<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:admin="http://webns.net/mvcb/"
    xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/">

    <channel>
    
    <title>Moises_Naim</title>
    <link>http://www.alllatino.net/index.php</link>
    <description></description>
    <dc:language>en</dc:language>
    <dc:creator>leonardo_vivas@harvard.edu</dc:creator>
    <dc:rights>Copyright 2011</dc:rights>
    <dc:date>2011-01-24T15:05:00-05:00</dc:date>
    <admin:generatorAgent rdf:resource="http://expressionengine.com/" />
    

    <item>
      <title>Raúl Castro y Otmar Issing</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/raul_castro_y_otmar_issing/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/raul_castro_y_otmar_issing/#When:14:05:00Z</guid>
      <description>Raúl Castro y Otmar Issing
Raúl Castro y Otmar Issing no podrían ser más distintos. El primero es un militar caribeño y el segundo un economista europeo. Castro es uno de los padres fundadores del régimen comunista de Cuba e Issing es uno de los padres del euro. Mientras que Castro luchaba por exportar la revolución cubana, Issing trabajaba por la integración de Europa y es uno de los arquitectos del sistema monetario europeo. Castro está por cumplir 80 años e Issing tiene 75. No sé si se conocen, o si alguna vez hayan hablado, pero lo dudo.


A pesar de que no tienen nada en común, recientemente ambos sorprendieron al mundo con estridentes declaraciones acerca del inminente fracaso de los muy distintos proyectos a los cuales dedicaron sus vidas. La sorpresa no termina allí. Una aún mayor es que a pesar de las inmensas diferencias entre Cuba y Europa ambos recetan la misma medicina para evitar el colapso de su proyecto.


&#8220;O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos&#8221;, dijo el presidente Raúl Castro en un importante discurso a finales del año pasado. &#8220;Mi conclusión a comienzos del 2011 es sombría. Aún no hemos llegado a la hora de la verdad para el sistema monetario europeo. Solamente ha sido pospuesta&#8221;, escribió Otmar Issing en esos mismos días. Según él, si los países europeos no hacen profundos cambios, el euro no sobrevivirá. Y a buen entendedor, pocas palabras: el fracaso del euro sería un devastador golpe para el proceso de integración europeo. El artículo de Issing tuvo un gran impacto debido a las credenciales de su autor, quien fuera miembro tanto del directorio del Banco Central de Alemania como del Banco Central Europeo, donde también fungió como su economista principal. Issing enfatiza que las transferencias financieras de los que llama &#8220;países disciplinados&#8221; a los que no lo son crean tensiones políticas que amenazan el futuro de la Unión Europea. Un modelo en el cual los países viven (y gastan) más allá de sus posibilidades es insostenible y está condenado al fracaso, reitera Issing.


A esa misma conclusión llegó el presidente cubano. Por tanto, en su reciente discurso anunció que a partir del 2011 &#8220;se irán introduciendo cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano&#8221;. Y Castro tiene ideas muy claras acerca de lo que esto significa: cortar el gasto público, reducir los subsidios, flexibilizar el mercado laboral, disminuir el número de empleados públicos, aumentar la productividad, la producción y las exportaciones, disminuir restricciones a la actividad económica y promover las inversiones extranjeras. Issing no podría estar más de acuerdo. De hecho, esto mismo es lo que él recomienda para Europa.


Otro aspecto en el cual ambos coinciden es en que estas reformas son políticamente difíciles y que encontrarán mucha oposición. Anticipando las resistencias, Castro aclaró en su discurso cuál es su posición a quienes se opongan a los cambios: cualquier funcionario que &#8220;no esté convencido de nuestro programa de Gobierno, que renuncie&#8221;, dijo Castro. También insistió en la imperante necesidad de &#8220;cambiar la mentalidad de los cubanos y de la dirigencia ante los nuevos escenarios económicos que vienen&#8221;.


El presidente echó mano de ejemplos para ilustrar la necesidad de los cambios: &#8220;el pueblo vietnamita nos solicitó que le enseñáramos a sembrar café, y allá fuimos; se le enseñó, se le trasladó nuestra experiencia. Hoy Vietnam es el segundo exportador de café del mundo. Y un funcionario vietnamita le decía a su colega cubano: &#8216;¿Cómo es posible que ustedes que nos enseñaron a sembrar café, ahora nos estén comprando café?&#8217; No sé qué le habrá contestado el cubano. Seguro que le dijo: &#8216;El bloqueo&#8221;. Oír a Raúl Castro ironizando sobre el uso del bloqueo como excusa para justificar el fracaso económico cubano es, por decir lo menos, una ironía. Otra ironía es oírle decir que sus reformas no implican que haya dudas sobre la validez de la ideología del régimen: &#8220;Las medidas que estamos aplicando están dirigidas a preservar el socialismo, fortalecerlo y hacerlo verdaderamente irrevocable&#8221;.


Recientemente, Fidel Castro escribió: &#8220;[En Cuba] nunca hemos escogido la ilegalidad, la mentira, la demagogia, el engaño al pueblo, la simulación, la hipocresía, el oportunismo, el soborno, la ausencia total de ética, los abusos de poder, incluso el crimen y las torturas repugnantes&#8221;. Esta afirmación es tan creíble como la de Raúl cuando aclara que las reformas que está implementando no significan realmente ningún cambio ideológico en Cuba.


En todo caso, no sería malo que Raúl Castro converse con Otmar Issing. Después de todo, parece tener más ideas en común con él que con Fidel.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2011-01-24T14:05:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Cinco cadáveres políticos del 2011</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/cinco_cadaveres_politicos_del_2011/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/cinco_cadaveres_politicos_del_2011/#When:14:07:00Z</guid>
      <description>Hosni Mubarak tiene 81 años y ha sido presidente de Egipto desde 1981. Fidel Castro ha cumplido 85 y durante medio siglo ejerció el poder supremo de Cuba. A sus 83 años, el rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, es el jefe de Estado más longevo: comenzó en 1946. Abdalá ibn Abdulaziz, el rey de Arabia Saudí, ya sobrepasa los 86 años. El &#8220;Líder Supremo&#8221; que también se hace llamar &#8220;El Querido Líder&#8221;, &#8220;Nuestro Padre&#8221;, &#8220;El General&#8221; y &#8220;Generalísimo&#8221; va a cumplir 70 años y es, en realidad, el cruel tirano de Corea del Norte: Kim Jong&#45;il.


Los cinco están muy enfermos, y es probable que alguno muera en 2011. Pero aunque ello no suceda, su debilidad física se traduce en una debilidad política que obligará a sus países a pasar por complicados e impredecibles cambios en la estructura de poder. Las convulsiones políticas provocadas por estas transiciones trascenderán las fronteras de estos cinco países. Egipto es un jugador fundamental en el mundo árabe y la influencia cubana en América Latina es conocida. Lo que sucede en Arabia Saudí determina lo que usted paga por la gasolina de su coche, y un conflicto armado entre las dos Coreas tendría efectos inmediatos sobre la economía mundial. De hecho, la reciente exacerbación de la belicosidad de Corea del Norte esta íntimamente ligada al proceso de sucesión. El precario equilibrio político de Tailandia podría fácilmente saltar en pedazos con el fallecimiento de su rey, y el eventual desbordamiento de las tensiones hacia sus vecinos desestabilizaría el Sureste asiático.


A pesar de las inmensas diferencias de todo tipo &#45;culturales, económicas, geográficas, sociales&#45;, es sorprendente descubrir cuán similares son estos cinco países en cuanto a los procesos de sucesión de sus actuales líderes.


Todo queda en familia. Fidel le ha dejado el poder a su hermano Raúl. Kim Jong&#45;il ha designado como sucesor a su hijo de 26 años, Kim Jong&#45;un, quien, gracias a sus desconocidos méritos militares, acaba de ser ascendido a general de cuatro estrellas. Por ley hay que referirse a él como &#8220;Brillante Camarada&#8221;. Hosni Mubarak está haciendo lo posible para que su hijo Gamal asuma el poder. Si George H. Bush y George W. Bush fueron presidentes, se preguntan los Kim o los Mubarak, ¿por qué nosotros no? En el caso de los reyes la sucesión familiar es más obvia. Y también más complicada. El rey Abdalá designó como heredero a su hermanastro, el príncipe Sultán bin Abdulaziz. El problema es que el delfín también es octogenario. Y ha sufrido, o aún sufre, de cáncer. Allí las decisiones sucesorias se toman en un complicado y secreto proceso de negociación entre las diferentes facciones de la familia real saudí. Lo mismo ocurre en Tailandia. El hijo del rey, el príncipe Maha Vajiralongkorn (57 años) es el heredero natural. Pero mientras que su padre es venerado, el príncipe es temido e impopular. Su controvertida vida amorosa, su adoración por Fu&#45;Fu, su perro poodle que tiene rango militar y al que a veces sienta en los banquetes, y los constantes rumores sobre sus malas amistades contrastan con la admiración hacia su hermana, la princesa Sirindhorn. Uno de los escenarios posibles es que, en el lecho de muerte, el rey pueda saltarse a su hijo y designar a la princesa o a uno de sus nietos. En todo caso, lo último que necesita la atribulada Tailandia es que a las violentas confrontaciones políticas en la calle se le sumen confrontaciones en el palacio real.


Hijos, hermanos y&#8230; generales. Otro denominador común en estos cinco países es el papel determinante que desempeñan las fuerzas armadas en la selección del sucesor del líder actual. Todos estos gobiernos dependen de los militares para mantenerse en el poder. En Egipto, la falta de experiencia castrense del hijo del presidente y sus promesas de reformas económicas y políticas no le han granjeado simpatías entre los generales. Raúl Castro no solo es el hermano de Fidel, sino que durante décadas estuvo al frente de las fuerzas armadas. En Arabia Saudí, los príncipes que controlan el estamento militar o los servicios de inteligencia son los mejor situados para la sucesión, o al menos tienen una influencia determinante en el proceso de selección. En Corea del Norte, lo más probable es que quien gobierne, una vez desaparecido el &#8220;Querido Líder&#8221;, no sea su hijo el &#8220;Brillante Camarada&#8221;, sino una junta militar. En Tailandia, los generales tienen una larga tradición de golpes y de intervención en asuntos de Estado. La muerte del rey exacerbaría estas propensiones.


La edad no perdona. &#8220;No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista&#8221;, reza el viejo dicho. Los autócratas que buscan extender su mandato mas allá de su muerte, dejando en el poder a su hijo o a su hermano, violan este precepto y tratan de que haya males que duren más de cien años. En algunos casos lo lograrán. En otros, el cuerpo (es decir, la sociedad) no lo aguantará. Ya lo veremos en 2011.


Feliz año. Regreso en enero.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-12-12T14:07:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Golpes: la nueva receta</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/golpes_la_nueva_receta/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/golpes_la_nueva_receta/#When:12:27:00Z</guid>
      <description>Al menos en cuanto a golpes de Estado se refiere, vivimos en un mundo mejor. Los pronunciamientos militares ya no son tan tolerados como antes y a los mandatarios que llegan al poder mediante la violencia les cuesta mucho más ser aceptados por otros países. Por eso, hasta regímenes con fuertes propensiones autoritarias hacen lo imposible por maquillar su naturaleza antidemocrática. Tienen, por ejemplo, elecciones y parlamentos que son parodias de lo que debería ser una verdadera democracia. Las acrobacias electorales de Irán o Rusia son buenos ejemplos de esta tendencia mundial. Es sorprendente cómo estos regímenes se esfuerzan por celebrar comicios a pesar de que es evidente que no están dispuestos a cederle el poder a sus opositores.


Como los golpes de Estado ahora son repudiados universalmente, no hay mayor bendición política para un gobernante que sobrevivir a un intento de derrocarlo. Esto le pasó a Hugo Chávez en Venezuela y le acaba de pasar a Rafael Correa en Ecuador. En el caso de Venezuela, los sucesos de 2002, cuando el presidente fue depuesto y 47 horas después logró retomar el poder, le dieron a Chávez una mina de oro política que le sigue aportando dividendos dentro y fuera del país. Es obvio que ningún presidente desea pasar por semejante situación y que tales intentonas merecen el rechazo que suscitan. Resulta esperanzador ver el inmediato repudio internacional que provocó el ataque contra el presidente de Ecuador. Es una advertencia contundente para quienes intenten tomar el poder por la fuerza.


Pero esta nueva realidad también tiene consecuencias inesperadas. Los beneficios políticos de sobrevivir a un golpe de Estado generan enormes incentivos para presentar toda protesta violenta como algo más grave. Por eso no es de extrañar que presidentes confrontados a disturbios callejeros, motines policiales o insubordinaciones regionales los exageren y los hagan pasar por vastas conspiraciones de sus adversarios locales y extranjeros. Así justifican la suspensión de garantías constitucionales, estados de excepción, límites a la libertad de prensa, violaciones a los derechos humanos y civiles de adversarios políticos y la criminalización de la oposición. Esto no quiere decir que los dirigentes que intentan profundas transformaciones de su sociedad no generen reacciones de radicales que están dispuestos a asesinarlos o a sacarles del poder como sea. O que otros países no confabulen con políticos locales para derrocar al gobernante de turno. Todo eso sigue pasando. Pero cuando los gobiernos utilizan esta narrativa para legitimar sus abusos, el escepticismo es tan sano y deseable como el repudio automático de las intentonas golpistas.


El caso del golpe contra Chávez es aleccionador y tiene implicaciones que van más allá de lo que sucedió en ese país. Brian Nelson es un periodista estadounidense que se fue a vivir a Venezuela porque, según él mismo escribe, era un &#8220;devoto admirador de Chávez&#8221;. Nelson es el autor de El silencio y el escorpión, un libro sobre los sucesos de 2002. El texto ha sido aclamado por la crítica y The Economist lo escogió como uno de los mejores libros del año, calificándolo de &#8220;escrupulosamente objetivo&#8221;. No hay duda de que nadie ha investigado tan a fondo como Nelson lo que allí sucedió.


Cabe notar que el libro es repudiado por los simpatizantes del Gobierno venezolano. Esto no es de sorprender, ya que Nelson encontró que la breve salida de Chávez del poder no obedeció a un golpe de Estado premeditado, que no había una amplia conspiración para derrocar al presidente bolivariano, que no hubo intentos de magnicidio, que EE UU no estuvo involucrado y que las milicias armadas controladas por Chávez fueron las principales causantes de las muertes que ocurrieron ese día. Todo esto choca con la versión que tantos beneficios le ha dado al presidente venezolano, y que no surgió por azar: Nelson documenta cómo, a los pocos días de los disturbios, el Gobierno puso en marcha una intensa operación para reescribir la historia &#8220;del golpe contra Chávez&#8221;. Se destruyeron pruebas de los asesinatos, se bloquearon procesos judiciales, se suspendieron los debates en la Asamblea Nacional, se compraron algunos testimonios y se silenciaron otros. Y se financió una amplia campaña internacional de documentales, conferencias, artículos periodísticos y propaganda que nutrió la legitimidad de Chávez; y le dio más poder. Aún no sabemos qué ha pasado en Ecuador. Para algunos fue un motín de policías que protestaron contra la pérdida de privilegios. Para Correa, lo que sucedió es producto de una amplia conspiración que va a requerir contundentes respuestas de su Gobierno. Puede ser. Pero hemos aprendido que, en casos como estos, el escepticismo protege mejor la democracia que el apoyo incondicional a las respuestas contundentes de gobiernos que sobreviven a intentonas violentas.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-10-03T12:27:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Obama y sus enemigos</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/obama_y_sus_enemigos/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/obama_y_sus_enemigos/#When:12:50:00Z</guid>
      <description>&#8220;Días de perros para Obama&#8221;, &#8220;Los demócratas de Obama afrontan un inminente colapso electoral a todos los niveles&#8221;. &#8220;Se desploma la popularidad de Obama&#8221;. Esta es una muestra de titulares comunes en estos días. Todo el mundo parece estar bravo con Barack Obama. Hasta Desmond Tutu, el benevolente arzobispo sudafricano, publicó un artículo criticando ferozmente al presidente. ¿Por qué? Pues porque el gobierno estadounidense redujo los fondos para la lucha contra el sida en África. &#8220;La Cámara de Comercio pierde sus batallas contra Obama&#8221;, tituló The Washington Post, informándonos de que este poderoso lobby empresarial viene gastando tres millones de dólares a la semana en campañas diseñadas para hacer descarrilar las iniciativas del presidente. Los jefes de la Cámara de Comercio están furiosos porque sus esfuerzos no han dado resultados, cosa que no les suele suceder. Pero no son solo los empresarios: &#8220;Para el movimiento laboral estadounidense, el primer año de la presidencia de Obama ha sido un completo desastre&#8221;, afirmó un dirigente sindical también en el Washington Post. Su queja es la misma: Obama no hace lo que ellos quieren. Igual pasa con las élites de Wall Street. &#8220;Los titanes financieros de Nueva York se sienten marginados. Obama los ha remplazado&#8221;, reza otro titular. Los fondos para las campañas electorales se obtenían a través de donaciones recogidas en cenas en los fastuosos apartamentos de los magnates financieros con la presencia del presidente. Obama ya no asiste y mantiene los banqueros a distancia. &#8220;Algunos de los donantes se quejan de que Obama no solo les ha negado cargos de influencia en su Gobierno sino que además ya ni siquiera los invita a las recepciones y cenas en la Casa Blanca&#8221;, explicaba el mismo artículo. Y así sucesivamente. Los militares están molestos porque, por primera vez, sufren fuertes recortes presupuestarios; los ecologistas están furiosos porque Obama no apoya sus exigencias con respecto a leyes más restrictivas; la industria petrolera, porque les ha impuesto severas regulaciones ambientales; el lobby judío, porque Obama está presionando al Gobierno israelí para que le haga concesiones a los palestinos; las industrias farmacéutica y hospitalaria no le perdonan la reforma a la sanidad, y los bancos siguen indignados con las nuevas reglas que les ha impuesto. Y no olvidemos a los 15 millones de estadounidenses desempleados. Afortunadamente, Michelle Obama y sus dos hijas parecen seguir queriendo al presidente.


¿Qué pasó? ¿Cómo pudo Obama transformarse de un político que inspiró al mundo entero en un presidente que es rutinariamente acusado de no saber comunicarse con su país y de mantener una irritante distancia con las masas que hasta hace poco lo adoraban? Es obvio que el presidente y su equipo han cometido errores. Pero esto no es lo que más cuenta. Lo más importante es el profundo malestar económico que existe. A la gente ni le importa, ni parece recordar, que Obama heredó una catástrofe y que, mal que bien, ha evitado un colapso económico. Lo que saben es que no consiguen trabajo o que sienten que su futuro económico es amenazante. Según una encuesta de Gallup, solo el 4% de los estadounidenses incluyen las guerras o el terrorismo entre sus principales preocupaciones. En cambio, el 66% declara que la economía es su mayor preocupación. Otra encuesta (de la CBS) revela que solo 13% los estadounidenses creen que los programas económicos de Obama les han ayudado, mientras que el 63% opina que no han tenido efecto alguno, lo cual es una impresión patentemente errónea.


Estas percepciones negativas sobre Obama han sido potenciadas por campañas de sus adversarios. Obama ha tocado muchos y muy poderosos intereses. Las reformas prometidas por Obama fueron demandadas hasta que las llevó a cabo. Naturalmente, los afectados se movilizaron para impedir como fuese los cambios. Por ejemplo: hay pruebas irrefutables de que Obama nació en Hawái y es cristiano. Pero el 27% de los estadounidenses aún creen que no nació en su país, y el 18% que es musulmán. Estos porcentajes son claramente nutridos por el malestar económico y por las campañas que buscan minar el poder de Obama.


Además, están las elecciones del 2 de noviembre, donde se juega un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes y 28 gobernaciones estatales. Todo parece indicar que el Partido Demócrata perderá la mayoría que hasta ahora ha tenido en la Cámara baja y que retendrá un precario dominio en el Senado. Gobernar el país que heredó de George W Bush ha sido muy difícil para Obama. Gobernarlo con el legado de reacciones a los indispensables cambios que él mismo ha llevado a cabo será, paradójicamente, aun más difícil.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-09-13T12:50:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Mel Gibson, Macondo y el gel vaginal</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/mel_gibson_macondo_y_el_gel_vaginal/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/mel_gibson_macondo_y_el_gel_vaginal/#When:15:24:00Z</guid>
      <description>¿Es Mel Gibson un racista empedernido, o simplemente un narcisista descontrolado? ¿Es la nueva crisis entre Venezuela y Colombia producto del temperamento de Álvaro Uribe o se debe al hecho de que Hugo Chávez cobija en su país a los asesinos de las FARC? ¿Está Penélope Cruz embarazada? ¿Se casarán Iker Casillas y Sara Carbonero? ¿Recapacitará Lindsey Lohan en la cárcel?


Mientras estos y otros temas del mismo efímero tenor se debaten hasta la saciedad en los medios de comunicación, también ocurren cosas que es fácil pasar por alto. Y que cambiarán el mundo. Estas cuatro, por ejemplo:


&#45; Geles vaginales. Un grupo de investigadores en Sudáfrica ha producido un nuevo gel microbicida de aplicación vaginal que protegerá a millones de mujeres y niñas del virus del sida. Según la revista Science, se trata del avance más importante en la lucha contra esta pandemia que ha habido en décadas. Si bien el producto &#45;basado en el antirretroviral tenofovir&#45; aún tardará algunos años en estar disponible al público, la noticia ha sido acogida con euforia en la comunidad científica, e incluso los escépticos se declaran esperanzados con el masivo impacto que tendrá el gel. &#8220;Por primera vez habrá un producto que las mujeres pueden usar para protegerse de la infección&#8221;, declaró Bruce Walker, un científico de Harvard, a The New York Times. La atención mundial al nuevo gel ha sido mucho menor de la que se le ha prestado a las andanzas de Lady Gaga.


&#45; ¡Afganistán es rico! Pobre Afganistán. Primero fue la Unión Soviética. Luego los talibanes. Después Al Qaeda, la invasión estadounidense y un conflicto armado más largo que la Segunda Guerra Mundial. Y ahora otra mala noticia: recientes estudios geológicos han encontrado que en el subsuelo de Afganistán hay inmensos y valiosísimos yacimientos minerales. Congo, Sierra Leona o Venezuela son un buen ejemplo de las letales consecuencias de ser una nación con un subsuelo rico y una democracia pobre. Las riquezas naturales apetecidas por un mundo hambriento de ellas garantizan que la estabilidad y la paz en Afganistán serán aún más difíciles de alcanzar. Esta noticia es mucho más importante que el reciente despido del general Stanley McChrystal, el jefe de las tropas de la OTAN en Afganistán debido a sus indiscretos comentarios a la revista Rolling Stone.


&#45; Macondo y BP. En 2007 Brasil descubrió 50.000 millones de barriles de petróleo en aguas profundas frente a sus costas. Extraer este petróleo es más peligroso, desde el punto de vista ecológico, que hacerlo en el golfo de México. Este yacimiento está varios kilómetros por debajo del lecho marino, cubierto por una ancha placa de sal. Es más profundo, geológicamente más complejo y está más lejos de tierra firme que la plataforma accidentada de BP. Según el Financial Times, a esa profundidad las altas temperaturas y las grandes cantidades de dióxido de carbono podrían causar graves daños a los equipos de perforación. La naturaleza esponjosa de las formaciones de sal crea, además, el riesgo de causar fisuras que impidan contener el petróleo dentro del agujero de perforación. Todo esto ha llevado a las autoridades brasileñas a frenar el desarrollo de estos yacimientos hasta no tener más claros los riesgos y controles asociados a su explotación. Y no es solo en Brasil. En todo el mundo el accidente de BP ha frenado la explotación de hidrocarburos en aguas profundas, lo cual afectará el precio que todos pagaremos por la energía. ¿Qué tiene que ver Macondo, el pueblo creado por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, con todo esto? No mucho. Solo que el lugar donde está ocurriendo la tragedia de BP se llama Macondo. Me pregunto si quienes le pusieron ese nombre al pozo sabían que corrían el riesgo de alborotar a los espíritus del realismo mágico.


&#45; Se venden más libros electrónicos que en papel. Amazon.com, la librería más grande del mundo, acaba de anunciar que en los últimos tres meses, sus clientes han comprado más libros digitales que &#8220;normales&#8221;, es decir, los impresos en papel. Esto no había pasado antes y es claramente un punto de inflexión histórico. Es posible imaginar un futuro en el cual, para los niños nacidos hoy, el libro &#8220;normal&#8221; será electrónico, y solo podrán ver y tocar un libro de papel cuando vayan a un museo a conocer las reliquias que usaban sus padres y abuelos. Esta es otra noticia que tendrá más consecuencias para la vida de todos que la mayoría de las que leemos. En papel o en Internet.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-07-25T15:24:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Alemania, 0; China, 1</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/alemania_0_china_1/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/alemania_0_china_1/#When:14:49:00Z</guid>
      <description>¿Quién se ha comportado mejor durante esta crisis económica: Angela Merkel, la canciller de Alemania, o Hu Jintao, el presidente de China? El chino.


Sé que esta afirmación resultará sorprendente. Nos hemos acostumbrado a oír que, debido a sus bajos sueldos, China presiona a la baja los salarios de sus competidores e incluso contribuye al desempleo en el resto del mundo. China también es acusada de mantener artificialmente bajo el valor de su moneda, lo que abarata aún más sus exportaciones y encarece el costo de los productos que importa. También sabemos de su autoritarismo, sus violaciones a los derechos humanos, sus constantes robos a la propiedad intelectual, su amistad con cualquier tirano dispuesto a darle acceso a materias primas, y que regímenes espantosos como los de Corea del Norte y Myanmar o los genocidas de Darfur cuentan con su apoyo.


¿En qué cabeza cabe, entonces, la defensa del Gobierno chino? He sido un duro y permanente crítico de las prácticas represivas de Pekín. Y lo sigo siendo. Pero debo reconocer que, en esta crisis, la República Popular China ha sido un actor global serio, responsable y competente. Y que Alemania lo ha sido mucho menos. Por eso hoy Hu Jintao merece loas y Angela Merkel reproches.


Millones de personas en el mundo conservan su trabajo gracias a las políticas económicas de China. Y otros varios millones en Europa y otras partes no consiguen trabajo debido a las políticas económicas de Alemania. Mientras China contribuye a generar actividad económica en otras regiones, la inacción alemana irradia presiones que la contraen.


China se ha transformado en el gran motor de la economía mundial. Cuando la segunda economía más grande del mundo crece al 10% anual levanta a muchos otros países. Gracias a China, por ejemplo, la crisis no tuvo peores consecuencias para América Latina y el resto de Asia. La economía mundial crece al 4% y China por sí sola genera el 1% de este crecimiento. En otras palabras, le debemos a China el 25% de la tasa de expansión económica del mundo.


Hu Jintao y su Gobierno reaccionaron ante la crisis con rapidez y efectividad. En 2009 aprobaron un gigantesco estímulo fiscal de 568.000 millones de dólares. Cuando vieron que en 2010 la economía mundial seguía anémica, pisaron el acelerador y aumentaron el crédito. La expansión monetaria creció un extraordinario 30% en solo dos años. Pero Pekín no solo tomó decisiones acertadas; también evitó caer en peligrosas tentaciones. En el peor momento de la crisis, en 2008, Rusia propuso a los chinos que ambos vendieran de manera coordinada y masiva su cartera de bonos de Fannie Mae y Freddie Mac, los dos gigantescos entes financieros estadounidenses. Los chinos se negaron. De haber caído en esa tentación, la crisis para el mundo hubiese sido mucho más grave.


Entretanto, en Berlín&#8230; Negación, austeridad, prudencia, confusión, lentitud y obsesión por las encuestas y la política doméstica. Alemania tiene las reservas y la fortaleza económica para ayudar a que sus vecinos salgan de su estancamiento. Pero Angela Merkel no las quiere usar. La audacia y seguridad de Hu contrastan con la cautela de Merkel. Él decide, ella duda. Y mientras, una gran parte de Europa sigue parada.


Sabemos que la conducta de las naciones no está motivada por el altruismo, sino por sus intereses. Las decisiones de Hu Jintao son tan nacionalistas como las de Angela Merkel. Pero mientras que el líder chino entendió que el bienestar de su país depende de lo que le pasa al resto del mundo, la canciller alemana parece creer que es posible aislar a su país de la catástrofe económica de sus vecinos. Es una gran ironía que la salud de la economía capitalista globalizada esté dependiendo tan críticamente de Hu Jintao, quien en 2004 aún exhortaba al Partido Comunista chino a &#8220;defender las grandes banderas del marxismo&#8221;. 


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-07-05T14:49:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>&#8220;Gaffe&#8221; afgana</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/gaffe_afgana/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/gaffe_afgana/#When:20:14:00Z</guid>
      <description>Lunes, 28 de junio de 2010


En francés, gaffe significa un error que pone a quien lo comete en una situación socialmente incomoda. Mi amigo el columnista Michael Kinsley acuñó una nueva categoría: las gaffes washingtonianas. Según él, en Washington una gaffe ocurre cuando algún poderoso se descuida y dice la verdad en público; verdades que habitualmente no expresa porque pueden perjudicar su carrera. Obviamente, esto sucede en todas partes. Más de un político ha arruinado su carrera por decir inadvertidamente en público lo que realmente piensa. Esto le acaba de pasar al general Stanley McChrystal, hasta ahora jefe de las tropas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán. 


McChrystal practicó una forma tan extrema de esta conducta que merece tener su propia categoría: la gaffe afgana. Como se sabe, el general invitó a un periodista de la revista Rolling Stone a pasar largas semanas conviviendo con él y sus principales oficiales (Sí; Rolling Stone, la de la portada con Lady Gaga en biquini y ametralladoras). El periodista Michael Hastings lo acompañó a visitar zonas de combate, a reuniones en su comando de operaciones, en momentos de esparcimiento con sus oficiales y hasta a un viaje a París. 


Allí el general fue muy preciso al explicarle a sus ayudantes lo que pensaba del ministro francés con el que estaba por reunirse (&quot;&#8230; prefiero que un cuarto lleno de gente me patee en el culo que ir a esta cena&quot;). Pero el desdén del general no es solo por los franceses. ¿Qué piensa de su comandante en jefe? Barack Obama estaba &#8220;incomodo e intimidado por los generales&#8221; cuando se reunió con el alto mando militar al inicio de su Gobierno. El vicepresidente Joe Biden: ¿Quién es ese? dice McChrystal entre carcajadas. ¿Y Richard Holbrooke, el enviado especial para Afganistán y Pakistán, cuya arrogancia y manipulaciones son legendarias? &#8220;El jefe dice que es como un animal herido&#8221;, dice uno de los asistentes de McChrystal; &#8220;&#8230; los rumores de que lo van a despedir lo hacen muy peligroso&#8221; dice. &#8220;Pero no lo van a sacar porque en la Casa Blanca temen más a un posible libro donde Holbrooke lo cuente todo que a sus constantes traspiés&#8221;. De hecho, el equipo de McChrystal (&quot;&#8230; un grupo seleccionado a dedo que incluye asesinos, espías, genios, patriotas, operadores políticos y maniáticos...&quot;) no se queda atrás en cuanto a su brutal franqueza con el periodista. ¿El jefe del Consejo Nacional de Seguridad, el general Jim Jones? &#8220;Un payaso. Se quedó en 1985&#8221;. ¿Los senadores John Kerry o John McCain? &#8220;Aparecen en Kabul, tienen una reunión con Karzai, dan una declaración en el aeropuerto y se vuelven inmediatamente para ir a los programas de televisión&#8221;. Y así sucesivamente. 


Este reportaje pasará a la historia. No por la gaffe que significó, sino como un ejemplo extremo de decisiones que equivalen a suicidarse profesionalmente. Al leerlo, el almirante Mike Mullen, el más alto jefe militar estadounidense se enfermó. Así se lo confesó al The Washington Post: &#8220;Cuando leí el artículo, literalmente, físicamente, me sentí mal. No lo podía creer&#8221;. 


McChrystal no solo perdió el cargo sino que arruinó su carrera. Es probable que ni siquiera el mismo McChrystal aun entienda bien las razones que lo llevaron a pensar que salir de farra y cometer todo tipo de indiscreciones con un reportero de Rolling Stone era una buena idea. Ya vendrá una avalancha de especulaciones sobre los determinantes psicológicos de su conducta. Pero más allá de todo el ruido y el sensacionalismo el reportaje centra los reflectores de la opinión pública en dos importantes verdades. Primera: si bien los estadounidenses se quejan de la disfuncionalidad del Gobierno de Hamid Karzai y sus efectos sobre la guerra, no es menos cierto que, en lo que Afganistán respecta, Washington es tan disfuncional como Kabul. Las divisiones, rencillas, discrepancias y hostilidades entre los miembros del equipo militar y civil a cargo de la guerra son notorios y, en muchos sentidos, McChrystal es una de las víctimas de estas divisiones. Segunda: las divisiones en Washington no son solo producto de rivalidades y envidias personales. Hay una gran confusión sobre cuál es la misión (¿contrainsurgencia o contraterrorismo?), la estrategia (pacificar al enemigo con dinero o acabarlo a balazos), quién es el enemigo (¿Al Qaeda o los talibanes?), quiénes los aliados (¿Karzai? ¿Pakistán?) y, sobre todo, ¿cuánto tiempo, vidas y dinero está Estados Unidos y sus aliados dispuestos a invertir en esta expedición? 


Quizás el consuelo que le puede quedar a McChrystal es que su suicidio profesional puede obligar a Obama a contestar estas preguntas. Las repuestas nos afectaran a todos, sin importar donde estemos. 


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-06-28T20:14:00-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>España: ¿fútbol o pimpón?</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/espana_futbol_o_pimpon/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/espana_futbol_o_pimpon/#When:13:26:01Z</guid>
      <description>En la dividida España de hoy parece haber solo dos temas en los que todos coinciden. El primero es que es muy posible que el equipo español regrese de Sudáfrica como campeón del mundo. El segundo es que es imposible que los políticos se pongan de acuerdo para darle al país un gobierno de unidad nacional para afrontar la crisis económica. No sé si la selección española ganará el Mundial de fútbol, pero sí sé que sin un gobierno basado en pactos que trasciendan los intereses circunstanciales de los partidos y de sus líderes, España entrará en un prolongado pimpón político. En este pimpón, los dos partidos mayoritarios se alternan en el poder sin llegar a contar con la suficiente fuerza como para reformar a fondo la economía ni para sostener el impulso de cambio durante el tiempo requerido.


Así, el pimpón conduce a un prolongado periodo de reformas truncadas, esfuerzos insuficientes y resultados mediocres que no logran devolverle el dinamismo a la novena economía del mundo. La anemia económica española es contagiosa y, en el interconectado mundo de hoy, su debilidad daña a todos, especialmente a Europa y a América Latina.


Por esta aterradora perspectiva resulta tan importante que los políticos españoles practiquen más el fútbol y menos el pimpón. España necesita en la política una selección nacional tan buena como la que tiene en el fútbol; los mejores jugadores deben deponer sus rivalidades y trabajar en equipo para derrotar la crisis. Sé que esto suena &#45;y es&#45; ingenuo. Por ahora.


Hace pocos días le pregunté a una amplia pero nada científica muestra de los principales líderes políticos, empresariales, intelectuales y periodísticos españoles si era posible que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo en un revitalizador programa de reformas, que fuera ejecutado con el apoyo de una gran alianza nacional de sindicatos, empresarios, la Iglesia, los medios y la sociedad civil organizada. ¡Imposible!, fue la respuesta unánime.


En las democracias es normal, y hasta saludable, que la oposición haga lo posible para reemplazar al partido que gobierna. Esto naturalmente incluye negarle el apoyo a sus iniciativas y, en el fondo, apostar por su fracaso. A su vez, el partido de gobierno hace lo posible por excluir, desprestigiar y debilitar a la oposición. Pero cuando los países entran en profundas crisis políticas o económicas lo normal puede ser suicida. Esto lo entendió España antes y mejor que otros. Los Pactos de la Moncloa, que en 1977 sellaron los acuerdos entre fuerzas políticas, sindicales y empresariales para llevar adelante un duro pero indispensable proceso de cambios, guiaron con éxito la transición política y las reformas económicas de España. También fueron un modelo para otros países.


En estos momentos no existen los incentivos en el sistema político español para la conformación de un amplio acuerdo entre partidos, sectores sociales y económicos. Muchísimo menos los hay para la búsqueda de un gobierno de unidad nacional. El Partido Popular está seguro de que tanto los problemas económicos como el desprestigio del Gobierno se van a agudizar, poniéndole así el poder en bandeja de plata. Al PP le basta con esperar. Esto lo saben el Gobierno y el PSOE, y por lo tanto están convencidos de que no hay esperanza de lograr acuerdo alguno con el PP. Y como siempre sucede en la política, las personalidades cuentan. Cuando el desdén, la desconfianza y la antipatía definen las relaciones entre los principales jugadores, es ingenuo pedirles que formen un equipo. Quizás lo puedan prometer y hasta traten de aparentarlo. Pero en la práctica no lo intentarán ni con sinceridad ni con efectividad. Esta es, en parte, la razón por la cual otros líderes sociales no han hecho mayor presión para que haya un gran acuerdo político con el que enfrentar la crisis de forma concertada.


El problema con todo esto es que sin una base política más amplia, el PP tampoco podrá llevar adelante las reformas con éxito. Y el PSOE estará esperando a que los graves problemas económicos y el desprestigio del Gobierno del PP le lleven de nuevo al poder. Y así sucesivamente. Intentar, en estos tiempos, la formación de una coalición multisectorial y multipartidista para enfrentar la crisis puede ser una ingenuidad. Pero es igualmente ingenuo suponer que la crisis se puede superar sin necesidad de cambiar la política normal. Y a medida que los problemas sociales se agraven, a los líderes políticos no les quedará más alternativa que hacer equipo con sus rivales. Es una lástima que tengamos que esperar a que las cosas se deterioren mucho más para que los políticos cambien el pimpón por el fútbol.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-06-16T13:26:01-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>La necrofilia ideológica</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/la_necrofilia_ideologica/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/la_necrofilia_ideologica/#When:14:43:01Z</guid>
      <description>La necrofilia es la atracción sexual por cadáveres. La necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles.


Como todas, esta patología tiene casos más leves, y hasta cómicos, y otros más extremos y peligrosos. Tomemos a los seguidores de Mao, por ejemplo. &#8220;El comunismo es el sistema más completo, progresivo, revolucionario y racional en la historia de la humanidad&#8230; Solo el sistema ideológico y social comunista está lleno de juventud y vitalidad&#8221;, escribía Mao Zedong en su célebre Libro Rojo. Durante más de medio siglo, la Revolución Cultural entusiasmó a millones de seguidores en todo el mundo. Ya conocemos los resultados. El Partido Comunista Chino emitió en 1981 su diagnóstico final sobre la gestión de Mao: &#8220;Cometió errores de enorme magnitud y larga duración (...) y lejos de hacer un análisis acertado de muchos problemas, confundió lo correcto con lo incorrecto y al pueblo con el enemigo. En esto se centra su tragedia&#8221;. Unos 55 millones de chinos pagaron con su vida los &#8220;errores&#8221; de Mao. En vista de todo esto, cabría suponer que el maoísmo es una ideología muerta. Pues no.


Mientras China repudia a Mao y alcanza éxitos que él jamás imaginó, en otros países siguen surgiendo políticos que se enamoran con fervor suicida del maoísmo.


En Nepal, por ejemplo, hace tan solo dos años el Partido Maoísta consiguió los votos para tener gran peso en el Parlamento y llegó a controlar temporalmente el poder. En India, a finales de 2004, se anunció la creación del Partido Comunista (maoísta) como resultado de la fusión de tres agrupaciones políticas con un objetivo común: derrocar al Gobierno. Con presencia en 20 de los 28 Estados indios y el control de zonas ricas en minerales, donde la extorsión a las empresas les brinda 300 millones de dólares al año, los maoístas se han convertido en una importante fuerza política y militar. Manmohan Singh, el primer ministro, los considera &#8220;la principal amenaza para la seguridad interna&#8221;. En Perú, Sendero Luminoso, otro movimiento maoísta que le costó a ese país decenas de miles de muertos y que se creía extinguido, ha vuelto a reaparecer de la mano de los traficantes de cocaína.


Pero no es solo el maoísmo. Hay líderes que veneran ideas económicas que ya se probaron en sus propios países, con trágicas secuelas de atraso, miseria y corrupción. En Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, por ejemplo, es sabido que los funcionarios bien formados y capaces de desempeñar su trabajo con eficiencia y honestidad son muy escasos. Sin embargo, los presidentes de esos países están enamorados de un modelo que supone la existencia de una superabundancia de empleados públicos probos y competentes. Y cada vez que nacionalizan empresas, las ponen en manos de burócratas que no tienen ni la más remota idea de cómo gestionarlas y que las acaban haciendo naufragar, alimentando el círculo de destrucción de riqueza y pobreza crónica. Su amor por las ideas muertas es más poderoso que las pruebas que les llegan a diario de cómo ese amor le está haciendo daño a su país.


La necrofilia ideológica no solo afecta a las izquierdas. También es fácil encontrarla entre los fundamentalistas del libre mercado. Ni siquiera el cataclismo económico que estamos viviendo les hace cuestionar su convicción de que los mercados son eficientes, tienden naturalmente al equilibrio y que, por ello, la intervención de los Gobiernos para estabilizar las economías es innecesaria o contraproducente. O que los bancos pueden autorregularse y no requieren de mayor control estatal o que, por sí solo, el mercado generará los incentivos necesarios para proteger el medio ambiente.


La economía no es el único terreno fértil para la necrofilia ideológica. Basta recordar a los políticos que niegan la validez de la teoría de la evolución biológica y luchan por limitar la enseñanza del darwinismo en las escuelas, o a los defensores de la mutilación genital femenina o del uso del burka para apreciar cuán esparcida e intensa es la pasión por ciertas malas ideas.


El amor es ciego y el amor por ideologías que además ayudan a mantenerse en el poder no es solo ciego, sino también muy conveniente. En el fondo, los necrófilos políticos aman más el poder que las ideas con las que manipulan a sus ingenuos seguidores.


mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-06-08T14:43:01-05:00</dc:date>
    </item>

    <item>
      <title>Lula: lo bueno, lo malo y lo feo</title>
      <link>http://www.alllatino.net/index.php/site/lula_lo_bueno_lo_malo_y_lo_feo/</link>
      <guid>http://www.alllatino.net/index.php/site/lula_lo_bueno_lo_malo_y_lo_feo/#When:11:11:01Z</guid>
      <description>La revista Time acaba de incluir a Luiz Inácio Lula da Silva entre las personas más influyentes del planeta. Ciertamente las actuaciones del presidente de Brasil han afectado la vida de millones de personas y, en el caso de sus compatriotas, muy positivamente. Pero Lula no sólo merece aplausos y admiración. También hay aspectos de su conducta que son vergonzosos. Veamos.


&#45; Lo bueno. Diez millones de brasileños se incorporaron a la clase media entre 2004 y 2008. La pobreza cayó del 46% de la población en 1990 al 26% en 2008. La desigualdad en la distribución del ingreso ha disminuido. La hiperinflación es una pesadilla que ya nadie recuerda. La deuda externa está en un envidiable 4% del PIB. Las exportaciones se multiplicaron por cinco en sólo veinte años. Y por si fuera poco, en la próxima década Brasil podría llegar a ser una importante potencia petrolera.


Gracias a su éxito y a su tamaño, Brasil es ahora una presencia indispensable en las negociaciones internacionales sobre clima, energía, comercio, finanzas, desarrollo, proliferación nuclear y demás retos que confrontan al mundo. Así, Lula ha hecho obsoleto el mal chiste según el cual Brasil era el país del futuro y seguiría siéndolo para siempre. Brasil ya ha alcanzado mucho de su potencial y no hay duda de que Lula merece un enorme reconocimiento por estos éxitos.


&#45; Lo malo. Lula es poco generoso. Debería compartir el crédito por los logros de su país con Fernando Henrique Cardoso, su predecesor en la presidencia. Lula heredó una economía reformada, políticas sociales de vanguardia y una base muy sólida para continuar profundizando la liberalización y desregulación económica que explican el actual éxito de Brasil. El gran mérito de Lula es haber mantenido, ampliado y defendido estas políticas, que contrastan con las posiciones ideológicas que mantuvo durante años. Lula lideró la oposición a las reformas que hoy le ganan el aplauso del mundo. Mientras en las cumbres revolucionarias con los Chávez, Castros y Ortegas del mundo Lula comparte con entusiasmo las loas al socialismo, en sus decisiones en Brasil éste brilla por su ausencia. Lula ha sido de los presidentes más pro&#45;mercado y pro&#45;sector privado e inversión extranjera que ha tenido Brasil. Él suele decir que sus políticas económicas de mercado sirven para construir las bases para el socialismo. Pocos le creen. Y es fácil suponer que uno de los que no se lo cree es el propio Lula.


Lamentablemente, el presidente brasileño tampoco ha podido impedir que en sus círculos más cercanos florezca la corrupción que invade los gobiernos de América Latina. Decir que esto es lo usual es tan correcto como reconocer que la lucha contra la corrupción nunca ha sido una prioridad para Lula.


&#45; Lo feo. Lula da Silva ha sido muy bueno para los brasileños y muy malo para millones de sus vecinos. Los déspotas que tienen la suerte de ser amigos del presidente brasileño y que están arruinando sus países, mientras Brasil progresa, saben que cuentan tanto con el estridente apoyo como con el silencio cómplice de Lula. Su incondicional respaldo público les aporta una valiosísima legitimidad internacional que les sirve para actuar con aún mayor impunidad dentro de sus países. Sería ingenuo esperar que Lula sea el gendarme de la democracia y los derechos humanos en la región. Pero no debería ser ingenuo esperar que quienes violan reiteradamente los derechos básicos de sus pueblos sepan que no cuentan con el tolerante silencio de Lula y su fraternal abrazo en las cumbres presidenciales. ¿No sería maravilloso que quienes son encarcelados por luchar por la democracia en otros países sepan que Lula es su aliado, y no el de sus carceleros?


La lista de las contradicciones, inconsistencias y ejemplos de la doble moral de Lula es triste y larga. Y no pasa semana sin que crezca. La última adición ha sido la de obligar a que fuese excluido de la cumbre presidencial de la Unión Europea y América Latina el nuevo presidente de Honduras, Porfirio Lobo. Según Brasil, Lobo &#45;quien ganó las elecciones sin las trampas, comunes en la región, de Hugo Chávez y Daniel Ortega&#45; no tiene las suficientes credenciales democráticas para estar en esa reunión. Esto viene del mismo presidente que explicó al mundo que Mahmud Ahmadineyad ganó las elecciones en su país limpiamente y que los miles de iraníes que protestaron en las calles se estaban portando como los díscolos hinchas de un equipo de fútbol después de que su equipo pierde. Al mismo tiempo que Lula decía esto, Ahmadineyad ordenaba la pena de muerte para algunos de los manifestantes. Feo, ¿no?


Por todo esto Lula pasará a la historia como un muy buen presidente para su pueblo y un muy mal vecino para los amantes de la libertad.

mnaim@elpais.es</description>
      <dc:subject></dc:subject>
      <dc:date>2010-05-10T11:11:01-05:00</dc:date>
    </item>

    
    </channel>
</rss>
