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    <title>Yoani Sanchez</title>
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      <title>Basílica menor</title>
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      <description>Generación Y: Basílica menor
Septiembre 20th, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez





Una amiga me cuenta que cuando se siente muy abrumada por la cotidianidad se va a la Habana Vieja. Toma su bolso y enfila el rumbo hacia algunas de esas calles restauradas que le recuerdan a Barcelona, donde tiene dos hijos que emigraron hace una década. “Me quedó mirando los campanarios y los palacetes para creer que ya no estoy aquí”, aclara un poco melancólica. Pero inmediatamente me apunta con una risa: “¿Tú no te has fijado que hasta los vendedores callejeros de la zona dicen ‘pop corn’ en lugar de rositas de maíz y pregonan ‘news’ y no periódicos?”. Muchos habaneros como ella han encontrado en esos nuevos sitios reconstruidos un espacio para pasear, llevar a sus hijos, sentarse bajo la sombra de una buganvilia.&amp;nbsp; Lo que hace unas décadas era un barrio en ruinas, hoy ya tiene verdaderas islas de comodidad y belleza, aunque alrededor miles de vecinos todavía carguen el agua a cubos o vivan entre las maderas que apuntalan su techo.


Anteayer, fui a esa otra ciudad coqueta y turística de iglesias por todas partes y adoquines en el suelo. Me quedé un par de horas dentro de uno de sus sitios más distinguidos: la basílica menor del convento de San Francisco. Sala abovedada donde los instrumentos musicales suenan como si estuvieran dentro de nuestras propias cabezas. El lugar repleto y a las seis en punto empezó a sonar Bach con su concierto en Mi Mayor para violín y orquesta. Después, los hábiles músicos de la Orquesta de Cámara de La Habana interpretaron a Mozart y para terminar la Sinfonía simple de Benjamin Britten. Lo mejor de la tarde fue la presencia del violinista Evelio Tieles, quien ha llegado cargado de energía justamente desde esa Tarragona donde radica y crea.


Cuando retorné de aquel viaje a otra dimensión, mi edificio modelo yugoslavo me pareció más feo y gris. La gritería de la gente en los balcones sonaba desafinada y en lugar de torreones del siglo dieciocho saltaba a la vista el enorme tanque de agua fundido en concreto. Subí al ascensor tratando de preservar las últimas notas del contrabajo y del chelo, la batuta brillante del director de orquesta. Me acordé de mi amiga escapista nada más se abrió la puerta del piso 13 “¡Huevos, huevooooos!” gritaba una vendedora ilegal y tuve la convicción de haber regresado, de estar de vuelta a mi otra Habana, tan dura, tan real, tan sofocante.


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      <dc:date>2011-09-21T00:20:01-05:00</dc:date>
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      <title>Mi lunes en vela</title>
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      <description>Septiembre 19th, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez





Foto: Orlando Luis Pardo Lazo


No voy a dormir, mejor me quedo en vela, espero que el teléfono suene, aguardo a que al otro lado me digan que es Radio Nacional de España y que en unos minutos estaré al aire. Me asomo al balcón para espabilarme y a esa hora veo una ciudad de lucecitas, sombras y silencio. Un buzo hurga en el latón de la esquina y los gatos se disputan con él alguna lata, los restos de una comida. La refinería Ñico López lanza su llama sobre nosotros y un carro de policía pasa de ronda. Ni siquiera la avenida de Rancho Boyeros ha despertado aún y las pocas luminarias de la Plaza de la Revolución hacen que la torre se vea como una silueta rara y agujerada. Son casi las 4 y 30 de la mañana, pronto la distancia entre Madrid, Ciudad Juárez y La Habana me parecerá muy corta.


Cada lunes comparto historias, aprensiones y sueños con Judith Torrea y Juan Ramón Lucas en el programa radial “En días como hoy”. Hablamos como si estuviéramos en la sala de una casa, sin sorbito de café, pero con mucha familiaridad. Intentamos abordar algún tema desde las diferentes ópticas que provoca el vivir en México, en el Caribe o en la Península. Judith tiene una voz dulce, pero sus anécdotas hablan de periodistas asesinados, gente muerta a balazos en las calles, mujeres desaparecidas. Esta periodista española, radicada en Juaritos desde hace varios años, tiene un blog donde denuncia la descontrolada violencia en esa zona fronteriza con Estados Unidos, se arriesga cada día a ser silenciada de la peor manera.


Juanra, por su parte, lanza preguntas e hilvana un diálogo desde los contrastes. Es un anfitrión paciente, sabe lo que dice y lo dice bien. Y yo desde aquí, desde mi madrugada real y figurada, trato de contarles lo que ha ocurrido en la última semana en esta Isla. Algunos hechos les suenan surrealistas, como si les narrara algo remoto, pasado, de un tiempo que ninguno de ellos puede comprender ya. A veces también nos reímos, aventuramos algún pronóstico optimista antes de despedirnos. Para cuando termina nuestra charla, en España ya son más de las 10:40 de la mañana, pero Judith y yo seguimos bajo penumbras. Cuelgo el teléfono, vuelvo a distinguir la llamita roja de la refinería y miró hacia el latón de la esquina, a ver si finalmente el buzo compartió su bocado con los gatos.


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      <dc:date>2011-09-20T00:18:00-05:00</dc:date>
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      <title>Apocalípticos e informados</title>
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      <description>Septiembre 14th, 2011 


Escrito por: Yoani Sánchez





Un curioso pasó por la esquina de Infanta y Manglar el viernes 9 de septiembre, se quedó un rato mirando el despliegue policial frente al templo evangélico Pentecostal, la calle cerrada, los vecinos murmurando. Después de unos minutos, tomó el móvil y envió un mensaje con la noticia a toda su agenda telefónica. En el interior de varios bolsillos, sobre las mesas de ciertas casas, en la cartera de algunas mujeres, el tono que anunciaba la llegada de un sms comenzó a sonar. La “bomba” informativa había estallado. Unido a los rumores, la telefonía celular es hoy en Cuba un camino veloz de difusión de sucesos que la prensa oficial silencia. Veinticuatro horas después de acordonar la cuadra de la iglesia, donde el pastor Braulio Herrera y algunos de sus fieles hacen un retiro, La Habana cuchicheaba ya los pormenores, daba forma a los chismes, se regodeaba en los detalles.


Más allá de las cuestiones éticas y teológicas que plantea este “encierro” voluntario de algunos fieles junto a su pastor, impresiona comprobar cuán eficientes resultan ya los mecanismo alternativos que han ayudado a arrojar luz sobre el hecho. Incluso es posible percibir el derrotero de la información, los pasos que esta sigue para abrirse camino: un ciudadano común, un “advenedizo” sin acreditación periodística, se encuentra en el lugar cuando acontece algo. Toma el artilugio de teclas y pantalla que lleva encima y le cuenta a sus conocidos. Quizás entre sus amistades haya algún twittero inquieto de dedos ágiles, que subirá la historia a Internet en trozos de 140 caracteres. Mientras, en el ciberespacio los lectores especulan y preguntan por las particularidades, el lugar del suceso comienza a llenarse cada vez con más gente. Aparece alguna que otra cámara; la foto de los policías bloqueando el tráfico viaja por MMS* hasta la web y a cada minuto gana mayor interés la etiqueta #infantaymanglar.


Para cuando las agencias de prensa extranjeras se percatan de que algo ocurre, los periodistas independientes y los bloggers ya lo han narrado de varias maneras. Entre una cosa y otra, ciertos “vecinos del lugar”, con trazas de policías vestidos de civil, echan a rodar apocalípticos rumores para que la opinión pública vaya en contra del pastor. Dirán que piensa volar la iglesia en pedazos, que está exigiendo un avión para salir del país o que espera –allá adentro– el fin del mundo que vendrá con un tsunami. Hasta ese punto la prensa nacional guarda silencio, aunque no podrá aguantar la presión de una ciudad donde todos hablan de lo mismo. El itinerario se completa cuando un locutor de rostro ceñudo lee una nota oficial en el horario más estelar de la noche, ante un público que lleva días preguntándose si también esta vez le esconderán la realidad. Han transcurrido más de 72 horas desde que aquel individuo sin diploma periodístico, pero con atrevimiento, tecleo la noticia en un  pequeño móvil que sacó de su bolsillo.


* MMS: siglas de Multimedia Messaging System, Se refiere a los mensajes con foto, audio, video u otro material multimedia que se puede enviar vía teléfono móvil. En Cuba, a pesar que de que dicho servicio funciona de manera muy accidentada, se ha constituido en un camino para publicar en Internet ficheros de pequeño formato (máximo 260kb). Varios bloggers y twitteros lo usamos para suplir la ausencia de una conexión al ciberespacio, pues permite mandar archivos a otro móvil o a un correo electrónico. Los detalles para activar y usar el MMS en un celular de Cubacel, los pueden leer aquí.


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      <dc:date>2011-09-15T00:16:00-05:00</dc:date>
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      <title>El humor en los tiempos del miedo</title>
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      <description>Septiembre 13th, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez




Foto: Orlando Luis Pardo Lazo


De vez en cuando lo invitan a algún programa humorístico de la televisión, pero no vive de eso. Prefiere que lo contraten en uno de los exclusivos restaurantes que han comenzado a brotar por toda La Habana. Salario en pesos convertibles, un plato de comida y la libertad de reírse de todo lo que quiera, están garantizados en esos espacios por cuenta propia. Con el micrófono en la mano y ante un selecto público de gente pudiente, hace aquellos chistes prohibidos frente a las cámaras nacionales, se burla de lo que nunca le permitirían en un estudio del ICRT. Arremete desde  el sarcasmo  contra las regulaciones migratorias internas y comenta –con sorna– que ha hecho “tres intentos de entrada ilegal a la Capital”.


A medida que la noche avanza, los tragos van y vienen y su lengua se hace más afilada, más mordaz. Empiezan los chistes políticos, velados pero a la vez directos, donde a veces su mano hace bajo el mentón la seña de una barba. Luego, lanza un largo monólogo sobre la pobreza de su pueblito oriental, aclarando que su mamá se quiere mudar a la ciudad “para poder recibir más huevos por el racionamiento”. Parece otro, distinto a aquel que apenas se ríe de su propio físico en la tele nacional. Entre las mesas y con la anuencia de los dueños del local, se burla también del jefe de policía que en cualquier batey pequeño hace las veces de cacique con todos los poderes. Después deriva en la extensa –y grosera– colección de chistes de sexo, racistas y homofóbicos, sin esconder palabras, con la misma crudeza que se escuchan en las calles.


Los clientes abandonan el lugar preguntándose si realmente será el mismo humorista que han visto en el horario estelar de la TV. Aquel les resulta chistoso, pero éste que acaban de descubrir bajo el amparo de una paladar, es irresistiblemente cómico, visiblemente libre. Para cuando vuelvan a verlo en algún programa de Cubavisión o Telerebelde, notarán que de su amplio repertorio sólo queda la parte menos incómoda, una parcela cuidadosa y censurada de su risa.


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      <dc:date>2011-09-14T00:13:00-05:00</dc:date>
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      <title>La reina en la calle Reina</title>
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      <description>Septiembre 9th, 2011 


Escrito por: Yoani Sánchez





Reina, nuestra calle de balcones y arcadas, de pizzas a cinco pesos y aguas albañales que corren por las aceras. Avenida de trapicheo y cuentapropismo, con sus vendedores furtivos anunciando colchones a las afueras de las tiendas y una iglesia gótica que señala hacia el cielo. Por Reina corretean los niños que van a la escuela en las mañanas, estiran sus manos los mendigos junto a alguna imagen de San Lázaro y las prostitutas atraen a sus clientes durante las noches. En sus portales hay espacio para todo, lo hermoso y lo podrido, lo pasado y este presente a medias que no acaba de cuajar, la sonrisa y la mueca.


Ayer, el tráfico ruidoso de Reina se paró, los indigentes se levantaron del suelo y los kioscos de comida cerraron por un rato. Era día de peregrinación de la Virgen de la Caridad, cuyo culto arrasa ahora entre los cubanos después de décadas de ateismo forzoso. Agnósticos y curiosos, devotos y policías políticos, acompañaron al cortejo de una imagen pequeña acicalada con su manto dorado. Muchos iban con velas, muñecas vestidas de Oshún, girasoles, pañuelos y ropa de color amarillo. Por convicción, había miles y por fisgonear otros tantos que se unieron a la procesión. En un país donde no está permitido tomar las calles de forma pacífica para protestar, los 8 de septiembre en La Habana atraen tanto a feligreses como a inconformes.


Justo en el momento en que la “reina” iba a entrar en la calle Reina, alguien sacó un cartel con la palabra “Libertad”. Fue un segundo, pero suficiente para vivir un anticipo –una biopsia adelantada– del horror. La gente corriendo, los gendarmes vestidos de civil lanzándose sobre las manos que sujetaban aquel papel y el rostro desencajado del sacerdote temiendo lo peor. Por un instante, la imagen se tambaleó entre los pétalos de atrezo donde la habían colocado. Y después vino la calma, el miedo, los rezos bajitos. Un viejita decía casi en un lamento “no politicen la procesión, que no van a dejar salir a Cachita el próximo año”. Señora –quise decirle, pero me callé– si ella es como dicen la Virgen de todos los cubanos, nos aceptará también revoltosos y tranquilos, apáticos o contestatarios, orando bajito o gritando nuestro malestar.


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      <dc:date>2011-09-10T00:11:00-05:00</dc:date>
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      <title>Maleta de palo</title>
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      <description>Septiembre 7th, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez





La mía estaba pintada de azul, con una agarradera metálica y bisagras reforzadas para evitar que me robaran. Era una maleta de madera que me acompañó a varios campamentos agrícolas y finalmente la abandoné, ya rota, en un albergue de Alquízar. Creí que nunca más volvería a usar un objeto así, sobre todo después de que se anunciara el fin de los preuniversitarios en el campo. Parecía que la baja productividad y los altos riesgos habían hecho desistir a las autoridades cubanas de seguir llevando estudiantes adolescentes a trabajar en la agricultura. Pero el espectro de aquel equipaje claveteado y pesado ha vuelto por estos días a confirmarme que los tiempos no cambian tanto en esta Isla.


Con el inicio del curso escolar, la escuela de mi hijo se llenó de alumnos vestidos con sus uniformes azules. Abrazos de reencuentro, risas, matutinos con consignas del tipo  “¡Larga vida a Fidel y a Raúl! y varias trasformaciones docentes. Entre las más halagüeñas se encuentra la reducción del tiempo de las llamadas tele&#45;clases, método educativo que intentaba sustituir al profesor por una pantalla, un aparato de video y un control remoto. El fracaso de los maestros emergentes también ha sido reconocido después de años de quejas y tristes incidentes. El pragmatismo se impone, según declara el Ministerio de Educación. “Basta de improvisaciones”, advierten algunos. Con tantos llamados a eliminar lo infuncional, fue una sorpresa escuchar que los estudiantes de 11no se irán en apenas una semana a “la escuela al campo”.


Mi hijo está feliz, no lo niego. Imagina dos semanas de diversión, tomando agua de los ríos, correteando por los surcos de pequeñas plantitas y merodeando por alrededor del albergue de las muchachas. Sin embargo, desde el punto de vista de la rentabilidad, la estancia de esos estudiantes en un campamento agrícola será una pérdida económica para el país. Por experiencia propia, sé que, en lugar de fomentar la responsabilidad laboral, estos experimentos de estudio&#45;trabajo terminan acrecentando la simulación al estilo de “agáchate, ahí viene el profe, para que crea que estamos desyerbando”. También hay cierta preocupación con posibles brotes de violencia entre los albergados; de ahí que el subdirector de la escuela advirtiera que no se pueden llevar objetos perforo&#45;cortantes, ni siquiera un abrelatas. Antes del viernes, han aclarado, los padres deben entregar el equipaje con las pertenencias que sus hijos llevarán.


¡Y yo que boté mi vieja maleta de madera! ¡Y yo que creí que tanto absurdo había terminado!


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      <title>¡Dame cable!</title>
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      <description>Agosto 30th, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez 





Fotografía de Corbis


Algo del aburrimiento de aquel 1983 se rompió con la visita de Oscar D´León y su presentación en el anfiteatro de Varadero. En medio del tedio, llegó a la Isla el Diablo de la Salsa, a descubrirnos con su voz a nuestros propios clásicos del son. Amén del grito de ¡siguaraya! que lanzó rememorando a la prohibida Celia Cruz, lo que más trascendió de su visita fue aquel pedido de “Dame cable” que repetía una y otra vez durante sus conciertos. Halaba el micrófono mientras le exigía al técnico de sonido “Dame cable, dame cable” para zambullirse en las multitudes que bailaban arrebatadas con su música. Al irse, nos dejó aquella frase que se convirtió en una metáfora para exigir libertad. “Dame cable”, decían los jovencitos cuando los padres les reclamaban que se cortaran las melenas o zafaran los apretados pantalones. “Dame cable”, le requería el vendedor ilegal al policía cuando éste le confiscaba la mercancía. “Dame cable”, pedía el marido, acosado por los celos, a la mujer que le revisaba los bolsillos.


La expresión se durmió en algún recoveco de mi mente y la he vuelto a rescatar con la “aparición en escena” del cable de fibra óptica entre Venezuela y Cuba. Prometido desde 2008, sólo llegó a nuestras costas el pasado febrero y después cayó en un mutismo demasiado sospechoso para una obra que ya ha costado más de 70 millones de dólares. En un principio se anunció que multiplicaría por tres mil las transmisiones de datos, pero ahora –vaya absurdo– se aclara que no se prevé con él un acceso masivo de los nacionales a Internet. Después de acumular varios escándalos por corrupción, dos viceministros bajo investigación y una orientación a los periodistas oficiales para que no hablen sobre sus pormenores, el polémico tendido ya forma parte de las leyendas urbanas. Algunos dicen que lo han visto, que lo han tocado y que ya está dando servicio para unos pocos. Otros aseguran que es sólo una cortina de humo para aplacar la inconformidad de los desconectados internautas del patio.


Lo cierto es que ni un solo kilobyte transportado por sus modernas fibras ha llegado todavía a nuestras computadoras. Los precios para zambullirse en la web desde un hotel siguen siendo prohibitivos y la conexión en ellos sufre de una lentitud que ronda con la estafa. Junto a eso, la acometida contra las redes sociales &#45;como Facebook y Google&#45; se ha recrudecido en los centros laborales estatales. En un acto desesperado para hacernos creer que realmente existe ese fantasmagórico cordón umbilical entre Santiago de Cuba y La Güaira, el viceministro Boris Moreno aseveró hace unos días que en los próximos meses estará funcionando. Pero muchos nos sentimos como aquel cantante venezolano que intentaba llegar a su público cubano a pesar de los controles del “técnico de sonido”. ¡Dame cable! pedimos y halamos, ¡dame cable! pensamos… como en aquella vieja metáfora de libertad.</description>
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      <dc:date>2011-08-31T00:01:00-05:00</dc:date>
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      <title>Compartimentos estancos</title>
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      <description>Agosto 28th, 2011 


Escrito por: Yoani Sánchez




Hay días para la separación y otros para la confluencia. Momentos en que parece que la estrategia de enfrentarnos funciona, pero también minutos en que logramos saltarnos los reducidos límites en que quieren encerrarnos. Anoche fue precisamente uno de esos instantes de tanteo, de identificación y de correspondencia. En Estado de SATS nos encontramos gente de muy variadas tendencias, como los integrantes de Omni Zona Franca, el líder del grupo Puños arriba y los organizadores del Festival Rotilla, recientemente secuestrado por las instituciones oficiales. Allí hablaron en un local repleto, en medio de un calor al peor estilo de agosto y con mucha necesidad de entender por qué la censura se ha cebado sobre ellos. Creo que ayer algún sesudo de la Seguridad del Estado debe haber perdido su trabajo. Porque entre abrazos, preguntas, tragos de té, se echaron atrás meses y meses de sembrar profesionalmente&#45; las intrigas para enfrentar y descalificar a esos actores de la sociedad civil.


El método es sencillo y nada nuevo. Llaman a alguien y le dicen que no le conviene hablar con otro, enviarle un simple sms, responderle un saludo. Para justificar la distancia, le aclaran que aquel músico de hip hop, este blogger o ese productor musical son de la CIA o han sido entrenados por el Pentágono. No hay que creerlo, sólo basta que la intimidación y el miedo calen lo suficiente y pocos se acercarán al estigmatizado. Para sostener tal rivalidad resulta imprescindible mantener alejadas a ambas partes, no vaya a ser que se encuentren y descubran oh, sorpresa!&#45; que ninguno de los dos tiene tentáculos, suásticas pintadas en la ropa o un arma saliéndosele desde el bolsillo. Mantener distantes los “compartimentos estancos”, se ha erigido durante demasiado tiempo como una estrategia vital para el control.


Por eso disfruté tanto el abrazo de Luis Eligio, el beso sonoro de Raudel de Eskuadrón patriota, el saludo afectuoso de los integrantes de Matraka y de Talento Cubano. Los escuché también como quien oye una historia conocida: el largo padecimiento de la satanización que he vivido en carne propia. Cuando dieron la palabra al público, les pregunté si tenían consciencia de que habían sido lanzados al saco de los inconformes y que a partir de ahora cualquiera cosa podía ocurrirles. Alguien me respondió que ya éramos tantos dentro de ese saco, que ahora el problema lo tenían quienes se habían quedado afuera. Me fui a casa feliz, al comprobar cuán poco efectivas resultan ya las maquinaciones de la policía política, cuán difícil les está resultando mantener alejados esos compartimentos estancos.


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      <dc:date>2011-08-28T23:59:00-05:00</dc:date>
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      <title>La Transición</title>
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      <description>Agosto 27th, 2011


Escrito Yoani Sánchez


Hace poco miré junto a una amiga española un documental de Elías Andrés y Victoria Prego sobre el tránsito a la democracia en esa nación europea. Eran trece episodios cargados de detalles que abarcaban el período de 1973 a 1977, entre la agonía de un caudillo y el nacimiento de una sociedad plural. A través de imágenes o de la voz de actores políticos importantes de ese proceso, se analizaban la Ley para la Reforma Política, la muerte del general Franco, la coronación de Juan Carlos I y la legalización del Partido Comunista. Mi amiga, que ya supera los cincuenta, no se levantó ni una sola vez de la silla durante las horas que duraron todos aquellos capítulos. Al terminar, me dijo una frase que me da fuerzas por estos días: “Yo estaba ahí, en muchos de esos momentos y sitios, pero mientras los vivía no sabía que era la transición”.


Creo que lo mismo nos está ocurriendo a los cubanos. Estamos en transición, algo parece a punto de romperse irremediablemente en esta Isla, pero no nos damos cuenta, hundidos en la cotidianidad y en los problemas. Después vendrán los documentalistas y en treinta minutos querrán narrar lo que a nosotros nos ha llevado décadas. Los analistas crearán sus líneas temporales, donde colocarán sucesos que han pasado a nuestro lado y que algún día serán historia. Los cubanólogos, por su parte, dirán que los indicios de la caída ya se veían venir y elegirán alguna fecha en el almanaque para marcar el final. Los cineastas se darán gusto reconstruyendo el “día cero” y hasta los pequeñines asegurarán que sí se acuerdan, que ellos también guardan recuerdos de aquellos tiempos.


Pero el cambio principal no será la muerte en cama de un anciano que cada vez les importa menos a los cubanos, ni la legalización de alguna otra fuerza política para competir con el vetusto PCC. La transformación sustancial, hace ya mucho rato que ha empezado a ocurrir en el interior de nuestras mentes. Una metamorfosis lenta, tímida, con mucho miedo, pero evolución al fin. Un irreversible proceso donde estamos dejando atrás algo que por momentos nos pareció eterno. Ya nos sentaremos frente a la tele a ver el documental sobre estos años, los nietos nos harán preguntas y las reflexiones a posteriori aflorarán. Muchos descubrirán, sólo en ese momento, aquellos hechos de trascendental importancia que por ahora la prensa oficial silencia totalmente. Pero habrá otros que apuntarán con orgullo: “Yo estaba allí, yo lo viví, y en el estómago ya sentía el vértigo de la transición”.


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      <title>Moneda falsa</title>
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      <description>Agosto 23rd, 2011


Escrito por: Yoani Sánchez





El niño le halaba la saya pidiendo un caramelo mientras el custodio le exigía el vale de la caja registradora y alguien preguntaba con insistencia el último para el guardabolso. En medio de toda esa locura, cometió el error de no revisar el vuelto de la compra, un poco más de 6 CUC que debían durarle hasta finales de mes. Cuando llegó a su casa, descubrió que –disimulada entre las monedas– había una con el rostro de Che Guevara, quien desde su mirada mayestática intentaba hacerse pasar por un peso convertible. La señora regresó corriendo para encarar a la vendedora, pero nadie le hizo caso. La habían timado con uno de los trucos más usados en las tiendas en divisas: darle una simple moneda de tres pesos cubanos en lugar de un reluciente CUC, con ocho veces más valor. Tuvo el impulso de tirar aquella minucia monetaria por la ventana, pero el marido le recomendó que se la vendiera a algún turista para sacarle el resto del dinero perdido.


La vida da esas volteretas impredecibles. El rostro de quien fuera presidente del Banco Central (1960) nos mira ahora desde una moneda que se utiliza mayoritariamente como souvenir o como objeto de engaño. Aquel hombre que tuvo la irreverencia –otros dirán que el irrespeto– de firmar los billetes nacionales con su breve apodo de “Che”, ha quedado encerrado en un círculo de metal de dudosa cuantía; atrapado en esa dualidad monetaria que jamás imaginó se cerniría sobre el quimérico “hombre nuevo” de sus discursos. Alrededor de los hoteles se ve ahora a los viejitos, de pensiones paupérrimas, mostrar a los extranjeros la “mercancía” de esos tres pesos relucientes con un guerrillero de boina y chaqueta. Mientras tanto, la mano sagaz de una cajera intenta colarlos en el cambio al cliente, aprovechando la distracción de algún comprador atolondrado entre el hijo que le pide un caramelo y el portero que le revisa la bolsa.


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