Leonardo Vivas

La revolución traicionada

La revolución traicionada

Hace casi un siglo, cuando el socialismo era todavía un promesa y no se había convertido en sociedad opresora, Vladimir Ilich Lenin pergeñó una de sus célebres proclamas: Socialismo = Electricidad + Soviets. Esa imagen expresaba una de las pocas verdades que la idea de socialismo conlleva: generar energía para garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas y llevar luz a los hogares de los más necesitados. Pues bien, ese eslabón esencial del ABC del socialismo se ha visto burlado por esta revolución de comiquita. Y que no se diga que no sabían. Como prueba un botón: Jorge Giordani, el ministro que más ha calentado asiento en estos diez años se formó en el CENDES (Centro de Estudios del Desarrollo, UCV) y allí dictaba un curso de…. Planificación. Además hizo un doctorado en un famoso Instituto de Desarrollo en Inglaterra (Institute for Development Studies, en la Universidad de Sussex). Como dato curioso Giordani hizo su tesis sobre Kalecki, el famoso economista polaco que, junto con economistas occidentales, aplicó a Polonia y demás países de la órbita soviética sus conocimientos sobre el crecimiento en una economía socialista por contraposición a una capitalista. Una conclusión obvia: eso exigía una fuerte dosis de planificación. De Giordani se dice que no terminó su doctorado y quizás a ello se deban sus babiecadas al frente de Cordiplán. Pero al margen de eso, Kalecki ha sido traicionado por su pupilo latinoamericano y la planificación –y con ella el propio Lenin– han sido echados al cesto de la basura. Por estos días se ha repetido hasta la saciedad cómo el gobierno revolucionario se negó a llevar a cabo las inversiones que el propio Kalecki habría aconsejado para aumentar la generación hidroeléctrica Caroní arriba. También se dejó de llevar a cabo el mantenimiento de las plantas termoeléctricas de Tacoa y Plantacentro, las cuales alivian la presión de la demanda sobre la electricidad que se genera en Guri. Al final los venezolanos de todas las clases sociales pagamos los platos rotos y nos calamos los apagones.
En cuanto a política económica, buena parte de los economistas venezolanos y algunos extranjeros –incluyendo afectos al gobierno– han advertido sobre las distorsiones que una política de control de cambio permanente acarrea para una economía tan vorazmente importadora como la venezolana. Surgida con posterioridad a la coyuntura crítica de los años 2002 y 2003, el control de las divisas se hizo ley, manteniéndose con el correr de los años como un medio de ejercer control –y a veces coacción –sobre los agentes económicos. De modo que tarde o temprano una devaluación era inevitable dada la discrepancia entre el cambio oficial y el paralelo y una inflación que se ha mantenido alrededor de 30% durante los últimos años. Y no se diga nada sobre la minicrisis bancaria que ha llevado al cierre a unas 10 entidades medianas. Dadas las tasas de interés negativas y la caída en el ingreso petrolero, amén del manejo abusivo de los recursos de los ahorristas para especulaciones con operaciones de compra y venta de bonos, notas estructuradas y pare de contar, eso también se podía prever. De modo que en asuntos de planificación económica el gobierno también raspó.
¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe, pero la escasez, la subida de precios, los apagones y la falta de agua producto de una falta de planificación absoluta están comenzando a hervirles la sangre a los venezolanos. El presidente ha perdido popularidad y para un régimen que lo apuesta todo a la buena gracia de su líder con los electores eso puede ser muy grave. No obstante, donde el gobierno sí da muestras de planificar es en el escenario político. La crisis bancaria, que puso al desnudo el mundo avieso de la Boliburguesía, fue convertida en un símbolo de la lucha contra la corrupción. Pero es más difícil convertir apagones, escasez y alza de precios en una victoria política. Se podrá nacionalizar Éxito pero eso no llena el bolsillo de los venezolanos ni le trae luz a sus hogares. Por eso el gobierno apela ahora a la provocación, que es su especialidad. Impedir la transmisión de RCTVI por el cable ha sido la manera de polarizar una vez más. La reacción de los estudiantes no se ha hecho esperar y ya hubo dos víctimas de esa política en la ciudad de Mérida. Con ello el gobierno busca acorralar a sus opositores, caracterizarlos como desestabilizadores y presentarse como defensor del orden. Ya veremos cuán efectiva será su planificación política en los meses que restan hasta las elecciones legislativas para impedir que el descontento se materialice en el momento del voto. Pero hagan lo que hagan no podrán esconder el desastre de la planificación del desarrollo y sus consecuencias sobre el ciudadano común, chavista o no chavista.