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Message: Pasadas varias semanas desde que Zelaya fuera expulsado del poder en Honduras y fracasadas las gestiones tanto de la OEA como del Presidente Arias por devolver enteramente el país a la senda constitucional, está visto que no habrá salida mientras no se logre un balance entre la legitimidad interna y externa del gobierno hondureño. Fracasó la gestión de la OEA (y de otros organismos como la Asamblea de la ONU) porque apenas concentró su esfuerzo en reponer al presidente Zelaya sin tomar en consideración la constitución y las nuevas realidades institucionales del país. Estuvo bien que la OEA condenara el golpe militar y la expulsión del presidente, pero antes de decidir sobre sanciones o sobre la expulsión del país debió apersonarse bien fuera por medio de una comisión o mediante el propio Secretario General, pero con miras a una salida y no en estricta actitud condenatoria. Pero no, por las razones que fuera la OEA se precipitó. Fracasó la mediación de Arias porque divulgó a los cuatro vientos los elementos del acuerdo, cuando ellos debieron surgir de la negociación misma. No bastaba la autoridad moral de Arias –y la presión soterrada de EEUU– para imponer la decisión. Por su parte el gobierno interino de Micheletti se ha aislado totalmente del mundo porque ha obviado –se diría que casi de manera suicida– las realidades internacionales. Pero no todo está perdido y la salida dejó de estar en manos de mediadores y organismos externos, pasando de nuevo al ámbito interior. El gobierno hondureño argumenta que la salida de Zelaya se produjo a raíz de una decisión de la Corte Suprema que lo declaró al margen de la constitución y otra decisión concomitante del Congreso que lo inhabilitó para seguir gobernando. Pues bien, tanto la Corte Suprema y el Congreso hondureños, en decisiones enteramente soberanas pueden perfectamente acordar que en vista del daño que le está produciendo y seguirá produciendo el aislamiento internacional al país, el ex-presidente Zelaya vuelve a la primera magistratura, aunque bajo nuevos términos. Primero bajo un gobierno de unidad y con poderes limitados; segundo, en medio de una amplia amnistía y tercero, con el propósito de convocar elecciones anticipadas. En toda negociación es necesario que los contendores tengan una salida honrosa. Una decisión interna restablece los fueros de la legitimidad interna y permite evitar la percepción de desbarrancamiento institucional que ocasionó la salida del presidente. Ella le permite a Micheletti salvar el honor después de haber llegado tan lejos en su defensa de la legalidad interna. El presidente interino ha dicho que no tiene planes de lanzarse como candidato a presidente, de manera que si surge una salida institucional, ya habrá dado su aporte a evitar males peores a su país. Por otra parte, la reposición de Zelaya a la presidencia, aún con poderes disminuidos y como parte de un gobierno de unidad nacional, le devolvería su dignidad, que pareciera ser lo único que le queda como capital político interno. Pero también sacaría a la OEA de la intrascendencia a la cual la condujo la imprudencia de Insulza. Cómo quedan en todo esto los aliados externos de Zelaya –quienes lo han impulsado a acciones temerarias como intentar entrar en un avión venezolano a suelo hondureño o su tragicómica travesía a través de Nicaragua para hacer una entrada simbólica a la frontera de su país– es harina de otro costal. Eso deberá resolverlo el propio presidente. Bastante que le convendría a Zelaya bajar el tono y evitar baladronadas como declarar a algunos medios que todavía pensaba si llevar adelante el famoso referendo, causa primera de esta crisis. leonardo_vivas@harvard.edu http://www.alllatino.net/index.php/5022/