agosto 22, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Desde el pasado quince de agosto comenzó la votación online, para el concurso blogger Una Isla virtual.

Los invito a que repasen la lista de los sesenta y seis blogs que compiten por los cuatro premios que se entregarán el 9.9.09. Como verán, la selección es bastante ecuménica y hay sitios digitales de todas las tendencias, que han sido nominados por los lectores o por sus propios autores. Al decir de los miembros del jurado –entre los que tengo el honor de estar- éste resulta “un muestrario tan polifónico y variado como la realidad cubana actual, aunque no llega ser un registro preciso de todos los blogs existentes en el país (…) es la representación de un fenómeno que en Cuba está expandiéndose y desarrollándose cada día”.

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Tablón de anuncios

Agosto 20, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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El papel estuvo poco tiempo pegado en un muro en la calle Tulipán: “Desbloqueo celulares” decía, y mostraba el número telefónico del sagaz técnico. Cada vez con más frecuencia, se ven anuncios proponiendo la venta de cachorros de perro, piezas de automóvil y ofertando los servicios de alguien que repara cocinas o pule los pisos de las casas. Han sido colocados por los más atrevidos de un mercado informal con servicios, canjes y ofertas, del que todos dependemos. Una corriente de negocios que carece de espacios legales donde divulgarse y, sin embargo, muestra su mercancía con tanta -o más- eficacia que el comercio oficial.

Esos cartelitos escritos a mano, me hacen evocar los centros laborales y de estudio –fuera de Cuba– en los que me fascinó el tablón de anuncios abarrotado de pedidos y ofrecimientos. Una “habitación barata”, “alguien que quiera comprar una laptop” o una excursión que necesita de “nuevos inscritos para costear el transporte”, eran algunos de los clasificados que vi colgados en ellos. Nada de eso puede leerse en los aburridos murales, llenos de consignas políticas, que aparecen en las universidades, fábricas o empresas cubanas. Los alumnos y trabajadores no están autorizados a tener un espacio físico donde pegar un pequeño papel pidiendo un libro, una pieza para un PC o un cuarto para rentar. Tampoco hay sitios así para el resto de la población, como no sean algunos programas radiales o canales locales, que destinan breves minutos a informar sobre permutas u objetos perdidos.

No permitir esos tablones de anuncios es, para mí, uno de los signos más visibles del control sobre toda forma –espontánea– de organizarse o interactuar los ciudadanos. Su ausencia resulta una verdadera pena, porque esas columnas o pizarras llenas de clasificados dinamizan una ciudad y le dan vida a sus escuelas, oficinas y comercios. Pero en lugar de eso, colocar un mínimo cartel de “vendo tal cosa” o “compro esta otra” sigue siendo aquí un acto de transgresión, una acción que debe hacerse en el clandestinaje de una noche, sobre un muro –en penumbras– mientras nadie nos ve.

Les dejo algunas muestras virtuales de esos tablones de anuncios, que no podemos hacer en el mundo real: http://www.revolico.com y http://cu.clasificados.st
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Padecimientos

Agosto 18, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Mi número telefónico coincide en cinco dígitos con el de la farmacia más cercana. De manera que cada día atiendo varias llamadas equivocadas, en las que me preguntan si ha llegado algún que otro medicamento. Normalmente, les doy a las personas los datos correctos para que encuentren el dispensario, pero otras –siete de la mañana de un domingo– sólo atino a decir: “No señora, en esta casa no vendemos ese fármaco”.

Si me dejo guiar por lo que busca la gente para aliviar sus padecimientos, tendría que concluir que las depresiones están en aumento. El noventa por ciento de los que llaman quiere algún ansiolítico o relajante, algo que ayude a desconectar de la cargante realidad. Las dificultades para transportarse, la doble moneda, las colas y el stress que provoca buscar determinados productos en el mercado negro, pueden llegar a desequilibrar a cualquiera. Especialmente si se ha vivido desde hace décadas bajo esa sensación de inestabilidad nacional, de provisionalidad y crispación.

Por eso, trato de comprender –y no insultar– a quienes me llaman a las horas más increíbles, pensando que se están comunicando con la farmacia. Noto en su voz ese tono de desespero que sólo se alivia cuando se toman alguna píldora que ayude a relajar y a dormir. Son las mismas personas que al otro día volverán al trabajo con los párpados a la mitad, aún bajo el efecto del calmante. Las pastillas los ayudarán a aceptar que el aire acondicionado esté apagado debido a las nuevas medidas de ahorro, que el ómnibus llegue una hora después de lo previsto o que el carnicero les venda un kilogramo de pollo al que le faltan diez gramos. Las ansiadas tabletas no pueden lograr que las cosas funcionen, pero al menos sirven para que deje de importarles.

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Antihéroe

Agosto 16, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

Pudo haberse quedado en un alcohólico tirado en una esquina dormitando la embriaguez –como hay tantos en esta ciudad- pero él quiso también pronunciarse. Saltó frente a una cámara y clamó por comida, que viene a ser la obsesión nacional junto a las ansias de cambios. Su espontaneidad y el énfasis que le dio al pedido de “jama”, convirtieron al breve video de Juan Carlos –alias Pánfilo- en un “superhit” en las redes alternativas de información. No recuerdo otro material visual que haya hecho metástasis tan rápido en nuestra sociedad, a no ser el vídeo de de Eliéser Ávila versus Ricardo Alarcón el año pasado.

Pánfilo comprendería –pocos días después de difundirse sus imágenes- que al manifestarse se había delatado. Sus palabras eran como un círculo rojo alrededor de su cabeza, un anuncio lumínico a la entrada de su casa o un dedo señalando sobre su vida. La lupa del poder, esa que pende sobre todos nosotros, reparó en él y comenzó a hurgar en sus debilidades. Salió a flote que no tenía trabajo, había sido procesado por robo, probablemente compraba ron destilado en el mercado negro y otras tantas tropelías que cometemos los cubanos -cada día- para sobrevivir o escapar. Bastó que fuera sincero frente al micrófono y se quitara la máscara, para sentir el bisturí de la represión hurgando en su existencia.

En una sociedad marcada por la penalización contra el que expresa sus opiniones, ya ni los locos ni los niños dicen lo que piensan, apenas los borrachos. De ahí que no me sorprendió la noticia de que le buscaran a Pánfilo una figura delictiva por la que juzgarlo y apareció la acusación de “peligrosidad predelictiva”, por la que le exigen dos años de prisión. El proceso judicial debe haberle devuelto la sobriedad más rápido que un cubo de agua fría y que un café extremadamente fuerte. Aunque todavía tiene la posibilidad de apelar esa decisión ante un tribunal, es poco probable que salga sin castigo, pues no se trata de un escarmiento dirigido sólo a él. Si no lo condenan, quién va a impedir que los alcohólicos de esquina, los borrachines de barrio, se paren frente a una cámara y comiencen a gritar por todo aquello que nos falta: ¡Jama!, ¡Futuro!, ¡Libertad!

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Falta la “Y”

Agosto 13, 2009

Escrito por: Yoani Sánchez

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Las memorias se escriben al final de la vida y los diccionarios con frases de un hombre se compilan cuando se le sabe acabado, incapaz de producir nuevas ideas. Quedar reducido a las páginas de un libro, cuando una vez se tuvo el micrófono ante un millón de personas, debe ser un consuelo tan insípido como la papilla que se le administra a un enfermo. El Diccionario de pensamientos de Fidel Castro, del investigador Salomón Susi Sarfati, viene a ser entonces la despedida del locuaz líder que inundó nuestra vida –cada minuto de ella- con su incontrolada retórica.

Según una nota de Prensa Latina, “exquisito y minucioso en su selección, el autor divide el diccionario en 20 letras del alfabeto español (excepto k, q, w, x, y, z) … “. Como tengo obsesión por esa penúltima consonante que da nombre a este Blog, me pregunto si en los más de mil 978 aforismos nunca habrá sido referido a alguien de la “Generación Y”. En esta Isla llena de Yordankas, Yohandris y Yunieskis, cómo es posible que “la esencia del pensamiento” de quien estuvo casi cincuenta años en el poder, no contenga una alusión a nosotros. Parece ser que el libro sólo recoge conceptos, no personas, lo cual lo hace para mí un muestrario de entelequias, un compendio de nociones inaprensibles.

Quizás hoy –día de su 83 cumpleaños- el orador de antaño esté ante este diccionario que han creado para halagarlo, para decirle que su obra perdurará y se leerá por los siglos de los siglos. Mirará el año de publicación y se preguntará si harán una edición ampliada con el contenido de sus próximas reflexiones. No notará que falta la “Y”, esa pequeña e insignificante letra que no le ha salido como él hubiera querido: desinteresada, altruista, disciplinada y estoica. Quizás se regodee más en la “R” de revolución o en la “I” de imperialismo, pero su magna mirada no llegará al final del abecedario. Allí, agazapada y oculta está esa letra en forma de tirapiedras, con la liga tensada en dirección al mañana.

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