No están lejos los días en que el por entonces flamante presidente Chávez afirmaba que ir de cumbre en cumbre no ayudaba a resolver los dilemas de la pobreza. Hoy, en cambio, no se pela ninguna. Las dos que nos ocupan –y una misión de la OEA a Honduras– son un fiel reflejo de la crisis que afecta el sistema interamericano. En Guadalajara se reunieron los presidentes de EEUU, México y Canadá, países miembros del tratado de libre comercio de Norteamérica (NAFTA), que se juntan en medio de roces importantes en temas de comercio e inmigración. La segunda cumbre fue la de UNASUR, organización creada informalmente en 2004 bajo los auspicios de Brasil como Comunidad Suramericana de Naciones y formalmente en 2008 como Unión de Naciones de América del Sur, precisamente con la idea de crear un contrapeso suramericano al NAFTA. Entre tanto, una misión de la OEA todavía discute cuándo va a visitar Honduras para adelantar conversaciones que permitan reponer en el poder al derrocado presidente Zelaya. Las tres reuniones, dos formales y una informal todavía por ocurrir, tuvieron o tienen que afrontar varias papas calientes.
En Guadalajara los tres países de Norteamérica lidiaron con la oleada de violencia en México como consecuencia de las guerras intestinas entre bandas criminales que amenaza con desbordar la frontera del Río Grande, una vez que ya ha contaminado a toda Centroamérica y los asuntos migratorios que aquejan a los tres países. Tan sensible es el tema que recientemente Canadá comenzó a exigir visados a los residentes mexicanos, acción reciprocada por México al imponer visas… a los diplomáticos canadienses La Iniciativa de Mérida, que busca fortalecer la capacidad de los organismos de seguridad aztecas ha sido postergada por el Senado estadounidense por las continuas violaciones de derechos humanos en el combate contra el narcotráfico, como consecuencia de haber involucrado masivamente al ejército en labores típicamente policiales. Finalmente, los transportistas mexicanos acordaron demandar a EEUU al no permitírseles entrar a descargar mercancía, lo que forma parte de los acuerdos de NAFTA. En suma, lo que ha trascendido en Guadalajara es el disenso. Apenas se lograron acuerdos sobre la gripe aviar yel narcotráfico.
En Ecuador, la reunión de UNASUR tuvo dos agendas. Una giró en torno a asuntos como el comercio, acciones comunes contra el narcotráfico y otros temas. La agenda paralela, sin embargo, fue mucho más importante y tuvo como eje la expansión de las bases militares estadounidenses en Colombia. El gran ausente y paradójicamente el principal protagonista fue Colombia, país que declinó participar argumentando –no sin razón –que dado que la reunión se realizó en Ecuador bajo la presidencia del presidente Correa, no existían garantías de neutralidad pues las relaciones con este país siguen rotas. A pesar de la ofensiva de Venezuela, Bolivia y el propio Ecuador, no prosperaron los intentos de aprobar una condena al establecimiento de bases americanas adicionales en Colombia una vez que Ecuador decidiera unilateralmente el cierre de la base en Manta. Apenas se aprobó una propuesta de Brasil de pedirle una reunión a EEUU para dialogar sobre el asunto. A pesar de la actitud desafiante del presidente Chávez, no deja de sonar, como en off, la musiquita de los cohetes vendidos por Suecia a Venezuela y decomisados por el ejército colombiano en un campamento de la FARC.
Finalmente, en la OEA se mantiene el tira y encoje sobre cuándo una comisión de su seno asistirá a Honduras. El gobierno de facto inicialmente vetó la presencia del Secretario General debido a su falta de neutralidad, pero luego cambió de opinión. El propósito es destrabar las negociaciones entre las dos partes del contencioso hondureño una vez fracasada la mediación del presidente Arias con ambos lados del conflicto. Zelaya, por su parte, después del show fronterizo, se ha dedicado a saltar de un país a otro en un esfuerzo por mantener el tema hondureño en los titulares internacionales ya que internamente pareciera que avanza la consolidación del gobierno interino. Aunque el sistema interamericano mantiene un sólido apoyo a Zelaya, a este último no le ha ido tan bien. En su reciente visita a México debió abandonar el país sin que se le permitiera una declaración final a la prensa por haber mencionado la soga en casa del ahorcado: refiriéndose a López Obrador, el candidato perdedor frente a Calderón –su anfitrión –llegó a decir que su ausencia se hacía sentir. Por su parte, con la misión de cancilleres, la OEA intenta reflotar su prestigio, bastante erosionado luego de la pifia de su secretario general en la crisis hondureña.
En fin, que pocas veces se ha visto al continente en su conjunto sometido a tantos desencuentros. Y eso que, con la excepción de EEUU, México y en menor grado Venezuela, el continente americano no ha salido tan malparado en la actual crisis económica.










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