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Message: Enero 11, 2010 Escrito: Mario Barros Mi amigo Obdulio se me acerca con el Boston Globe en la mano y me enseña un titular en la página tres del diario. En él se lee: Legisladores portugueses dan visto bueno a matrimonios entre homosexuales. “Me parece bien”, le comento. “Mira, dice que Portugal se une así a Bélgica, Holanda, España, Suecia, Noruega, Canadá, Sudáfrica y seis estados de la Unión Americana en darle legalidad a las uniones gays. ¡Me alegro por ellos!”. Mi amigo me lanza una mirada de fuego que casi derrite el hielo de enero que nos rodea. “¿Cómo que te alegras, chico? ¡Eso es antinatural, antisocial, antibíblico, anti…!” “¿Antiespasmódico, Obdu?”, replico y de inmediato paso a la ofensiva. “Ven acá, brother, ni tú ni yo somos gays, ¿verdad?” Mi amigo me mira con aire de sospecha durante unos segundos. “Bueno, por lo menos yo, no”, me dice. “Ni yo tampoco”, respondo (aunque que a veces me sienta un poco lesbiana, porque me encantan las mujeres. Pero eso no viene al caso ahora.). Continúo: “Y ambos vivimos en Massachusetts, ¿no?” Obdu me vuelve a mirar a los ojos, esta vez con vientos huracanados de sospecha, pues ya sabe por dónde vengo. Al fin me responde: “Bueno… sí”. Vuelvo a la carga: “¿Y qué ha ocurrido desde que este estado se convirtió en el primero del país en aprobar los matrimonios gays…?” Obdu respira profundo, se seca el sudor de la frente, me ofrece su brazo derecho, se lo tuerzo y me responde: “¡Nada!”. Sigo atacando: “La vida sigue igual, a nosotros nos siguen gustando las mujeres y los homosexuales siguen en lo suyo. Sólo que ahora tienen más derechos. Además, el homosexualismo no se va a acabar porque a tí no te gusten esos matrimonios…” Obdulio se queda pensativo unos instantes y al cabo pronuncia una frase lapidaria: “No. Siempre ha habido gays y siempre los habrá”. “Como también habrá putas”, concluyo. “No sé si será genético, pero cada persona tiene su inclinación sexual. Y eso no las hace ni mejores ni peores, ¿no te parece?”. Obdu asiente en silencio. Vuelvo a mirar la página tres del Boston Globe y veo otro titular, justo debajo del que hemos venido discutiendo. Se lo enseño a mi amigo y le pregunto, “¿Qué te parece éste?” El cintillo anuncia: Legislador de Uganda firme en exigir pena de muerte para homosexuales. Obdulio lee la noticia durante varios segundos. Al fin me mira a los ojos, pero ahora ni siquiera tiene una brisita de sospecha en su mirada. De pronto me espeta: “¡Le ronca el tamarindo dulce!”. “¿Tú sabes lo único que le deseo?”, le pregunto. “¿Qué le salga un hijo gay?”, me contesta “¡Claro! Al que no quiere caldo…” http://www.elbusdelenguaviva.net/ http://www.alllatino.net/index.php/7667/