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Message: Febrero 8, 2010 Escrito por: Mario Barros Sentado en un banco de la Gran Avenida Celestial, a la espera de una nube que lo lleve al otro extremo del firmamento, José ve a Simón acercarse y lo llama. -¡Eh, Simón! -¡Mi querido Pepe…! ¡Qué alegría! Hacía como dos siglos que no nos veíamos. -Sí… es que he estado bastante ocupado últimamente. -Yo también. ¿Qué has estado haciendo? -Pues llevo varias décadas tratando de entender lo que está ocurriendo en mi país. ¿Y tú, Simón? -¡Lo mismo! Me rompo la cabeza todos los días analizando el panorama y no acabo de comprender bien a dónde va el mío. -No es lo que tú soñaste, ¿no? -Definitivamente no. Es verdad que lo de la confederación se frustró desde el primer momento. Pero, así y todo, mi país tiene recursos más que suficientes para haberse convertido en una nación desarrollada hace rato. Y sin embargo… - ¿Qué quieres que te diga, Simón? Mi isla no tiene la décima parte de las riquezas naturales de tu país… -Cierto. Pero tienes un pueblo muy emprendedor, Pepe. Con eso hubiera sido suficiente para convertirla en una mina de oro. Otros países más chicos lo han logrado. -Efectivamente, pero tú sabes cómo es eso: la corrupción, el caudillismo… -¡Lo mismo que pasó en mi país! -Y después vino este señor que ni muerto quiere abandonar el poder, chico. -¡Igualito que el del mío! -Es que el tuyo considera al mío como su maestro, acuérdate. -¡Los dos son graduados de la misma escuela! -Yo no entiendo cómo pueden ser tan tozudos. Es muy noble ayudar a los más necesitados y mejorar su situación, pero no puedes hacerlo a costa de los que más plata tienen, chico. -¡Claro que no, Pepe! Esos son los que halan la economía. Sin esa gente no hay país. Eso de la igualdad entre las personas es un mito. -Siempre habrá ricos y pobres, Simón. Como siempre habrá derechos y zurdos, gordos y flacos, altos y bajitos… -¡Como nosotros dos, Pepe…! -¡Qué cosas tienes, Simón! Ambos permanecen en silencio durante unos veinte segundos. -El asunto es que hay que saber gobernar y que la gente entienda que el bienestar sólo se obtiene con educación, trabajo e integridad. Y si eres listo y te enriqueces, pues bienvenida sea tu riqueza. Siempre que sea bueno para el país y lo hagas dentro de la ley, claro. -Ese es el problema, Simón. En nuestros países las leyes no se respetan. -Empezando por los gobernantes. Ellos las hacen y luego se les olvida cumplirlas.. -¡Dememoriados que son, chico! -¡Olvidadizos…! Ambos se quedan pensativos durante unos quince segundos. -¿Tú sabes lo que me cae como un clavo, Simón? -¿Qué cosa, Pepe? -¡Que siempre nos estén mentando, chico! -¡Sí, compadre…! ¡Ya estoy hasta aquí de que me usen para todo! ¡Que Simón esto, que Simón lo otro…! -¡Qué diré yo que hasta me hicieron autor intelectual de un asalto mucho después de mi muerte, chico…! -¡Y uno aquí sin poderles decir nada…! Vuelven a quedarse pensativos, pero esta vez por diez segundos. -¿Sabes una cosa, Simón? Tarde o temprano a esos señores les va a llegar su hora y van a querer estar aquí con nosotros. -¡Ah, no, de eso nada! Ninguno de esos dos tiene un pelo de santo. ¡Tienen que ir pal infierno! -¿Y tú crees que Lucifer los va a querer allá abajo? ¡Capaz que armen una revolución y todos los inquilinos quieran salir huyendo de allí! -¿Para ir pa dónde? ¿Para acá…? Esta vez el silencio no llega a los cinco segundos. -¡Hay que alertar a San Pedro para que no deje entrar a esos dos de ninguna manera! -No, te preocupes, Pepe. Yo me encargo de eso. Mira, ahí viene tu nube. -Hasta luego, Simón. -Cuídate, José, que de los buenos quedamos pocos. http://www.elbusdelenguaviva.net/ http://www.alllatino.net/index.php/8066/