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Message: A pesar de la retórica en contrario, nos hemos acostumbrado los latinoamericanos a vivir bajo la sombra de Estados Unidos. Forma parte de nuestro libreto histórico o si se quiere de nuestra arquitectura mental, sentir la presencia amenazante o contemporizadora de la potencia del norte. Podemos protestar por sus desafueros o sentir urticaria por sus desplantes –y a veces por su simplismo– pero hasta hace poco la presencia norteamericana era la única constante en nuestra ecuación internacional. En ello contó no sólo el peso de la Guerra Fría o la importancia económica y su hegemonía militar y política en la era de la superpotencia solitaria que también ha llegado a su fin. Pero aunque no nos percatemos completamente, la preeminencia norteamericana casi total está cambiando para dar paso a un nuevo esquema que no termina de definirse. Terminada la era de Bush y con ella el intento final de la hegemonía americana absoluta, el mundo se recompone. No es una casualidad que un señor tan sobrio como Shimon Peres, que viaja tan poco, haya tomado sus maletas para visitar Argentina, uno de los pocos países que en la actualidad tratan condescendientemente a la nación hebrea. Menos casualidad aún que haya manifestado preocupación por la presencia iraní en el continente y el incipiente tejido de alianzas que ha ido labrando con distintos países, gracias al puente de plata que le ha tendido la Revolución Bolivariana. Lo que esa visita revela es hasta qué punto el mundo se ha hecho multipolar, convirtiendo a América Latina en un escenario más de disputas geopolíticas donde EEUU no siempre juega un papel protagónico. América Latina, en parte gracias a la tersa diplomacia brasileña, que ha traspasado las fronteras tradicionales o a la hiperkinesis del presidente venezolano, que mete su cuchara en todos los platos internacionales que le sean posibles, ha ido convirtiéndose en punto de llegada de un creciente número de países que se acercan al subcontinente por diferentes razones. Líderes africanos como Gadaffi, de Libia o Mugabe, de Zimbabwe, han utilizado América Latina, o más estrictamente Venezuela, para lavar sus imágenes de parias o para incursionar más allá de sus reducidos espacios de acción internacional. Irán, ya sabemos, ha desarrollado una fuerte ofensiva tanto diplomática como económica para neutralizar todo lo que sea posible el cerco que sus planes de expansión nuclear le han creado en buena parte del mundo. China, por su parte, ha puesto en marcha una importante estrategia de intercambios económicos y de inversiones en cada vez más países, sin importarle mucho el signo ideológico de sus interlocutores. Incluso Rusia, que vivió un largo período de aislamiento luego del desmembramiento de la Unión Soviética, ha retomado el pulso de sus viejas conexiones con Cuba y otros países latinoamericanos. De modo que el sueño de un mundo multipolar es hoy casi una realidad. ¿Dónde queda EEUU en todo esto? No es fácil anticiparlo, pero lo que sí es cierto es que a la Norteamérica de Obama se le ha hecho difícil entrar con puerta franca en América Latina. A pesar de la cumbre de Trinidad, donde EEUU arrancó con buen pié, y a Hillary Clinton, que representa un cambio radical respecto a la era de Bush, no las tiene todas consigo la administración Obama para hilvanar una estrategia que rompa drásticamente con el pasado pero que a la vez le permita crear nuevos lazos y una visón más compartida con Latinoamérica. Las dificultades para ayudar a resolver la crisis en Honduras y los traspiés en el affaire de las bases en Colombia son indicación de que no hay una gran claridad sobre la dirección a seguir con sus vecinos del sur. Mientras tanto, seguirán viniendo líderes y países a explorar nuevas relaciones con el ya más maduro continente latinoamericano. leonardo_vivas@harvard.edu http://www.alllatino.net/index.php/6951/