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Message: 23 de febrero de 2010 Escrito por José Augusto Giuffra Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com En 1989, dos futbolistas peruanos con poco cartel arribaron a El Salvador y realizaron una temporada brillante, con título incluido. Esta es la historia de Martín Duffoó y Miguel Seminario en el Luis Ángel Firpo; elenco que, aquella vez, obtuvo su primer campeonato tras 66 años de espera. En la segunda mitad de los ’80, una de las mecas para los futbolistas peruanos fue El Salvador. Por allí pasaron con éxito jugadores como Alberto ‘Chochera’ Castillo y José ‘Camote’ Vásquez. Así, en 1989, llegaron a Luis Ángel Firpo dos compatriotas que, sin ser profetas en esta tierra, fueron parte del gran legado peruano en el fútbol de ese país: Martín Duffoó y Miguel Seminario, protagonistas del primer título del popular equipo centroamericano. Brillando a lo lejos Así informó La Prensa Gráfica, principal diario salvadoreño, acerca del título del cuadro pampero en 1989 (Recorte: laprensagrafica.sv) Duffoó y Seminario dejaron el Perú después de un relativo paso exitoso en Universitario, en el que juntos obtuvieron el campeonato de 1985. Eso les sirvió para aterrizar como fichajes estrellas en un club como Luis Ángel Firpo, que buscaba su primera corona en 66 años de existencia. Sergio Torres, presidente de la entidad salvadoreña por esa época, tenía una prédica clara: reforzarse para ganar. Bajo ese contexto, se hizo con los servicios del brasileño Fernando de Moura; además, en aquel plantel también deslumbraba la figura de Mauricio Cienfuegos y, por supuesto, la dupla peruana: Duffoó (en la defensa central) y Seminario (en la delantera). Los dos peruanos, desde su llegada, se acoplaron bien al equipo. Martín Duffoó formó con Leonel Cárcamo Batres una barrera central bastante sólida, mientras que Miguel Seminario, junto a De Moura y Édgar ‘Kiko’ Henríquez, hicieron del Firpo un ataque temible. Según cuentan los medios de la época, en su momento, Seminario tuvo una conversación con el presidente Torres, en la cual este último le propuso comprar su ficha si salían campeones, apostando prácticamente el sueldo de un año; ergo, una empresa impensada hasta ese entonces por el club de Usulutlán. La temporada para los pamperos del Firpo fue irregular, ya que faltando dos fechas para el final de la temporada regular se encontraban en el segundo puesto, lejos del líder Cojutepeque -equipo sensación del año-, pero a uno y dos puntos del tercer y cuarto lugar (plazas que alcanzaban para jugar la liguilla por el campeonato). En la penúltima fecha, el puntero lo derrotó por 1-0 y complicó su clasificación a la liguilla. Además, con aquel triunfo, Cojutepeque se aseguró -en el peor de los casos- disputar la final ante el campeón de la liguilla (en caso de ganarla también, obtenía el campeonato de manera automática). Les costó un Perú Firpo logró su ansiada clasificación a la fase final gracias a la igualdad a uno ante el Deportivo FAS. En ese compromiso, Martín Duffoó tuvo una destacada actuación y, Firpo con su uniforme alternativo en 1988-1989. Duffoó es el penúltimo de los parados y Seminario, el segundo de los hincados (Recorte: la prensa.com.sv) en buena medida, fue clave para garantizar el punto y arañar el cuarto puesto, con 12 partidos ganados, 16 empates y 8 derrotas, y 41 goles anotados contra 30 recibidos. Así, pues, los números hablaban de una buena defensiva, más aun si se tomaba en consideración que el líder había recibido 9 goles más que el equipo de nuestros compatriotas, no así la delantera que, teniendo como puntal y goleador a De Moura -y no a Seminario- había conseguido 9 goles menos que la delantera del puntero Cojutepeque. Pese a su angustiosa clasificación, Firpo tuvo que lidiar con serios problemas en los días posteriores. Antes de iniciar la liguilla y en un arrebato de su directiva, el técnico Juan Quartenone fue despedido para ser reemplazado por el chileno Julio Escobar. Este nuevo entrenador- como se verá más adelante- implantó una nueva mística en el grupo, algo que, a la postre, desencadenó en el título. En la última jornada de la liguilla final, los pamperos rivalizaron ante el Cojutepeque y se vengaron de aquella derrota que sufrieron semanas atrás: fue un contundente 3-1 que los catapultó en la final y que, además, sirvió para que el súper líder perdiera la posibilidad de ser campeón automático y que el Águila no pudiera obtener el bicampeonato. Momento cumbre Duffoó (arriba) y Seminario (abajo): baluartes del título pampero (Recorte: lafuriapampera.com) Hasta que llegó el día de la final. Un 2 de abril de 1989, en el estadio Cuscatlán de la capital y ante un poco más de 60 mil personas, saltaron al campo los dos pilares peruanos. El trámite del partido fue emocionante, ya que apenas a los cinco minutos José María Batres, después de llevarse a dos defensas rivales, ensayó una pared con Seminario, quien disfrazándose de creador, se la devolvió para que el salvadoreño batiera al portero Vargas, del Cojutepeque. Sin embargo, la alegría no duró mucho, ya que Percival Piggot, al minuto siguiente, decretó el empate. La intensidad y rudeza dentro de la cancha, típica de una final, terminaron por dejar amonestados -paradójicamente- a nuestros dos compatriotas con tarjetas amarillas; los únicos amonestados del decisivo compromiso. El segundo tiempo pasó desapercibido. Salvo algunas combinaciones en ataque por parte de Seminario con De Moura y Henríquez, que pusieron en jaque a la defensa rival, los 90’ se cerraron con el 1-1. Así, se llegaron a los tiempos suplementarios, 30 minutos de poder a poder que definirían al campeón. Por cosas del destino, nuevamente José María Batres adelantó en el marcador a Firpo cuando sólo se jugaba el primer minuto. Empero, a falta de dos minutos para el final del encuentro, Hugo Ventura emparejó la cuenta a dos. No había otra: los penales definirían al campeón. Firpo empezó con la ruleta desde los doce pasos vía Miguel Seminario, quien se cuadró frente a la pelota y terminó errando su disparo -esa fue la última presencia del atacante peruano con el elenco pampero, ya que meses después fichó por el Macará de Ecuador-, mientras que el rival concretó y se puso adelante en la definición. En el segundo penal, Firpo encontró la tranquilidad, ya que Quintanilla falló para el Cojutepeque. Luego, el turno fue para Martín Duffoó, quien con un disparo rasante venció el pórtico de Vargas. Chamagua ataja el penal decisivo y le da el primer título de su historia a Firpo (Recorte: laprensagrafica.com.sv) Sin embargo, ‘Kiko’ Henríquez perdió el cuarto penal y la balanza volvió a inclinarse en contra de sus intereses. En ese punto, si Percival Piggot convertía el siguiente disparo, el título les correspondería a los choriceros del Cojutepeque. Empero, Firpo agradeció a Piggot y a Ventura, quienes fallaron el quinto y sexto penal, respectivamente, así como también a Cárcamo Batres, quien una vez más fue providencial: convirtió el penal decisivo y le otorgó a su equipo el primer título dentro de su palmarés. Los protagonistas de aquella final -recuerdan los salvadoreños- fueron el arquero Raúl Chamagua y José María Batres. Sin embargo, un trabajo anónimo pero incansable fue el que desplegaron los peruanos en aquel histórico día. Juntos nuevamente en un título; el primero que se escribió en la historia del Firpo. Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com http://dechalaca.com/ http://www.alllatino.net/index.php/8308/