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Message: Difícil tarea esa de ser demócrata en estos tiempos de legitimidades truncadas. Pero a Antonio Ledezma, electo Alcalde Mayor de Caracas con una votación de 722.822 votos, equivalente al 52,42 % del total, no le tiembla el pulso. Hace poco se encontraba en Nueva York hablándole a un grupo de empresarios y diplomáticos en el Consejo de la Américas y una semana más tarde lo vemos tirado en una colchoneta haciéndole sombra imposible a las veleidades burocráticas de la OEA. Si ya este organismo había dado muestras de sordera, bajo el mandato de Insulza ha devenido en un club de defensa de la legalidad presidencial, especialmente si sus beneficiarios se especializan en conculcar los derechos de los demás, como Daniel Ortega quien se embelesa en hostigar a Ernesto Cardenal, el poeta de Solentiname, Evo Morales empeñado en ahogar a las regiones más prósperas de su país o Rafael Correa, el más modosito, quien se ufana en cerrar televisoras o controlar la libertad de prensa. Por no hablar del presidente venezolano, rey de la comarca, quien enarbola su trompeta bolivariana para quebrantar la legalidad del alcalde Ledezma y otros gobernantes opositores electos en noviembre de 2008. Por eso, aunque parezca un acto desesperado —¿y qué huelga de hambre no lo es?— el alcalde Ledezma se colgó del cuello lo único que le queda como demócrata: su vida, su legitimidad y su dignidad, para echarse en esa colchoneta y tocar la puerta de la OEA, organismo que permanece sordo y mudo frente a la erosión de la democracia en sus propias narices a pesar de las toneladas de argumentos puestos a la luz pública por dos de sus organismos de derechos humanos (la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos). La lista de agravios que esgrime Ledezma es larga y baste con señalar que examinados por encima involucra los artículos 1, 2, 5,7, 10, 12, 19 y 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas que acaba de cumplir 60 años en diciembre de 2008. La sordera de la OEA no resulta extraña pues durante tres años el gobierno venezolano se ha rehusado siquiera a permitir la visita de una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En todo caso, quizás no sea el mejor momento para lanzar una huelga de hambre, aunque sólo sea porque la OEA está enredada por el golpe de estado en Honduras e Insulza debe estar pensando cómo salirse del brete en que se metió conjuntamente con los miembros del ALBA por haber cerrado toda posibilidad de negociación. Además, a pesar de que el apoyo institucional ha sido fuerte (sindicatos, empresarios, políticos y gente de a pie), Ledezma es asmático y sufre de un riñón, lo que hace más peligroso su gesto. Pero en Venezuela son una mayoría los que se ven en el espejo de Honduras y piensan que su presidente actúa hipócritamente, defendiendo la legitimidad del presidente Zelaya pero quebrantando la del alcalde Ledezma. Sólo por su coraje y su desprendimiento merece Antonio Ledezma pasar a la historia como uno de los adalides de la democracia latinoamericana en estos tiempos difíciles. http://www.alllatino.net/index.php/4730/