Atrás quedaron los días de esquiar con el sándwich en el bolsillo. En el sureste de Francia hay un lugar donde se esquía para comer y no se come para esquiar. Tampoco hay que congelarse. Nada de plásticos sobre las piernas cada vez que uno toma un lift o andar bajando la montaña como un ladrón, con la cara cubierta con una capucha, y sólo los ojos y la boca al aire. Hay que conservar el glamour, porque bien puede ser Farah Diva o Doña Letizia las que estén tomando la silla de al lado.
En Courchevel 1850 uno baja directo de la pista a las 4 de la tarde y después de un aperitivo viendo la puesta de sol, hace shopping, se echa un chapuzón en una piscina climatizada o se da un masaje relajante en un spa, casi tan bello como el paisaje de los Alpes Franceses. Después de cenar en un restaurante dos estrellas Michelin, se va a un piano bar, pero no hasta muy tarde porque lo más probable es que el día siguiente sea espléndido. Definitivamente Courchevel es una experiencia para quienes aman los placeres de la vida.
Cómollegar
Llegar es una travesía larga pero espectacular. La mejor manera es volar a París y tomar el tren de gran velocidad o TGV y en cuatro horas, atravesando un paisaje bellísimo, se llega a la estación de Moutiers-Salins. Desde allí es solo una media hora en carro y voi-là, se llega al conjunto “esquiable” más grande del mundo.
A partir de una altura de mil ochocientos cincuenta metros, junto con las estaciones Meribel y Val Thorens, compone el conjunto Los Tres Valles, Les Trois Valleés. Tiene 330 pistas que abarcan unos 600 Km., de modo que se puede esquiar durante más de tres días sin repetir una sola pista. Cuando el clima está más cálido se puede ir al Valle de Val Thorens, donde la cima más alta se acerca a los 4000 mts.
Dónde quedarse
Dónde quedarse es un tema importante. La estación de 1850 cuenta con hoteles de lujo como Le Byblos des Neiges, Les Airelles, Le Lana, Le Chabichou y otros. Estos no sólo ofrecen acceso a las pistas esquiando, sino que además cuentan con piscina, sauna, spa, servicio de navette o camioneta, para trasladarse por el pueblo, y alquiler de ski, entre otras cosas. Los restaurantes de cada uno de ellos son verdaderamente excelentes.
Si busca algo un poco más sencillo, el Hotel de La Loze está muy bien situado y es muy bueno. La Sivolière es un lugar elegante pero de menor perfil, cabe destacar que su restaurante es un clásico y que el hotel siempre fue el favorito del Rey de España en las ocasiones que visitó la estación.
Si no está con ánimos de pasar las vacaciones en un hotel, Courchevel cuenta con varias opciones para alquiler. Desde estudios hasta chalets de lujo, Courchevel Agence le conseguirá un lugar que se ajuste a su presupuesto, sus necesidades y que generalmente viene con personal de limpieza incluido, de manera que usted no debe molestarse por nada.
Qué Hacer
Al llegar lo primordial es alquilar el equipo y sacar el pase, forfait. Lo primero se puede hacer en diferentes locales que están por todo el pueblo y, por supuesto, dentro de los mejores hoteles. Ski Service y Bernard Charvin son muy buenos; Bernard Orcel, en la calle principal del pueblo, ofrece un servicio personalizado y además una tienda con ropa de ski elegante y muy a la moda.
Estas tiendas siempre ofrecen lo último en tecnología para el deporte de la nieve y las mejores marcas como Nórdica y Salomón. Las atienden personal calificado que le proporcionan el equipo acorde con su nivel de experticia y sus gustos personales. No sólo hay esquís de montaña sino también ofrecen mono ski, mini ski, snowboard, ski de fond y raquetas, para aquellos que prefieren un deporte más tranquilo.
El forfait se compra en La Croissette o La Plaza Bolívar, como la han bautizado los venezolanos que llevan mucho tiempo visitando la estación. Allí se compra el pase que puede ser por medio día, varios días, semanas o toda la estación. Es importante asesorarse antes de comprar. A partir de este año la estación estará ofreciendo el pase, mains libres, que le permitirá acceder a los teleféricos o telearrastres sin necesidad de sacar el ticket, reduciendo considerablemente el tiempo de espera para subir a lo alto de la montaña.
La Comida
Aunque los fanáticos del deporte son los bienvenidos, no sería Francia si la comida no jugara un papel esencial. Los restaurantes del Alta Montaña ofrecen desde la tradicional tartiflette, hecha a base de papas y de queso Beaufort, típico de la zona, hasta un hermoso pedazo de carne de res, de pato o cochino asado por el chef sobre la chimenea.
Para los días más bellos en la cima de La Saulire (2700 mts), el pico más alto del valle de Courchevel, está Le Panoramique que ofrece, desde comida típica, hasta una sencilla omelette o entrecote y papas fritas. Mientras come se disfruta de la vista de todo el cordón de montañas de los Alpes. Si el día esta realmente despejado se puede ver a lo lejos el Mont Blanc, el pico más alto de Europa. Por supuesto, si su sueño es conquistarlo, no hace falta entrenar durante meses y congelarse en una carpa, desde Courchevel organiza su viaje y lo llevan en helicóptero. Una aventura del más allá; y si su aventura es del más acá, puede lanzarse desde La Saulire en Delta Plano o en Parapente.
Apres-Ski
Una vez terminado el día de Ski y luego de tomar un aperitivo o un té, se puede ir por el pueblo directo a un local que tiene un gran letrero de Grand Marnier. Estando en fila una vez un español dijo “¡tío son las mejores crepes de marnier del mundo, mundial!”… y no se equivocó; simplemente no hay otras como ésas, en ninguna creperie famosa, ni en Paris, ni en Alain Ducasse. Las hay de azúcar, de Grand Marnier y de Chocolate. Ya verán: todos los días harán la cola para pedirle a la familia que ha atendido el local durante más de treinta años: Une crepe s’il vous plait. Y se la darán con una gran sonrisa, porque en Courchevel la gente es muy amable y siempre van a tratar de hacerlo sentir cómodo y feliz de haber hecho el largo viaje hasta allá.
Después de la merienda se puede pasear por las tiendas del Space Diamant, justo enfrente de la creperie. Allí hay numerosos locales de lujo, un salón de te y una peluquería. Las calles de Courchevel también tienen tiendas con cosas típicas, ropa y muy cerca está la farmacia. Varios días a la semana vienen simpáticas y atractivas caravanas de buhoneros que recorren todos los pueblos de la zona.
Otro negocio que vale la pena visitar es Chez ma Cuisine. Es también negocio familiar y atendido por la misma gente durante años, se consiguen los mejores quesos y fiambres, además de hongos secos, aceitunas y otras delicatesses artesanales. Después de haber atendido a los turistas durante años estarán más que felices de empacar su compra al vacío. Eso sí, no se responsabilizan por la aduana al regreso. ¡Eso queda de parte suya!
Otro lugar que vale la pena visitar es Le Forum; un centro comercial de tres pisos donde encontrará un bowling, un cyber café, una pared para escalar, tiendas de ropa, chocolatería, supermercado, accesorios para esquiar y la conocida L’Occitane para consentir la piel maltratada por el frío y el sol. También allí se encuentra la pista de patinaje, donde hay espectáculos durante la temporada y se pueden alquilar patines para intentar dar vueltas al mejor estilo de Víctor Prentrenko.
La Noche
Sería imperdonable no salir a comer varias veces estando en Courchevel 1850. No es sólo comida típica y de bistrot lo que se consigue en la estación. Hay locales de pescado, de carnes, italiano y de pizzas. Entre las opciones más recomendables esta La Fromagerie, un estupendo local para disfrutar de la raclette: un plato típico de los Alpes, de un queso especial que se pone al calor de una lámpara, y se derrite para que luego usted lo pose sobre una papa horneada, con jamón serrano, viandas de la región, pepinillos y cebollitas, todo un manjar.
Otra buena recomendación es Le Grand Café, con comida asiática que tampoco existe en otro lugar. Los platos no son sólo creativos sino suculentos y la decoración es preciosa: otro local que sin duda va a repetir. Para un menú fino y típico está La Saulire, en pleno Courchevel 1850, su dueño ofrece una carta excelente un poco más cara pero que vale la pena probar.
Por último Le Chabichou y Le Bateau Ivre se esfuerzan cada año por mantener sus dos estrellas Michelin y luchan por la tercera. Como comensal lo va a notar. La conocida guía no da treguas por la altitud. La decoración, la comida, el servicio y los vinos están a la altura de los mejores de Paris. Para quien es buen diente y conocedor de la gastronomía de alta gama, va a ser difícil recordar lugares que superen estos dos locales. Ambos forman parte de hoteles de lujo y hacen de Courchevel un lugar único en el mundo.
Al salir de comer si quiere escuchar una música tranquila, Le Grenier, a las puertas del pueblo, es perfecto para tomar un pousse café y escuchar jazz o piano. Si está con ánimo de bailar, Les Caves de Courchevel o La Grange son los lugares para hacerlo. En Courchevel los jóvenes aprovechan tanto el día como la noche. Algunos hoteles como Le Byblos des Neiges ofrecen música en vivo y happy hours que son muy simpáticos.
Sin duda Courchevel es una estación que lo tiene todo. Cuando esté allá se va a preguntar, ¿Es posible esta maravilla a esta altura? La respuesta es SI. Disfrútelo y no se preocupe, se las va a arreglar para volver.
Para más información, direcciones y teléfonos visite http://www.courchevel.com.
Para reservaciones les recomiendo: Courchevel Agence 33 4-7908-1079