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Message: De lejos y de cerca el chavismo en Venezuela ha lucido invencible durante buena parte de su largo mandato de 11 años. Con un bolsillo hasta donde llega la imaginación de los 150 dólares que alcanzó el petróleo en su mejor momento, e incluso los 70-80 dólares que se cotiza actualmente, con un líder de verbo fácil y consentido de los más pobres –de lejos la mayoría de los venezolanos– nada parecía detenerlo. Es cierto que ha tenido dos derrotas electorales importantes, el referendo en 2007 y las elecciones regionales en 2008, pero en términos efectivos ha minimizado su impacto, bien sea imponiendo la reelección indefinida en otra consulta o violentando los medios y recursos para gobernar de sus opositores. Hete aquí, no obstante, que ahora Chávez se ha topado con una barrera mucho más difícil de vencer: su propia ineficiencia como gobernante. La devaluación con su impacto de inflación y escasez y la falta de previsión en hacer a tiempo las inversiones para aumentar la capacidad de generación eléctrica han puesto al gobierno de rodillas. Que si el Niño, que si apagones programados que tuvo que suspender en Caracas, la traída de Ramiro Valdez desde Cuba, dizque a ayudar a mejorar la situación o la de Julio de Vido, el cerebro oscuro argentino detrás del affaire del maletín, o ahora la emergencia eléctrica, esa secuela de acciones sin ton ni son muestran a un gobierno debilitado en su capacidad para llevar las riendas del país. Hoy en día nadie duda que ese debilitamiento, en particular del líder mismo, pueda tener consecuencias electorales en las elecciones parlamentarias de septiembre, cuando se renueva el cuerpo legislativo. No es que el mundo se le vaya a caer a Chávez, quien ha neutralizado todos los poderes institucionales que se le oponen. Pero permitiría eliminar la mayoría vociferante que le secunda cada deseo. Además sería un signo importante de los vientos de fronda nacionales, que se contabilizarían más tarde si el presidente decide lanzarse de nuevo a la presidencia. Dicho esto, ¿puede la oposición llevar adelante la tarea que le toca? ¿Será capaz de maximizar el afán de revancha que comienza a respirarse en las calles de las principales ciudades? ¿Podrá superar sus limitaciones estructurales para acometer una tarea que se antoja titánica? No en balde significa contrarrestar un gobierno que tendrá repletas sus alforjas después de la devaluación y que moverá todos los recursos de un estado todopoderoso para movilizar o torcer la voluntad del electorado. Estamos hablando de un estado que controla la gran mayoría de gobernaciones y alcaldías y que dispone de dos presupuestos, el ordinario y el de los fondos públicos especiales, para gastar a manos llenas. También de un liderazgo que tras 11 años de experiencia ha probado ser coherente en el discurso, inclemente con sus opositores y que dispone de la justicia para someterlos a la vindicta pública si hiciera falta (recuérdese a Baduel, a Manuel Rosales y a Ramón Martínez). Veamos los pros y los contras. A favor de la oposición juega el ánimo nacional. Nadie sabe con exactitud el impacto del desbarajuste actual sobre el llamado electorado Ni-Ni, que a fin de cuentas decidirá, pero si el elector promedio piensa utilizar el voto como castigo, como ocurre muchas veces en democracia, entonces hay que suponer que una porción importante votará contra el gobierno. Pero las elecciones de septiembre son, a pesar del ánimo prevaleciente y el espíritu plebiscitario que le impondrá el gobierno, elecciones regionales, donde cuentan los candidatos. Más allá de la pasión chavista, el afán de controlarlo todo y de querer alinear al país por un solo camino, no es mucho lo que tiene que ofrecer la Asamblea Nacional actual como balance. Además la oposición ha aprendido de las elecciones regionales y ha desarrollado un método flexible para decidir sobre candidaturas, que son el aspecto más espinoso de cualquier elección. La Mesa Democrática, los principales partidos y grupos de electores y hasta Leopoldo López, Ex Alcalde de Chacao y único que lucía como “outsider” de la oposición, se han puesto de acuerdo sobre la manera de elegir candidatos. Probablemente se evitarán las torpezas de 2008, cuando ciertas organizaciones se empecinaron en mantener candidatos que luego resultaron tremendos bates quebrados. No siempre será así, pero también es cierto que luego de esas elecciones regionales ya hay en cada estado un sentido más claro de quién encarna mejor el liderazgo. Finalmente, estas elecciones son una oportunidad de oro para que la oposición renueve su liderazgo a escala nacional. Una estrategia inclusiva, que coopte grupos y líderes claramente independientes, e incluso chavistas “light” podría dar buenos dividendos. La gran dificultad de la oposición es lo que ella representa en concreto como imagen de liderazgo: se trata de un grupo de voces que cantan en un coro desafinado donde cada grupo o partido busca un ángulo de la crítica al gobierno para diferenciarse y obtener mejores resultados electorales a costa de un mensaje único y coherente, que reduzca las defensas del gobierno. Después de un trajín continuo de al menos cinco años y salvo en la elección presidencial de 2006, desde el referendo revocatorio la oposición no ha logrado un mensaje que transmita cohesión y decisión. Los líderes lucen cansados, trajinados, con un mensaje repetitivo en torno al presidente que lo hace cansón y que ahuyenta a potenciales electores independientes menos apasionados por los pros o contras del presidente. Señoras y señores, hagan sus apuestas. leonardo_vivas@harvard.edu http://www.alllatino.net/index.php/8118/