Al día de hoy van cinco meses de tira y encoje en Honduras. Como en una buena telenovela, la tensión dramática se ha mantenido elevada, para bien del lado zelayista del conflicto. Primero, la condena internacional unánime que condujo a la expulsión del país de la OEA. Luego el intento de mediación fallido de Oscar Arias. Posteriormente la aparición repentina del depuesto presidente en la embajada brasileña y finalmente la segunda negociación, que aparentemente decretó el derrumbe de Zelaya en su intento de ser repuesto dignamente en su cargo. Esa puntada final –todavía nadie se explica porqué Zelaya accedió a firmar el acuerdo sin suficientes garantías –le permitió a EEUU cambiar de opinión en torno al reconocimiento de las elecciones.
A pocos días de las elecciones previstas para el 29 de noviembre, ¿cómo se plantean las cosas? Un resumen apretado muestra lo siguiente: 1) el zelayismo llega bastante debilitado pero cuenta con dos elementos a su favor, que pueden afectar el juego bien sea en el corto o en el mediano plazo: por una parte, una sensación de quiebre, de rasgadura en torno a las posibilidades de la rígida y desprestigiada democracia hondureña de resolver los acuciantes problemas (sociales y económicos) que aquejan al país. No olvidemos que Honduras es, después de Haití, el segundo país más pobre del continente. Por otra parte, un apoyo casi total de la comunidad interamericana. Ha sufrido un severo revés con el apoyo de EEUU al resultado de las elecciones, pero cuenta con un soporte casi unánime en América Latina. 2) Hay, no obstante, fatiga sobre el conflicto. Fatiga interna, que podría favorecer la apuesta electoral y fatiga externa, en torno a lo que cada vez parece más una quimera: la reposición del presidente Zelaya en el poder. 3) Aunque las elecciones han sido rechazadas por países muy influyentes, como Brasil y Argentina, por no hablar del bloque bolivariano, son hoy por hoy el centro de la atención. Con estos elementos en mente, hay tres escenarios posibles, que van a depender principalmente del nivel de abstención que ocurra en las elecciones del 29. En Honduras el grado de abstención ha sido bastante elevado (alrededor de 54% en las últimas elecciones presidenciales), si lo comparamos con Nicaragua, en donde votó en las últimas elecciones presidenciales cerca del 80%.
Escenario Suspiro de Alivio: En este escenario la abstención oscila entre 54% y menos del 50%, con lo cual el presidente que resulte electo puede cacarear su triunfo como perfectamente legítimo. Se ha argumentado el ventajismo de la élite política actual para imponer sus opciones, pero eso pasa en Venezuela en cada elección y nadie en la comunidad interamericana protesta. Si le queda al ganador un rapto de pragmatismo, se dedicará a rehacer el tejido de la convivencia y enarbolará una política de apertura, llamando incluso a que el presidente Zelaya presida el cambio de gobierno. En esta situación otros países distintos a Panamá acompañaran a EEUU en el reconocimiento de las elecciones. Candidatos obvios: Canadá, Colombia, Perú y quizás y sólo quizás, México. No se producirían grandes trastornos ni disturbios del orden porque se tendría la sensación de que se ha salido del atolladero. Ganadores: la élite política actual, EEUU. Perdedores: el zelayismo, las posibilidades de cambio de la rígida democracia hondureña y el chavismo y sus aliados continentales.
Escenario Amárrense los Pantalones: En este segundo escenario la abstención ronda el 65 o 70%. La sensación de fraude e ilegitimidad crece, se acrecienta la convicción de que la democracia hondureña fracasó, aumenta la conflictividad social, Zelaya se convierte en un héroe de la resistencia y los hechos de violencia que se han hecho presentes en los dos últimos meses aumentan. Países vecinos como Nicaragua y el resto del ALBA llaman a desconocer el gobierno electo, la OEA desconoce los resultados, países como Colombia se abstienen y los EEUU llaman a una nueva negociación. Ganadores: Zelaya y la resistencia, Chávez y el ALBA. Perdedores: Los partidos tradicionales hondureños y EEUU.
Escenario ni Fu ni Fa: En este tercer escenario, la abstención es mayor que en ocasiones anteriores pero no tan importante como para deslegitimar su resultado por completo. El presidente electo juega la carta de la continuidad, la OEA sigue sin poder decidir algo que destrabe el juego, EEUU se tira en el piso por las elecciones con el apoyo solitario de Panamá, buena parte de la comunidad internacional mantiene suspendido el apoyo económico, el zelayismo se mantiene vivo como factor político en torno a la figura de Zelaya, pero sin demasiado impacto en términos de movilizaciones. Es decir, no cambian mucho las cosas a como están hoy en día, se mantiene la inercia y se profundiza la crisis social. Ganadores: Nadie. Perdedores: todos.
Hagan sus apuestas, señoras y señores.










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